19 de septiembre 2008 - 00:00

Busca para el 17 foto de unidad

«Ustedes me invitan y yo voy». La frase, que pretende que suene como un abracadabra, la pronuncia Néstor Kirchner ante todo aquel que llegue a Olivos. Pretende transmitir que, el ex presidente, está disponible y dispuesto a volver a la tribuna pública.

Pero, hasta ahora, más allá del ofrecimiento permanente, el patagónico respetó el protagonismo excluyente de su esposa y sus escasas «salidas», en los últimos meses, las hizo como ladero, generalmente silencioso, de su mujer presidente. Casi un edecán.

Mientras tanto Kirchner espera, ansioso, una fecha que lo devolverá al ruido y a las pantallas: el 17 de octubre próximo, en Entre Ríos, como jefe del PJ, hablará en un show que proyecta masivo y litúrgico, para recordar ese día puramente peronista.

Espera algo más para esa fecha: volver a mostrar que, tras las fugas y fracturas que sembró el accidentado conflicto del campo, el peronismo aparece, más allá de matices, alineado detrás de su figura y respalda la gestión de Cristina de Kirchner.

En ese acto, símbolo de la acuosa lealtad del peronismo, Kirchner quiere remontar el calendario y volver a reconstruir la masiva foto partidaria de mayo pasado cuando asumió la jefatura del PJ. A partir de entonces, campo de por medio, la postal empezó a borronearse.

En la peor hora del estallido rural, unos 20 dirigentes que integran el Consejo del PJ nacional, tomaron ostensible distancia de Kirchner. Carlos Reutemann, Felipe Solá y Juan Schiaretti, entre otros, chocaron con la Casa Rosada en torno a esa crisis.

De a poco, con gestos y concesiones, el patagónico se puso al frente de un operativo de recaptura de díscolos, maniobra en la que también intervienen el siempre sigiloso Juan Carlos «Chueco» Mazzón y los ministros Sergio Massa y Florencio Randazzo.

El primer paso fue convocar, a Olivos, a charla con foto, a Reutemann. Luego recibió al pampeano Rubén Marín.

En paralelo, la Casa Rosada encaró una negociación con Schiaretti que se coronó, días atrás, con el anuncio de asistencia financiera para Córdoba.

En ese tránsito, el patagónico abrió la quinta presidencial de Olivos para reunirse, por tandas, con alcaldes del PJ y del FpV de la Buenos Aires rural que tuvieron que soportar, algunos casi en soledad y encerrados, la presión de los chacareroslevantiscos. Ahora Kirchner mira otros territorios: ayer vio al gobernador Sergio Uribarri y a 52 intendentes de Entre Ríos. En esa provincia está atrincherado Jorge Busti. ¿Hay un plan de contingencia para reconciliarse con el ex gobernador? No debe descartarse.

  • Sin señal

    Concesivo o necesitado, Kirchner quiere dejar el menor número de patrullas perdidas del PJ que, entiende, engordarán cualquier armado disidente con Eduardo Duhalde o como patas peronistas de Mauricio Macri, Elisa Carrió o, incluso, Julio Cobos.

    Aquellos a los que no puede kirchnerizar, los tentará con pactos de no agresión. Hay que mirar los pasos de Ramón Puerta. El misionero apareció, otra vez, en el radar de Olivos como estuvo en ese foco cuando, durante el verano, Kirchner abrazó a Roberto Lavagna.
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