15 de enero 2014 - 00:00

Bolsa descuenta “tapering” y espera balances

La ansiedad es la compañera de ruta. De repente, el lunes, el índice S&P se hunde sin motivo aparente como si lo abatiera un rayo. Pero al día siguiente -olvidado el percance (la caída más profunda de Wall Street en dos meses)- la marea vuelve a elevarlo cual barco de papel todavía desafiante. Y, para fogonear el desconcierto, el NASDAQ contragolpea contundente y avanza más del 1%. Quienes gustan de hurgar en las regularidades históricas -un deporte, más que una ciencia- señalan que hay que remontarse a 1998 para encontrar un arranque similar del S&P a comienzos de año que haya revertido luego y cerrado enero en números positivos.

No costaría nada bajarse y realizar las ganancias. Las cotizaciones, a un palmo de los récords, son excelentes y el recorrido, hasta el momento, fue más provechoso que lo que cualquiera podía imaginarse. Pero no hay grandes alternativas a mano, aunque se indiquen incipientes tendencias al cambio en los fondos institucionales (que vuelven a elegir renta fija) o entre los grandes inversores del Japón (atraídos por los altos rendimientos de los mercados emergentes). ¿Desensillar hasta que aclare? La predisposición a estacionarse en efectivo no parece cosechar grandes cultores. Y se teme que cuando finalmente aclare, los precios sean otros, más elevados. La tendencia es tu amiga, sentencia el refrán. Y la tendencia -el movimiento de fondo- no se quebró. Si el volumen de transacciones sirve de guía, como la operatoria se redujo, la señal que irradian los mercados es que se prefiere soportar el chubasco sobre cubierta aunque no cese el zarandeo.

"Demasiadas buenas noticias están perjudicando a la Bolsa", dice un afamado administrador de carteras. Es posible. Las buenas noticias de 2013 no fueron tantas (ni tan buenas). Y el rally de Wall Street fue espectacular (como para no descartar que las buenas noticias de 2014 no estén ya capturadas en los precios). Sin embargo, el punto es otro. La relación entre la Bolsa y la Fed depende estrechamente de los partes de salud de la economía. Y hasta octubre los informes eran dudosos. El ajuste fiscal, los cortes automáticos (el "sequester") del gasto público, el cierre parcial del Gobierno. Todo ello le restó potencia a la recuperación. Pero desde entonces la situación revirtió y con muchísimo ahínco. En septiembre, la Fed no se atrevió a iniciar el "tapering", la reducción en las compras mensuales de bonos del programa de relajación cuantitativa, la poda del controvertido QE3. En diciembre, no lo pensó dos veces. La economía sorteó el peligroso escollo fiscal y se desató pujante. Si corre muy rápido, la Fed podría pensar que ya no precisa el andador de sus políticas excepcionales.

El informe de empleo, el viernes, proveyó una mala noticia. Interrumpió el flujo torrencial de las buenas nuevas. Recordó que no es la primera vez que la recuperación se desinfla cuando parece que se apresta por fin a atropellar. Así debió haber sido una novedad excelente. Pero el lunes Wall Street se resquebrajó. ¿Víctima acaso de las buenas noticias pero también de las malas? Quizás el nexo entre el mercado laboral y la respuesta de la Fed no es tan lineal como se creyó (o, mejor dicho, como lo fue en un pasado reciente).

El "tapering" sigue su curso, apuntó el lunes Dennis Lockhart, titular de la Fed de Atlanta. Conviene no ponerlo en duda (lo mismo dijo James Bullard, de la Fed de St. Louis). El banco central meditó bien su primer paso y ahora, llueve o truene, pretenderá mantener la cadencia. De los 85 mil millones de dólares de compras mensuales de bonos se pasó en enero a 75 mil millones y el mes que viene se bajará a 65 mil millones. Es un sendero de recortes moderados. El disuasivo para no estrenar el "tapering" en septiembre fue la fragilidad del bono largo (su contrapartida, la suba de las tasas largas, en los hechos, convirtió el anuncio original del "tapering" en mayo/junio en un virtual endurecimiento de las condiciones financieras), pero el inconveniente desapareció. Las tasas largas merodearon el 3% y, después del reporte laboral, se sumergieron por debajo del 2,90%. No hay moros en la costa. La Fed puede avanzar, los bonos no se rasgan las vestiduras. Y las acciones tendrán que demostrar que son capaces de hacer lo mismo. En plena temporada de balances, las buenas noticias que sí le serán de ayuda deberán provenir de esa cantera. El vendaval de las próximas dos semanas podría aportarle el empujón que necesita para zafar del brete e ir por más.

Dejá tu comentario