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Barenboim logró que no se añorara la “Aida” en escena
El impresionante conjunto de Coro, Orquesta y solistas del teatro Alla Scala de Milán, con Daniel Barenboim al frente.
«Aida» responde a un esquema teatral más bien estático (salvo los grandes movimientos de masas de las escenas colectivas la acción es acotada), y por esta razón la presentación en forma de concierto no le resta méritos, sino que por el contrario permite apreciar una enorme riqueza musical que queda a veces sepultada en la grandilocuencia de las puestas en escena. Y cuando la inteligencia que guía la versión es la de Barenboim, una batuta alcanza (si se permite la metáfora) para brindar ella misma un marco escénico, dando como resultado un dinamismo y profundidad dramática mucho mayores de los que brindan la mayoría de las producciones teatrales de esta ópera.
Efectivamente, la magia del director supo llevar desde la intimidad hasta la magnificencia a los solistas y a dos ensambles difícilmente superables, a lo largo de las 3 horas de música y drama, un drama no apoyado en el movimiento sino en el canto y el andamiaje orquestal. En el ensamble instrumental todas las secciones brillaron (en especial las maderas a las que Verdi asignó un papel tan importante en la evocación de sonoridades exóticas), y el coro mostró una potencia y ductilidad extraordinarias, con un trabajo ejemplar de coordinación y homogeneidad hasta en la última consonante.
Oksana Dyka cautivó con una voz generosa, de registro amplio y parejo, y de no haber estado atada a la partitura hubiera sido la Aida perfecta, mientras que su rival Amneris tuvo en la mezzo rusa Ekaterina Gubanova a una intérprete convincente en cada gesto y cada inflexión. El tenor Salvatore Licitra asumió con un aplomo admirable el difícil papel de Radamés, contando con medios vocales y musicales más que suficientes para salir airoso (lo confirmó la ovación recibida incluso antes del final de su aria de entrada, «Celeste Aida»). Andrzej Dobber (Amonasro), Kwangchul Youn (Ramfis), Carlo Cigni (El Rey), Antonello Ceron (el Mensajero) y Sae Kyung Rim (la Sacerdotisa) completaron un equipo de primer nivel, al que un Teatro Colón colmado como pocas veces celebró y despidió fervorosamente. Fue también la despedida por este año para el genial Barenboim, que primero con la West-Eastern Divan Orchestra y luego con los ensambles italianos acaparó la atención del medio y brindó una verdadera fiesta de música en el invierno porteño.
«Aida». Libreto: A. Ghislanzoni. Música: G. Verdi. Coro y Orquesta Estables del Teatro Alla Scala de Milán. Daniel Barenboim, director. (Teatro Colón, 31 de agosto).


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