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Buen show de Susan Ferrer sería mejor con más síntesis
Susan Ferrer se luce como figura principal de «De Broadway a Corrientes», y sorprenden los jóvenes cantantes Jano Herrera y Anahí Core; lástima que se quiso abarcar demasiado y al show le hace falta un orden.
La revista es un formato ampliamente probado y aprobado en el teatro. La sucesión de distintos cuadros, sin una aparente ilación constituye una estructura que, pese al paso del tiempo, sigue siendo eficaz. Y hacia ese formato revisteril apuntaron Rony Keselman y Susan Ferrer al idear «De Broadway a Corrientes».
Las buenas herramientas con las que contaron para armarlo quedan bien expuestas a lo largo de los 90 minutos de espectáculo. Sin ser descollantes, las cuatro jóvenes bailarinas y la pareja tanguera cumplen con lo suyo cada vez que les toca aparecer. Los tres músicos que conforman la «orquesta en vivo» tienen un lucimiento relativo, porque los arreglos exageran con el uso de la electrónica -con el teclado haciendo un poco de todos los instrumentos- y porque muchas veces es reemplazada por una pista grabada. Pero, en algunos pocos momentos, el bandoneonista Rodrigo Mercado deja ver sus excelentes condiciones como instrumentista.
Las voces son el plato fuerte de esta propuesta. Susan Ferrer es la cabeza de compañía y tiene el lugar más destacado. Con recursos sobrados, sostiene todas sus participaciones -en tango, en bolero, y muy especialmente en comedia musical- con oficio y con arte. Pero, por ser menos conocido, sorprende el muy buen trabajo de la pareja de cantantes más jóvenes. Jano Herrera y, sobre todo, la hija de Ferrer, Anahí Core, ofrecen un canto del más alto nivel. Sirva el dúo que hacen para el tema «Sí que puedo» (adaptación de «Annie get your gun» de Dorothy y Herbert Fields) para mostrar lo que pueden hacer estos cantantes mucho más que prometedores.
Otro punto a favor en «De Broadway.» es el vestuario de María Jazmín que, aunque austero por obvias cuestiones presupuestarias, alcanza en varios casos muy buenos resultados.
Aunque al principio decíamos que la revista se desenvuelve sin ilación aparente, es obvio que debe tenerla para estructurarse dramáticamente, sostener el interés, organizar el discurso y llevar de la mano al espectador. Es allí donde este show tiene su punto más débil. Todo ocurre sin que quede claro por qué. Tangos, canciones de comedias musicales, boleros, cuadros bailados, instrumentales, se van sucediendo y, más allá de las virtudes de cada uno de quienes los representan, empiezan a hacerse reiterados a medida que transcurren.
Se pretendió demasiado (son casi 40 piezas), faltó poder de síntesis y orden, y la producción no ayudó demasiado en ese sentido. La ventaja es que hay buen material como para intentar un replanteo que mejoraría mucho las cosas.


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