20 de agosto 2010 - 00:00

Brillante apertura en el Colón del ciclo Beethoven

Daniel Barenboim, al fin de su interpretación de las dos primeras sinfonías de Beethoven con la West-Eastern Divan Orchestra.
Daniel Barenboim, al fin de su interpretación de las dos primeras sinfonías de Beethoven con la West-Eastern Divan Orchestra.
En la víspera del 60 aniversario de su debut como pianista, Daniel Barenboim brindó su primera presentación del año en la ciudad que vio nacer al hombre y al artista. Y lo hizo junto a la orquesta surgida de su iniciativa junto al filósofo Edward Said para el entendimiento entre israelíes y palestinos, la West-Eastern Divan Orchestra (por lo general se omite la poco elegante traducción al español, «Orquesta del Diván Oriental-Occidental»), integrada por músicos de 13 años en adelante.

Las obras elegidas por Barenboim para esta gira son nada menos que las nueve sinfonías de Ludwig van Beethoven, ciclo que permite apreciar la evolución (y revolución) del genio, desde el modelo forjado por Haydn hasta un horizonte absolutamente nuevo.

Como aperitivo se escuchó la más tardía de las tres obras en programa, la obertura «Leonora n° 3», que Beethoven compuso para la segunda versión de su ópera «Fidelio» en 1806. Un grandioso preludio para la travesía que estaba a punto de comenzar, con la «Sinfonía n° 1» en Do mayor opus 21, escrita en el año inicial del siglo XIX.

La WEDO es un instrumento de calidad y versatilidad difíciles de superar, ideal para un director que imprime a sus versiones innumerables «nuances», algunos sutiles cambios de pulso y una dinámica sumamente rica. Aunque no es una orquesta juvenil su espíritu lo es, y sus integrantes tienen la alegría de hacer música y la avidez de conocimientos y experiencia que puede proporcionarles Barenboim, uno de los músicos y hombres más grandes de nuestro tiempo.

Es notable cómo el director se contagia a su vez de este espíritu, intercambiando sonrisas con los instrumentistas e incluso algunas palabras con los violines más próximos al podio entre un movimiento y otro. La técnica de dirección de Barenboim, no demasiado ortodoxa, da sin embargo los mejores resultados, porque la música fluye desde él y sus intenciones se transmiten a la perfección al conjunto.

El hecho de dirigir de memoria hace además que su atención no se aparte un segundo de la orquesta ni la de la orquesta de él. Con todo su cuerpo, sólo con sus muñecas, con la mano izquierda en el bolsillo o trazando una línea sinuosa con la batuta, pero sobre todo con la inteligencia de su mirada, Barenboim consuma en el concierto lo que es fácil intuir como un trabajo milimétrico de ensayos.

Con el último acorde de la «Sinfonía n° 2» en Re mayor opus 36 cayó la ovación final de un Teatro Colón repleto y ejemplarmente respetuoso. Sin ocultar su felicidad, Barenboim saludó al público desde la platea hasta el paraíso que él mismo frecuentó en un tiempo lejano. Alguno habrá soñado con un bis. Imposible: el viaje alucinante por las sinfonías de Beethoven no admite interrupciones.

Mozarteum Argentino (sexta función, primer ciclo de abono). West-Eastern Divan Orchestra (D. Barenboim, director). Obras de Beethoven (Teatro Colón, 18 de agosto).

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