“Busco profundizar en la capacidad de matar que tenemos todos”

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«Dime cómo matas y te diré de qué signo eres, o dime de qué signo eres y te diré qué clase de asesino puedes ser», dice Irene Adler, la investigadora policial creada por Mónica Plöese que utiliza herramientas de las astrología para esclarecer crímenes. Una nueva edición, en la colección Extremo Negro de la editorial Del Nuevo Extremo, reúne bajo el título de su primera novela, «El muerto quiere saber de qué se trata», la trilogía desplegada hasta hoy por Mónica Plöese, que incluye «La curiosidad mató al hombre», y la inédita «Con palo y con rebenque». Sobre su obra, y sobre las mujeres que se dedican a la novela policial, dialogamos con la escritora.

Periodista: ¿Qué buscó indagar con su saga de novelas donde los crímenes son resueltos por una astróloga?

Mónica Plöese: Quise profundizar en la capacidad de matar que tenemos todos, no sólo los delincuentes, no sólo en un tipo de sociedad determinado. Si la Biblia en sus mandamientos ordena «No matarás» es porque desde el comienzo, desde el asesinato de Abel por su hermano Caín a hoy, no hemos parado de matarnos los unos a los otros. Me interesa indagar de qué manera y por qué matar. Cuales son los motivos que impulsan a romper con la ley histórica de «no matarás». A la vez, cuestionarse si uno no podría caer en eso. Fernando Soria, psicólogo y astrólogo, mentor de mi protagonista, Irene Adler, considera que si no matamos es porque no estamos en una determinada circunstancia, pero todos tenemos esa potencialidad. Eso es algo en lo que yo creo. En cuanto al esoterismo o lo extrasensorial, diría que la astrología es una herramienta que me permite dar a los lectores todos los elementos para que descifren el enigma. No hago trampas, el lector si vuelve atrás descubre los datos que le permitían descubrir al criminal. Ese darse cuenta es parte del juego que plantea el policial al lector.

P.: ¿Qué ofrece en «El muerto quiere saber de qué se trata»?

M.P.: Tres novelas, dos de las cuales fueron ya publicadas, y una nueva, donde Irene Adler, astróloga, aunque no exactamente, logra descifrar distintos casos. Cada historia es una unidad y se puede leer por separado, pero a la vez hay un desarrollo de los personajes. Irene tiene una historia personal, de amor con su compañero de investigaciones, el etnobotánico Ricardo Samper, que se contrapone a sus teorías astrológicas. Él es racionalista y no cree en nada de lo que Irene sostiene. Desde una perspectiva astrológica, Irene es de Aries y Ricardo de Piscis, son los dos extremos del zodíaco.

P.: Eso tiene algo de la fórmula de «Los expedientes secretos X», aunque en esa saga la mujer es la racionalista.

M.P.: En todo caso la relación de Irene y Ricardo remite a la de Sherlock Holmes y John Watson, y tiene algo de homenaje a esos personajes

de Arthur Conan Doyle. Hay varios arquetipos literarios donde funciona la relación entre el racionalista, el cientificista, y el intuitivo. Al ser mi protagonista mujer hace inmediatamente verosímil su interés por la astrología, que es algo que más o menos conocemos todos. Sabemos de qué signo somos, y nuestras características. La astrología señala rasgos personales, características psicológicas, tendencias. Si bien hay rasgos que van cambiando con las épocas, lo que permanece es la interpretación de las personalidades y el recorrido que puede realizar un ser humano. Se va del «yo» que es el rasgo de Aries, al «nosotros» que es el de Piscis. En ese recorrido está todo. Se va del «yo» primitivo de la mística, el fuego más absoluto, luego viene Tauro que se asienta en la tierra, luego la comunicación en Géminis, la reproducción y la maternidad en Cáncer, y así sucesivamente.

P.: ¿Tuvo que estudiar todo eso?

M.P.: Eso tiene que ver con mi actividad profesional. Soy editora. En mi juventud, como correctora, tuve de revisar análisis astrológicos. Funcionaba como editora de astrólogos, y llega un momento en que se aprende. Al principio era tan escéptica como la mayoría. Egresada de Letras de la Universidad del Salvador, la astrología no era algo que tuviera que ver con mi formación, salvo en sentido crítico. Se podría pensar que Irene, la astróloga, funciona como mi alter ego, pero yo me siento muy dividida entre mis dos personajes centrales. Tras trabajar durante años en esas ediciones, me empezó a interesar el corpus de conocimientos que contenían, daban una posibilidad de entender el mundo. Me pareció interesante mezclar algo tan racional como la investigación policial (en términos relativos, porque no incorporo policías) ese tipo de interpretaciones.

P.: ¿Qué tipos zodiacales lleva desarrollados?

