18 de marzo 2009 - 00:00

Caminar sobre el hielo: el cine va a la Antártida

Daniel Bazán: «Cuando empezamos a filmar había vientos de 145 km por hora y una temperatura de 35° bajo cero, pero pocas semanas después soplaron, allí mismo, a 203 km por hora».
Daniel Bazán: «Cuando empezamos a filmar había vientos de 145 km por hora y una temperatura de 35° bajo cero, pero pocas semanas después soplaron, allí mismo, a 203 km por hora».
Mañana, por primera vez, una película se estrenará en simultáneo con el único cine que hay en la Antártida, el Latitud 90 Base Jubany, del Incaa. Es coherente: se trata de «Hielos míticos», rodado en aquellas latitudes, un film que, además, muestra al rompehielos «Almirante Irízar» en su último viaje. «Bajamos un domingo en Ushuaia, y el martes a la noche se incendió», recuerda el director Daniel Bazán, elogiando al capitán de fragata Guillermo Tarapow, que permaneció a bordo salvando todo lo posible, pese a órdenes en contrario.
Periodista: ¿Cómo llegó a rodar esta película?
Daniel Bazán: De la Antártida sabía lo mismo que cualquier argentino: poco y nada. Pero un día del 2004 leí una nota sobre los cien años de nuestra presencia ininterrumpida en ese continente, y allí el coronel Jorge Leal, jefe de la primera expedición nacional que llegó al Polo caminando, se declaraba continuador del general Hernán Pujato. «Qué raro», me dije. «Nunca lo oí nombrar. ¿Quién será?» Así llego a su biógrafa, Susana Rigós, y supe del hombre que fundó las dos bases más australes y el Instituto Antártico Argentino, recorrió el Mar de Weddell antes que nadie, impulsó la compra del primer rompehielos, las investigaciones científicas, y hasta hablaba de la importancia turística del lugar. Eso, a fines de los '40 y '50. Lo llamaban «el loco Pujato».
P.: ¿Y qué pasó con él?
D.B.: En 1955 lo hicieron a un lado, acusándolo de haber recibido la medalla peronista de primera clase, y pidió el retiro. Uno de sus asistentes, Jorge Mottet, se fue a trabajar a EE.UU., donde llegó a decano de Ciencias Políticas de una universidad en Stanford. Tuve la enorme suerte de entrevistarlo en una de sus escasas visitas a la Argentina. También entrevisté a otro pionero, el doctor Luis Fontana, dos meses antes de que lo internaran. Y a Jorge Farrell, hijo del capitán que llevó a la primera expedición de Pujato en un buque carguero, y que luego murió trágicamente, en un choque de dos petroleros.
P.: ¿Dijo un buque carguero?
D.B.: Claro, todavía no teníamos rompehielos. Le cuento una anécdota que no está en la película. Entonces, un rompehielos costaba de 6 a 9 millones de dólares. Pujato peleó el precio en un astillero alemán y arregló en tres. Pero acá le dijeron que igual era caro. Un lunes se enteró de que el premio Carlos Pellegrini ha recaudado en apuestas esa misma suma, y fue derecho al ministro de Hacienda. Le dijo: «Si hay para los burros también puede haber para la Patria».
P.: ¿Y usted con quién peleó la plata para la película?
D.B.: De arranque fue una financiación absolutamente personal. Luego, Horacio Almada, sonidista, Miguel Rivarola, director de fotografía debutante, y Pampa Fernández, cámara, se tentaron con el viaje y nos embarcamos, como una cooperativa. Igual cobraron, eso sí. Después me ayudaron el Incaa y la Invap, una empresa 100% nacional que está probando instalar allí generadores eólicos, para evitar la contaminación actual de los motores a explosión.
P.: El viento debe ayudarlos bastante.
D.B.: A nosotros, comienzo del otoño, nos tocaron vientos de 145 km. por hora durante cuatro días, con una temperatura de 35° bajo cero, pero pocas semanas después soplaron, allí mismo, a 203 km. Eso fue en Buena Esperanza, donde están las familias, hay escuela, radio, fiesta todos los sábados, y un 0800 para comunicarse con Buenos Aires. Imagínese las otras bases. Había un momento que me ponía la piel de gallina.
P.: ¿Cuál?
D.B.: Cuando el rompehielos ha bajado todos los víveres de una base, y el capitán saluda por radio a quienes se van a quedar ahí solos, todo un año, y hace sonar la sirena. Después el barco parte y uno se imagina cómo se sentirán quienes lo ven perderse en el horizonte. Así recorrimos las siete bases argentinas, parando también unos días en la San Martín, donde están los restos de Pujato.
P.: ¿Y la medalla peronista?
D.B.: Si no me equivoco, está en el Museo Antártico, dentro del Comando Antártico del Ejército. Ahora pregunto yo: ¿sabe qué tema musical ponían en el «Irízar», cada vez que lograba salir de algún campo de hielo? «Agua», de Los Piojos. Grabamos incluso el momento en que el capitán lo anuncia, con voz de locutor, y remata exclamando «¡Rock Nacional!».
P.: Pese al frío, parece que disfrutó hacer «Hielos míticos».
D.B.: Disfrutamos tanto como trabajamos, y mientras trabajamos. Aunque por ahí algunos nos decían «che, ¿no hay muchos militares en esta película?»

Entrevista de Paraná Sendrós

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