31 de marzo 2011 - 00:00

Buena combinación de épica y terror

Nicolas Cage luce más medido que otras veces, pero la actuación más destacable es la de Ron Perlman en un film que por momentos se convierte en una especie de «El salario del miedo» fantástico y medieval.
Nicolas Cage luce más medido que otras veces, pero la actuación más destacable es la de Ron Perlman en un film que por momentos se convierte en una especie de «El salario del miedo» fantástico y medieval.
«Caza de brujas» (Season of the Witch, EE.UU., 2011, habl. en inglés). Dir.: D. Sena. Int.: N. Cage, R. Perlman, C. Foy, C. Lee.

Como mezcla de cine de aventuras épicas y film de terror, «Caza de brujas» es algo realmente original. Está totalmente ambientado en la Edad Media, con un prólogo de exterminio de hechicheros en el siglo XIII, para seguir durante las Cruzadas en el siglo XIV. Nicolas Cage-primero muy gracioso con rulitos- es un caballero cruzado dispuesto a matar cuantos infieles se pongan al alcance de su espada, y compite con su amigo Ron Perlman a ver quién liquida más árabes.

Pero luego de varias batallas sangrientas los dos caballeros descubren que la idea de matar mujeres y niños no los convence como trabajo para difundir la palabra de Dios y desertan, lo que los lleva a caminar a escondidas por un Medioevo plagado de muertos de peste.

Es en esta etapa donde la historia se pone más y más interesante: un obispo moribundo y deforme (interpretado por el venerable Christopher Lee) oye hablar de estos dos desertores famosos por su valor en combate y les devuelve su libertad a cambio de cumplir una misión especialmente tenebrosa. Los dos héroes deben conducir a una bruja por un camino inhóspito de

bosques embrujados y montañas encrespadas, hasta llegar a un lejano monasterio donde está el único libro con los rituales para sacarle el mal del cuerpo y liberar a la comarca de la peste que la hereje ha convocado.

Aquí el film se convierte en una especie de «El salario del miedo» fantástico y medieval, con feroces combates con lobos y una escena sin desperdicio en un puente colgante que remite directamente al mencionado film de Henri Clouzot.

Al final hay un combate con el mismísimo diablo y una horda de monjes zombies por momentos mas graciosa que auténticamente terrorífica, lo que no le quita originalidad y buena factura general a una película destinada a convertirse en un clásico de futuras matinés de súper acción en el cable.

Nicolas Cage está más medido que otras veces, pero al que hay que destacar es al gigante Ron Perlman en una de sus pocas apariciones sin maquillajes raros.

D.C.

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