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Cambio de agenda obliga a Cristina a renovar su look
Cristina de Kirchner no pudo vestirse con indumentaria autóctona del país que visita, como hace siempre que viaja, pero sació ese deseo mimetizándose con los trabajadores de una empresa en Bariloche.
Caperucita
Cristina de Kirchner fue el gran faltazo de la asunción de Evo Morales, elegido nuevamente mandatario de Bolivia. Tampoco asistió a la consagración del boliviano como guía espiritual de los indígenas de América, un ritual que se celebra por tradición en las ruinas de Tiwanaku. Seguramente se había preparado para la ocasión un chuku, ese gorrito de cuatro puntas tejido que se usa en la ceremonia. Pero de nada sirvió haberse preparado el vestuario a tono del folclore boliviano porque finalmente no viajó a Bolivia. Pero lejos de desanimarse por la cancelación de su agenda de relaciones internacionales, hizo lo suyo en Bariloche. En la ciudad rionegrina, la Presidente participó de la inauguración de la nueva sede de la empresa estatal de tecnología INVAP, y dio rienda suelta a su deseo de mimetizarse con el ambiente que visita, usando el mismo mameluco que llevan allí los científicos del instituto. Como una niña jugando a ser Caperucita, se colocó la capucha del uniforme y posó para las fotos sonriente, feliz de cumplir con su deseo de salirse de la rutina de su ajuar. Le habrá parecido gracioso romper con el protocolo y por eso estuvo varias horas vestida como una más de las empleadas del centro tecnológico. O tal vez el vestuario era una excusa para mostrarse simpática con los trabajadores del lugar en un momento en que su gestión transita por una turbulencia. Como sea, su imagen lejos de la formalidad presidencial, rayaba el ridículo.
También hubo lugar para la influencia asiática que había diagramado para su finalmente cancelado viaje a China. El viernes recorrió las obras de restauración del predio Aduana Taylor, con una blusa estilo kurta, como usan en el continente asiático, con estampado de inspiración china, floreado en la gama de los bordó y los beige. No faltaron las joyas, protagonistas de cada viaje de Cristina de Kirchner a tierras lejanas, que esta vez se quedaron en la Argentina, pero no colgadas en el ajuar. Después de una primavera donde reinaron las perlas, las alhajas ostentosas regresaron al outfit presidencial. Estrenó una cadena gruesa de plata de la que colgaba un medallón de platino con corazón de brillantes. Una verdadera pieza de arte, aunque demasiado brillosa para usar de día.
Los desaciertos en el look ya son parte del estilo de Cristina de Kirchner, quien pareciera no estar dispuesta a resignar sus deseos de ajuar por culpa de los imprevistos de su gestión. «Si hay crisis que no se note», es la nueva consigna de su vestuario. Y ante las malas y las cancelaciones de viajes o las interminables jornadas de trabajo -que más que nunca ahora se extienden más allá de la medianoche-, la dama intenta mostrar que ningún obstáculo terminará con sus caprichos de ajuar.


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