La Cámara baja británica respaldó la propuesta con 366 votos a favor y 161 en contra. Entre estos últimos se contaron 133 diputados conservadores, sobre un total de 303, por lo que el proyecto requirió el apoyo de liberaldemócratas y laboristas.
La medida, que legalizará los matrimonios entre personas del mismo sexo en Inglaterra y Gales (Escocia e Irlanda del Norte tienen las competencias transferidas), continuará ahora su trámite parlamentario en la Cámara de los Lores, donde hay un fuerte rechazo, y entraría en vigor en 2014.
La tramitación del texto provocó un nuevo enfrentamiento entre un amplio segmento del Partido Conservador y el premier británico, que hace apenas una semana ya se había enfrentado a una peligrosa rebelión en sus filas cuando 115 de sus diputados votaron en contra del programa del Gobierno en materia europea.
En esta ocasión, el apoyo de los liberaldemócratas, socios de Cameron en el Gobierno, y la oposición laborista resultó crucial para la supervivencia de un proyecto que había superado el último obstáculo de importancia que podía retrasar su aprobación en los Comunes, una enmienda interpuesta precisamente por un diputado conservador, Tim Loughton.
El parlamentario, abiertamente crítico con la posibilidad de legalizar el matrimonio homosexual, planteó una corrección al texto que el Ejecutivo interpretó como un ardid para entorpecer la tramitación y que fue finalmente tumbada con el voto en contra de 375 diputados frente a 70, la mayoría de éstos conservadores. La ley que impulsó Cameron prevé permitir el matrimonio civil entre personas del mismo sexo y no obliga a las organizaciones religiosas a celebrar ese tipo de ceremonias.
Ante la oposición que plantearon la Iglesia Anglicana y otras organizaciones, los legisladores optaron no sólo por eximirlas de la obligación de casar a personas homosexuales sino por prohibir expresamente el oficio de bodas gays en el ámbito religioso.
Para que una organización religiosa pueda casar a parejas del mismo sexo deberá pedir antes el permiso explícito del Gobierno, según una ley que los liberaldemócratas del viceprimer ministro Nick Clegg celebran como un éxito propio para el que tuvieron que vencer la resistencia de sus socios conservadores.
En los últimos días, además, las bases del Partido Conservador han esgrimido razones electorales para tratar de frenar la legislación, ya que consideran que su aprobación será un lastre para los "tories" en los próximos comicios, en 2015.
| Agencias EFE, ANSA y AFP, y Ámbito Financiero |


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