9 de octubre 2014 - 00:00

Caín y Abel rivalizan por un Edén miserable

Mauricio Kartun: “Para mí la Biblia es como el I Ching, un libro al cual uno puede hacerle preguntas y tratar de encontrar respuestas en las metáforas que ofrece.”
Mauricio Kartun: “Para mí la Biblia es como el I Ching, un libro al cual uno puede hacerle preguntas y tratar de encontrar respuestas en las metáforas que ofrece.”
 Mauricio Kartun acaba de recibir el premio Radio Nacional a la Trayectoria, el de Honor Argentores, y fue nombrado profesor honoris causa por la Universidad de Buenos Aires. "Estas distinciones son un reconocimiento a la vejez, porque se otorgan después de cierta edad", dice a este diario con un dejo de ironía. "Pero lo que más me gratifica es que llegan con un estreno bajo el brazo". El autor se refiere a su nueva obra, "Terrenal. Pequeño misterio ácrata", que está representándose en el Teatro Del Pueblo (Roque Sáenz Peña 943), protagonizada por Claudio Martínez Bel, Claudio Da Passano y Claudio Rissi, y que sigue la línea iniciada con el tríptico "El niño argentino", "Ala de criados" y "Salomé de chacra".

En "Terrenal" confluyen el mito de Caín y Abel, el humor de los artistas de variedades, el lenguaje gauchesco, los conflictos del conurbano bonaerense y "la dialéctica entre la propiedad y el bien común". Dialogamos con él:

Periodista: Volvió a unir la Biblia con lo gauchesco como en "Salomé de chacra".

Mauricio Kartun:
La imagen de estos dos hermanos vendiendo carnada viva al costado de la ruta y disputando el mismo terreno fue algo que vi hace unos veinte años, en un viaje con la familia, pero la rescaté hace poco. Siempre trabajo a partir de pequeños fragmentos de realidad en los que percibo una historia.

P.: ¿Cómo llegó a Caín y Abel?

M.K.:
Hace dos años volví a releer "Los mitos hebreos" de Robert Graves que ya había consultado cuando escribí "Salomé. Y en esta oportunidad me reencontré con el mito de Caín y Abel que fue interpretado por varios historiadores judíos de la Antigüedad, entre ellos Flavio Josefo (Roma, 37-100). El presenta a Caín como el castigado por su ambición desmedida y dice que es quien inventó los pesos y las medidas. Lo que hizo que el mundo perdiera toda inocencia, porque lo que se mide y pesa tiene un valor comercial. Cuando Caín marcha hacia ese exilio, al que lo condena Dios por matar a su hermano, se dedica a fundar ciudades que debe amurallar para poner a salvo lo producido por su invento de los pesos y las medidas. Esto quiere decir que Caín crea simultáneamente la propiedad y la inseguridad, obligando a los suyos a vivir dentro de esos muros.

P.: Parece una estampa de la sociedad argentina...

M.K.:
Cuando leí eso, relacioné a estos dos personajes bíblicos con aquellos hermanos vendedores de carnada que pelean por un su edén berreta, partido al medio, al que nunca podrán volver morada común. Caín vende morrones y tiene su propia medida de peso el "patrón morrón", Abel va y viene con sus carnadas y Dios es una especie de folklorista al que ellos llaman "Tatita". Es un padre ausente que regresa sorpresivamente un domingo, vestido con su uniforme de gaucho. En la obra hay un maniqueísmo

deliberado que entre en una zona de parodia. Los malos y los buenos están mucho más definidos que en "Salomé o "Ala de criados", pero la obra trasciende ese planteo.

P.: ¿Por qué la subtituló "pequeño misterio ácrata"?

M.K.:
Le iba a poner "pequeños misterio maniqueísta", porque me causaba mucha gracia cierta hipótesis sobre el bien y al mal que fue apareciendo. Pero después lo cambié porque se fue constituyendo una mirada ácrata, es decir fuera de todo poder establecido. También introduje algunas ideas de Baruch Spinoza en relación al Dios de la naturaleza que a mí me resultan muy conmovedoras. El hizo estallar los fanatismos religiosos con una nueva mirada que lo alejó tanto del judaísmo como del catolicismo. No olvidemos que la Biblia ha sido tomada para justificar horrores como el racismo y también ha sido soporte del pensamiento capitalista: "ora y labora", "ganarás el pan con el sudor de tu frente"... es interminable la cantidad de referencias al trabajo como sufrimiento que aparecen en la Biblia.

P.: También tiene pasajes de gran nivel poético...

M.K.:
Sí, y cuando uno lee la Biblia con ojos nuevos y sin atenerse al significado que le otorgan los que persiguen determinados intereses, descubre nuevas capas de sentido, más ligadas a nuestro tiempo y a nuestra mirada personal. Para mí la Biblia es como el I Ching, un libro al cual uno puede hacerle preguntas y tratar de encontrar respuestas en las metáforas que ofrece.

Entrevista de Patricia Espinosa

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