14 de febrero 2011 - 00:00

Borrachera de verano

La cara de Sebastián Battaglia lo dice todo, mientras a su espalda los jugadores de Godoy Cruz se emborrachan de alegría.
La cara de Sebastián Battaglia lo dice todo, mientras a su espalda los jugadores de Godoy Cruz se emborrachan de alegría.
Volvió el Boca de los últimos campeonatos. Después de un verano brillante donde ganó todo lo que jugó y se mostró como un equipo ensamblado y maduro, al que solo le faltaba el lujo que le iban a dar Riquelme y Erviti, Boca desbarrancó.

No tuvo firmeza defensiva y su arquero Javier García volvió a ser el que deja más dudas que certezas.

No tuvo quite en la mitad de la cancha y lo poco que insinuaron Riquelme y Erviti se perdió en la prisa del resultado en contra y los nervios por tratar de darlo vuelta.

Arriba Pablo Mouche fue de los mejores, desbordando siempre por derecha, pero Martín Palermo se vistió de «asistidor» y así desperdició su incomparable condición de goleador.

Enfrente Godoy Cruz planteó un equipo dinámico, con mucha movilidad en su mitad de campo y con un solo delantero de referencia: Tito Ramírez, que está fuera de forma física, pero tiene el olfato intacto para aprovechar todo lo que queda cerca de su posición.

El desbarranque comenzó a los 14 minutos, cuando Javier García calculó mal un centro y apenas arañó la pelota, para que Ramírez entrara por atrás y cabeceara.

Un segundo error del arquero (mucho más grave aún que el del gol) le fue perdonado por el árbitro, que anuló el gol de Rubén Ramírez por un offside milimétrico.

Boca hizo el gasto y atacó de todas las maneras posibles, pero cuando pudo terminar la jugada chocó con un Sebastián Torrico que tuvo una tarde brillante.

En cambio, Godoy Cruz aprovechó todo lo que tuvo a su disposición y terminó redondeando una goleada que no estaba prevista ni en sus mejores sueños.

Julio Falcioni, traicionando su estilo, quiso juntar a todas las estrellas de Boca y se estrelló, porque Battaglia no tiene la dinámica del Burrito Rivero y se le nota la falta de fútbol. Porque Riquelme estuvo mucho tiempo sin jugar y le falta precisión y porque Erviti en su debut nunca encontró la posición en la cancha y estuvo a media agua entre defender y atacar, sin hacer bien ninguna de las dos cosas.

Para Boca fue una bofetada enorme porque llegaba con mucha ilusión, comenzando en su cancha y contra un rival disminuido futbolísticamente con respecto al año anterior. Pero en fútbol todo es posible y por eso es tan atractivo.

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