Unos 20 indígenas, entre adultos y niños, continuaban desaparecidos tras la intervención policial que desarticuló la marcha de nativos. En un principio se buscaba a 36 personas, pero un puñado de ellas se había escondido en viviendas de pobladores de las localidades de Rurrenabaque y San Borja. El número real de víctimas mortales es aún incierto, ya que los indígenas sostienen que hay al menos dos niños y cuatro adultos fallecidos, una versión desmentida por el Gobierno. Por lo pronto, los más de 500 nativos que habían sido arrestados fueron liberados y ya no son perseguidos por la Policía.
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