2 de junio 2009 - 00:00

Calamaro divirtió a una multitud

Andrés Calamaro (voz, guitarra, accesorios de percusión). Con D. García, G. Avelló, J. Kanievsky (guitarras), T. Dávila (teclados), C. Caramelo (bajo) y N. Bruno (batería). (Luna Park, 30 y 31 de mayo).

Andrés Calamaro llegó tarde al panteón del rock argentino. Hasta su viaje a España, y aunque había sido parte de una experiencia tan importante como Los Abuelos de la Nada, su figura quedaba en un lejano segundo plano respecto de Litto Nebbia, Luis Alberto Spinetta, Charly García o León Gieco; e incluso Fito Páez generaba más aceptación y respeto que él. Pero su estadía en Europa, su paso por Los Rodríguez y su conexión con el pop/rock español, le dieron el espaldarazo comercial que necesitaba y nunca más -aun en momentos personales difíciles- dejó de estar en la cresta de la ola.

Es por eso que Calamaro puede darse el gusto de hacer colecciones monumentales de discos, como fue oportunamente el quíntuple «El salmón», o editar hace muy poco «Obras incompletas», una costosa caja con seis CD's y un DVD en el que conviven reediciones y rarezas.

Entonces, no llama tampoco la atención que las entradas para sus dos conciertos en el Luna Park -justamente con la excusa de presentar ese «boxset»- hayan volado rápidamente y que, como viene sucediendo con cada actuación suya, sean muchos los interesados en verlo en vivo, incluso con precios de artista internacional («sé que pagaron mucho por las entradas, así que pueden llevárselas a casa»), dijo él más en serio que el tono que utilizó.

Lo ocurrido sobre el escenario estuvo dentro de lo previsible; precisamente lo que busca ese público que lo sigue incondicionalmente. Calamaro pasó por distintas épocas de su vida artística, aunque puso el acento en álbumes exitosos como «Alta suciedad», «El salmón», «Honestidad brutal» o «La lengua popular». Recordó a Los Rodríguez con «Todavía una canción de amor» y «Canal 69». Fue tanguero con su «Jugar con fuego» o con el clásico «Los mareados». Expuso su garganta ronca -y siempre al borde del pifio en la afinación- para una serie de hits («Flaca», «Alta suciedad», «La parte de adelante», «Estadio Azteca», «Crímenes perfectos»), que lo convierten en uno de los más talentosos en ese sentido. Como ocurrió en su reciente gira española, se puso al frente de una banda sostenida en el sonido de las guitarras. Expuso su mezcla de pop español, tango e influencias de Charly García y Joaquín Sabina. Y, fundamentalmente, divirtió a todos. A lo mejor es ése el mayor mérito de Andrés Calamaro y el que hace que tanta gente siga queriendo comprar sus discos y pagar -caros- sus conciertos.

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