Brillante Nisinman con la Sinfónica

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Ciclo cultural 2013. Orquesta Sinfónica Nacional. Dir. invitado: F. Agudin. Solistas: D. Kerrlleñevich (clarinete) y M. Nisinman (bandoneón). Obras de Piazzolla, Tchaikovsky, Nisinman y Strauss. (Bolsa de Comercio, 15 de marzo).



Facundo Agudin apenas supera los 40 años. Nació en Buenos Aires. Se formó en la Facultad de Música de la UCA y completó sus estudios en música medieval, composición y canto en Europa. Vive desde hace más de 15 años en Suiza. Y ha hecho ya una amplia carrera que lo tiene al mismo tiempo como director de la Sinfónica Patagonia -un proyecto orquestal interprovincial con base en Río Negro-, de Musicque des Lumières, de OSJsymphonic.net y de la compañía Opera Obliqua. Eso, además de su intensa actividad como conductor en muchas orquestas del mundo. Con ese bagaje llegó Agudin a dirigir por primera vez a la Sinfónica Nacional en una sede que el organismo ha visitado muchas veces, y para el caso eligió un repertorio que cubrió simultáneamente varios frentes.

El comienzo fue con una obra de las que podrían llamarse del repertorio clásico de Astor Piazzolla. Un compositor todavía en conflicto con el tango que prefería investigar en otros caminos, escribió esta Contemplación y danza alrededor en 1950, antes de su experiencia europea con Nadia Boulanger que le cambiaría las ideas. Son dos números: Lento-tranquilo y Presto, nada sencillos para el solista -papel que cumplió muy bien el bahiense Daniel Kerrleñevich- de fuerte impronta stravinskyana, aunque también se deja oír cierta influencia de Béla Bartók. Y para ser sinceros, nos atrevemos a suponer que de no haber sido luego quien fue, esta experiencia juvenil del marplatense hubiera quedado en el olvido.

Promediando la primera parte y en el final, se escucharon dos obras bien conocidas, de esas que el público de repertorios sinfónicos recibe con mucho agrado: la Obertura de Romeo y Julieta de Tchaikovsky y la imponente Suite de El Caballero de la Rosa de Richard Strauss. Obras de lucimiento para cualquier director, mostraron a un Agudin prolijo en sus marcaciones aún con ciertos problemas de desajustes de la orquesta sobre todo en la familia de las maderas, con un estilo de conducción muy personal, y emotivo en sus interpretaciones.

Claro que lo que hacía diferente a este concierto era la obra de otro argentino residente en Suiza, el bandoneonista Marcelo Nisinman. Considerado por muchos como un heredero directo de Piazzolla -que lo conoció muy bien y lo adoptó como hijo dilecto más allá de las distancias generacionales-, este talentoso artista va del tango moderno a la música contemporánea, y de las formaciones camarísticas a la usanza rioplantense a los grupos orquestales de tradición europea. Esta misma pieza, armada como una suerte de sucesión de secciones diferenciadas aunque sin interrupción entre ellas, fue estrenada con una versión de orquesta más pequeña que ahora se transformó en sinfónica. Obra compleja en su estructura, mezclada en sus lenguajes, con muchos momentos de tonalidad imprecisa a los que no les faltan los clusters de piano y bandoneón, con otros momentos de altísimo lirismo tanguero, Nisinman puso su instrumento, su virtuosismo y su influencia piazzolleana al servicio de su Dark Blue Tango. Y terminó siendo lo más interesante del concierto.

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