2 de septiembre 2013 - 00:00

Buen show tanguero pensado, también, para público local

Con el excelente cantor Chiqui Pereyra como figura central, “Cátulo Tango” ofrece también atractivos números danzados a cargo de parejas de sólida trayectoria y un pintoresco homenaje a Eva Perón.
Con el excelente cantor Chiqui Pereyra como figura central, “Cátulo Tango” ofrece también atractivos números danzados a cargo de parejas de sólida trayectoria y un pintoresco homenaje a Eva Perón.
"Cátulo Tango". Cena-show. Dir: artística: Juan Fernández. Dir. Coreográfica: Paola Parrondo. Int: Ricardo "Chiqui" Pereyra, Cecilia Casado, Raúl Vázquez, sexteto "Ojos de Tango" dir. por Analía Goldberg y cuerpo de baile. (Cátulo Tango, de jueves a sábados).

No son los mejores tiempos para las casas de tango que tienen al turismo extranjero como uno de sus pilares. El cambio ya no favorece como antes la llegada masiva de visitantes y, consecuentemente, son muchos menos los potenciales clientes de estos lugares de los que hay unos cuantos en Buenos Aires. Es un doble atrevimiento entonces el haber abierto un lugar nuevo hace poco tiempo -no llega aún a los dos años- en este contexto económico, aunque se trate de un barrio con fuerte raigambre tanguera como es el Abasto.

Hace unos años supo haber allí un centro cultural con distintos nombres. Hoy, es un muy bien remodelado salón, con mesas para 200 personas y un escenario central. Y quizá por estar precisamente en un momento en el que no puede hacerse pie solamente en los turistas, presenta un espectáculo que tiene algunas particularidades muy poco vistas y, sin dudas, apuntadas a los argentinos.

La figura central es, por mucha distancia, Ricardo "Chiqui" Pereyra. Por historia, por ese vozarrón tan varonil que lo pone en la línea de Julio Sosa, por los cientos de escenarios transitados, por su manejo del público, por su capacidad para convertirse en el anfitrión. En lo formal, lo suyo como cantante pasa por las interpretaciones de "María", "Malevaje", "Tinta roja" y una versión compartida de "El último café. Pero es mucho más. Porque anima la cosa interactuando con el público, cuenta chistes, repasa anécdotas de personajes tangueros, etcétera.

Otro punto saliente de esta propuesta está en el sexteto "Ojos de tango" dirigido por la pianista Analía Goldberg, una artista que tiene ya su importante camino recorrido . No rompe esquemas, porque tampoco tendría sentido en el contexto de este tipo de espectáculos, pero sabe imprimirle a su conducción a la vez "mugre" y solvencia a esa estructura de sexteto típico con dos violines, dos bandoneones, contrabajo y su piano. Y tienen su momento más destacado en la muy buena recreación de "La mariposa" de Osvaldo Pugliese.

El elenco se completa con la cantante Cecilia Casado, con "Tormenta", "Se dice de mí, "Desencuentro"; el cantor Raúl Vázquez ("Melodía de arrabal", "Por una cabeza", "La última curda") y un cuerpo de cinco parejas de bailarines que tiene su nombre más destacado en la recientemente premiada Jimena Hoeffner.

Con la dirección coreográfica de Paola Parrondo, despliegan cuadros individuales y grupales, con un repertorio que va desde clásicos de los años 40 hasta composiciones de Astor Piazzolla. Sin sorpresas pero también con prolijidad profesional.

Lo distintitivo de este show, lo argentino del asunto (aunque apuntado también al turista de afuera), está en la fuerte presencia de la figura de Eva Duarte. Ya se insinúa en la presentación audiovisual del comienzo, pero se hace luego más patente el homenaje en el fragmento de "No llores por mí Argentina" que hace Cecilia Casado y, sobre todo, en el cuadro -con música de tango, claro- de los bailarines con vestuario proletario y una pareja central en los papeles indudables de Perón y Evita que se mueven como dirigiéndose a las masas populares.

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