Boda de Macri, con menos aire político que lo esperado

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Apenas algunos detalles exclusivos diferenciaron el casamiento de Mauricio Macri y Juliana Awada, ayer, de una boda de famosos como también del resto de los enamorados. Tal vez solamente ciertos comentarios filosos, disfrazados de chanzas, que intentaban aventurar cuánto y cómo influirá el matrimonio en el futuro electoral, distrajeron el clima de farándula un poco hacia el de la política durante el brindis, que se extendió, estricto, de 13 a 15.

Un Macri distendido, por momentos emocionado y más que todo de buen humor, se puso la corbata tras la reunión del bloque PRO que definió la estrategia contra el Presupuesto K y partió, desde su despacho, al salón del complejo Costa Salguero donde se realizó el casamiento y se alzaron las copas. Había llegado temprano al Palacio Municipal ataviado para la ocasión y, como sentencia la tradición, hubo sesión de fotos con la novia antes de iniciar el rito y al final para el álbum de los amigos.

La boda, como se anticipó, fue con la modalidad de trámite de civil a domicilio y la encaró el mismo titular del Registro de Civil de la Ciudad de Buenos Aires, Alejandro Lanús con la jueza Luisa Tripaldi. El funcionario se explayó en discursos -inclusive preguntó si la pareja dialogaba y los aconsejó- y hasta la magistrada intentó unas palabras de la hija de Awada, que la niña no logró, pero arrancaron las lágrimas de la madre, espléndida. Tenía un conjunto de dos piezas que combinaba las transparencias (atrevidas según le diera la luz) con el tejido, todo color natural, con una tela de 1900 que la diseñadora adaptó especialmente a su figura. Saquito de crochet, pollera larga, en distinguido encaje, sobria de maquillaje y sin ningún accesorio, excepto la plataforma del calzado que la elevaba por encima del consorte. En la mano, un ramo de flores naturales completó el atuendo. Él, de traje oscuro y camisa blanca, se cansó de repetir que prometía que la de ayer era «la última vez» que se entregaba al casamiento (es la tercera que lo hace) y que así se lo había prometido a sus amigos y a sus hijos.

«Gracias por haberme elegido, negrita mágica, única y hechicera. Ahora sí puedo decir estado civil, feliz», dijo el novio al dar su consentimiento para la unión. Ella coronó con «es difícil hablar delante de tanta gente. Lo importante es que estoy muy feliz y viviendo uno de los mejores momentos de mi vida. Y que lo amo». Los invitados se pusieron de pie, y aplaudieron, corrió la música y circularon las bandejas con bocaditos, vino tinto y champán.

Empanaditas de cordero, vasito (simulaban cazuelas) de arroz con hongos, sushi, conejo, todo en delicadísimas porciones que terminaron sorprendiendo a algunos fanáticos de comité, más acostumbrados a la vaca con cuchillo y tenedor.

Hubo asistencia completa de ministros del gabinete porteño, pero no de legisladores (ver nota aparte), y según la lista, se esperaba mayor concurrencia de la que hubo.

Brindis

Como estaba previsto, se trataba de un brindis con ceremonia y tras la entrega de la libreta roja, no hubo vals, ni baile, ni torta, para el público que mezcló las amistades de Macri de diferentes ámbitos, el espectáculo, el fútbol y la política.

A Franco Macri, padre del novio, se lo vio con entusiasmo participar de la celebración junto a otros invitados como Diego Guelar, los diputados Federico Pinedo, Paula Bertol, Silvia Majdalani, el primo Jorge Macri, Luciano Miguens, el empresario Carlos Ávila, el animador Gerardo Sofovich, el cómico Miguel del Sel y el rabino Sergio Bergman, entre otros, por ejemplo el legislador Oscar Moscarielo que reemplazará a Macri a partir del próximo domingo y hasta el 30 de noviembre. Estuvo la familia del mandatario, no el cuñado, cuya pinchadura telefónica lo llevó a Macri al procesamiento, pero sí la hermana Sandra, esposa del espiado. Del gabinete, Horacio Rodríguez Larreta y su esposa Bárbara Diez, la organizadora de los festejos, Marcos Peña, Hernán Lombardi, Diego Santilli, Guillermo Montenegro, Néstor Grindetti y, entre otros, los legisladores Enzo Pagani y Álvaro González. A la vez se vio a Ramón Puerta, Juan Carlos Romero, Oscar Aguad y Aldo Roggio.

Los testigos del casamiento tuvieron un momento aparte, cuando Lanús los hizo hablar. Primero lo hicieron por parte de la novia, su hermana Zoraida Awada, y Pamela Saguier. Luego, por parte del novio, el presidente de la Asociación Argentina de Tenis (AAT), Arturo Grimaldi, en nombre de Iván Achaval y del empresario Nicolás Caputo, los tres testigos del jefe de Gobierno porteño.

Se trató, claro, del festejo tras el civil y, aunque no habrá rito religioso, la fiesta será el sábado en la estancia La Carlota en Tandil, para unos doscientos invitados, allí sí con asado y variedad de ensaladas.

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