13 de mayo 2015 - 00:00

¿Billete (privado) de $ 500?

 El dinero cumple en la economía funciones de: medio de cambio, unidad de cuenta y depósito de valor. En lo que respecta a la primera función, el dinero permite separar la operación de venta de la operación de compra a través de su diferimiento en el tiempo, superando el primitivismo transaccional del trueque y agilizando las operaciones.

Uno de los problemas de las economías inflacionarias es la pérdida de poder adquisitivo de la moneda ya que al tener ésta un carácter nominal, no se encuentra protegida. Por otro lado, las necesidades de dinero en términos nominales se incrementan en contextos inflacionarios, ya que por ejemplo en la Argentina un bien que tenía un precio de 1 peso en 2001, actualmente tiene un valor promedio por encima de los 11 pesos. Sin embargo, la denominación de los billetes no ha cambiado, por lo que cada vez se necesitan más billetes para realizar las mismas transacciones (en febrero de 2002 el dinero emitido era $ 20.000 millones, mientras que en febrero de 2015, de $ 460 mil millones). Esta abundancia de billetes se encuentra asociada en economía al fenómeno de "ilusión monetaria" que representa un sesgo cognitivo de percepción de riqueza.

Si bien lo más lógico es que sea el Estado el que se ocupe de atender estas demandas de la economía, en caso de que se encuentre imposibilitado o no desee, el sector privado (y los bancos estatales) puede hacerse cargo de intentar resolver el problema. No obstante, el Estado monopoliza actualmente la emisión de dinero. Históricamente, y previo a la creación de los bancos centrales, en las economías modernas, esta función de emisión de dinero era llevada a cabo por bancos privados (se puede citar los casos del Banco de la Ciudad de Barcelona, de Ámsterdam, del Giro de Venecia y el Banco de Hamburgo, el Banco de Inglaterra, etc.).

Con este enfoque, un consorcio de bancos privados y estatales en la Argentina podrían emitir billetes de $ 500 y $ 1.000 (esta propuesta varía de la de Hayek, de una competencia de monedas, ya que se mantiene una sola, aunque variando su denominación), evitándole al Estado esta responsabilidad, ya que no existen impedimentos al respecto. El éxito de la iniciativa no depende tanto de quién emite, sino de que la gente lo acepte. Dinero es lo que la gente acepta como dinero y puede utilizar en operaciones. Este proceso requeriría de una operativización que implica revisar la regulación de bancos, con eventual encaje de pesos-billetes respaldando la emisión de billetes de mayor denominación, etc.

Todo este despliegue, si bien factible, es complejo, y sería mucho más fácil si fuese el propio Estado el que pudiese resolver esta necesidad.

(*) Economista

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