22 de junio 2009 - 00:00

Cae stock ganadero, pero se mantiene consumo

Mientras el stock ganadero cayó un 7% y la receptividad de los campos se redujo entre un 40% y un 50%, la carne de ternera, vaquillona y novillo sigue participando con el 77% del total de compras cárnicas en los hogares argentinos.

Adrián Bifaretti, jefe de Departamento de Promoción Interna del Instituto de Promoción de Carne Vacuna (IPCVA), aclaró que el resto de las carnes consumidas suma el 23%; con el pollo, el 17%; el pescado, el 3%; y el cerdo, el 2%. Y las llamadas carnes «alternativas» ocupan apenas el 1% de las preferencias.

Así lo demuestra un panel de consumo que realiza el IPCVA con la empresa CCR desde 2001, y que se basa en un relevamiento semanal de 600 muestras de hogares en Capital y el Gran Buenos Aires y otras 600 muestras de hogares en el interior del país:

Salta, Resistencia, Tucumán, Mendoza, Córdoba, Mar del Plata y Bahía Blanca.

Un censo de puntos de venta en Capital Federal y el Gran Buenos Aires demostró que la mayor parte del consumo de carne en Capital Federal se encuentra asociada a medias reses de bajo peso.

Esta característica es importante también en el conurbano, pero en esta última zona cobra mayor importancia la venta de medias reses de categorías de animales más pesados.

Si se compara esta situación con lo que sucede en el Gran Buenos Aires, en este caso, la comercialización de medias reses de más de 85 kilos se incrementa sensiblemente llegando casi al 50% de la carne comercializada.

El analista ganadero Ignacio Iriarte, en su último panorama, consideró que la pregunta del millón es: ¿cuándo va a aflojar la faena?, ante la posibilidad de que se corten las posibilidades de abastecer a razón de 70 kilos de carne por persona, al año, el consumo promedio nacional.

«Aunque parezca una perogrullada, debe recordarse que todavía hay 50 millones de cabezas en el campo y mucha gente puede verse obligada a vender flaco, en el estado en que esté», alertó.

Hasta ahora, según sus datos, el stock ha caído de un 7% a un 10% y la receptividad de los campos se redujo entre un 40% y un 50%.

La enorme oferta de los feedlots obedece, en gran medida, al estímulo de los subsidios.

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