Beto de Volder va por “Más” en su nueva muestra

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Beto de Volder inició hacia 1991 su serie de exposiciones individuales en el Centro Cultural Rojas, semillero de artistas que se iban a destacar a partir de los 90, generalmente volcados a la abstracción, que aunque renegaban de la frivolidad de esos tiempos no adherían a ningún radicalismo y parecían desinteresados del debate cultural.

Se contaban entre ellos, Marcaccio, Kacero, Siquier, Prior, Laren, Guagnini, Ballesteros, Harper, Pombo, López, cuya obra Mario Gradowczyk analiza en el capítulo 4 de «Arte Abstracto Hoy-Cruzando líneas desde el Sur» (1996) ya comentado en esta columna. Del Rojas, De Volder pasa al Centro Cultural Recoleta, al MACRO (Rosario), a galerías como Sonoridad Amarilla, Zabaleta Lab, Arguibel Art, Alberto Sendrós, Ruth Benzacar con el Taller de Barracas, en Durban -Segnini (Miami). Ha participado, entre otros, en importantes certámenes como el Premio a las Artes Visuales de la Fundación OSDE, en muestras colectivas, por ejemplo, «Las Entrañas del Arte»- Un relato material Siglo XVII-XXI», en el XII premio Fundación Federico Klemm, actualmente en «Escuelismo- Arte Argentino de los 90» (MALBA)

En la muestra individual realizada en 2007 en Galería Palatina llamó la atención su serie de dibujos de líneas curvas sin fin, a manera de gestos en el espacio que se cruzan,y que podrían compararse con el literario fluir de la conciencia. Estas líneas se volverán corpóreas, sobre la pared, en pinturas acrílicas sobre MDF (fibra de densidad media), material que el artista domina. Calados o compactos, estos relieves remitían a construcciones celulares, en colores netos: rojo, bordó, celeste, amarillo.

Su actual muestra también en Palatina (Arroyo 821), con alrededor de 16 obras, se titula «Más». Un más que traducimos como una obra que se complica visualmente; aclaramos que esta expresión no tiene sentido peyorativo, por el contrario, obliga a una visión que nos llevará por senderos que se bifurcan. Este artista va por más, es decir, manipula el material, MDF, puede recortarlo, moldearlo, curvarlo, realizar formas elípticas que traslada de sus dibujos al material, con una gestualidad tanto aparentemente compulsiva como también regida por cálculos matemáticos.

El contemplador sigue el derrotero de estas construcciones casi con angustia porque parecen no tener fin, a su vez, admira la destreza de su realización y como señala Gradowczyk, «es una estructura que posee infinitas posibilidades visuales».

Una abstracción que vale la pena «revisitar» en los conceptos de Torres García expuestos en su «Universalismo Constructivo» (1944): «una forma no tendrá que expresar más de lo que concretamente sea: forma, sin otro significado. Y lo mismo el color y la materia plástica: la pintura que usemos tendrá su valor concreto: la piedra será piedra, el hierro o lo que sea. En este caso será arte abstracto por su visión, pero concreto en cuanto atiende a que los materiales conserven su integridad y su expresión propia».

Clausura el 14 de septiembre.

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