M.P.: Hasta ahora las novelas han ido de Cáncer en «El muerto quiere saber de que se trata», Géminis en «La curiosidad mató al hombre» y Piscis en «Con palo y con rebenque», la más reciente. Ahora estoy buscando un enigma policial argentino, algo que haya ocurrido, como aquel caso de dos mujeres que aparecieron muertas en una bañera, que tenían un grado de descomposición mayor al que habría ocurrido desde la muerte.

P.: ¿Hasta donde seguirá con la saga de Irene? Por lo pronto tiene los doce signos del zodíaco.

M.P.: Pueden ser doce y doce, por lo menos, si se toman los aspectos masculinos y femeninos de cada signo, que son bien diferentes. Indudablemente me resulta más fácil contar el mundo de las mujeres, pero he podido contar con contundencia el de los hombres. Además no se trata de un juego simple y ramplón de que porque sabemos la edad y la fecha de nacimiento está todo resuelto. En mis historias hay un asesinato, y se trata de ver de qué manera fue hecho, se considera que todo artista, todo asesino, firma su obra. Y como es el asesinato, es la persona. Eso da un perfil que responde a algunos signos astrológicos. Y a uno en especial. Irene al enfrentar a los sospechosos trata de ver a quién corresponden esas características, y llegar así al asesino.

P.: ¿Cómo Irene pasa de estudiar astrología a convertirse en investigadora?

M.P.: En «El muerto quiere saber de qué se trata», la primera de la saga, Irene siente la necesidad de investigar, porque en un Congreso de Astrología en Buenos Aires muere Fernado Soria, su maestro, que se dedicaba a hacer perfiles de criminales. Siendo él astrólogo ve que tiene posibilidad de morir y le envía cartas a Irene dándole pistas de potenciales agresores. Esas cartas ella las recibe después de que Soria fue asesinado. «La curiosidad mató al hombre», la segunda novela, ocurre en Areguá, Paraguay, donde muere un tío de ella. La tercera, «Con palo y con rebenque» sucede en Colonia del Sacramento, Uruguay, y tiene que ver con el pueblo donde fue criado Ricardo Samper, donde ocurren una serie de crímenes que involucran como sospechosos a algunos de los amigos de etnobotánico.

P.: ¿No tuvo propuestas de llevar sus novelas a la televisión o el cine?

M.P.: Estoy a la espera. Las historias tienen un sentido del humor que se puede ampliar en la pantalla. Habría que ver qué pasa con las sutilezas del libro, y las evidencias que impone lo visual. Una cosa es Poirot como lo describe Agatha Christie, y otra cuando se lo ve encarnado por un actor en cine o televisión. Admiro a los actores, hacen maravillas con los textos, cómo capturan lo que el narrador buscó expresar, cómo enfrentan el desafío de transformarse en el personaje.

P.: ¿A que actores vería protagonizando a sus personajes?

M.P.: Julia Roberts, aunque acaso está un poquito grande, pero seguro haría una Irene perfecta, entre seria y divertida. Y para Ricardo, si bien no es la imagen que he trabajado, no lo he pensado rubio, me encantaría un Jude Law.

P.: ¿Cuáles considera su antecesoras en un género donde están Agatha Christie, Patricia Highsmith, Patricia Cromwell, la sueca Asa Larsson. Y entre nosotros Silvina Ocampo, María Angélica Bosco, y Claudia Piñero, con sus exitosas novelas?

M.P.: Sin olvidar a la notable Sue Grafton. Hay quienes dicen que algunas de esas novelistas tienen éxito porque cuentan con publicidad y apoyo de prensa, pero si el libro no interesa, no gusta, si no hay un boca a boca, no hay éxito que se fabrique. Creo que eso puede suceder con ciertos autores extranjeros que forman parte de la industria o son tomados por la industria editorial y llegan con una campaña. Entre los nuestros, todo es bastante artesanal. Claudia Piñero vine del medio televisivo y eso la puede ayudar, pero la clave es que tiene una excelente forma narrativa, sabe cómo sostener la intriga, tanto en «Las viudas de los jueves» como en «Betibú». A mí me gustó en especial «Elena sabe», y «Tuya», impagable, muy divertida. Es curioso que aquí, donde Borges y Bioy hicieron la colección de «El séptimo círculo» y Piglia dirigió la Serie Negra de Tiempo Contemporáneo, no haya muchas autoras de policiales. Extremo Negro, la colección en que salen mis libros, busca retomar esa tradición. Y acaso ahora es el momento en que las mujeres nos pongamos a contar desde este género que algunos denuestan, pero que se lee y mucho.

P.: ¿Qué está haciendo ahora?

M.P.: Terminando mi nueva novela de la saga y sigo como editora.

Entrevista de Máximo Soto

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