26 de febrero 2009 - 00:00

Caminos recurrentes del odio antisemita

Antisemitismo es el término acuñado por Wlheim Marr en 1879, con el que designaba el odio hacia los judíos. Si bien el término es etimológicamente incorrecto, ya que junto al judío existen otros pueblos semitas, fue universalmente aceptado en el nefasto sentido que motivó a su autor a crearlo.
El odio, desde el simple análisis del sentido común, sin adentrarse en los laberintos de la psique, puede poseer dos orígenes. Por un lado el sentimiento que se genera para con el otro por una causa específica, susceptible de explicitarse en términos inteligibles. El ejemplo bíblico de tal manifestación es el crimen que cometió Caín contra su hermano Abel. Si bien el texto bíblico deja un lugar para las especulaciones exegéticas, la simple lectura reduce el surgimiento del sentimiento de animosidad entre hermanos a la envidia.
La segunda forma con que se manifiesta el odio ya no posee una interpretación tan directa. Cabe hallar un notorio ejemplo de él en otro texto bíblico, en el Libro de Ester. En la Persia imperial, bajo el reinado de un monarca que más se interesaba en la organización de fiestas fastuosas que en gobernar, uno de sus ministros -Hamán- pretendía que toda la corte le rindiese pleitesía posternándose ante él. Al no cumplir con tal requisitoria uno de los cortesanos, Mordejai (Marcos) el judío, se desarrolló en Hamán un ciego odio contra el pueblo judío.
Aquí ya no nos hallamos ante un sentimiento que emergió por alguna razón específica, sino ante la terrorífica simpleza de querer eliminar al otro por ser otro.
El desarrollo de las distintas culturas se gestó teniendo como desafío la resolución de los conflictos mediante normas y principios. Frente al instintivo sentimiento de querer eliminar al otro que molesta, la propuesta cultural fue tratar de hallar la sendas que permiten convivir superando las pasiones funestas, generando un sentimiento de aceptabilidad que, con el tiempo, permite alcanzar alguna forma de tolerancia y afecto.
La Biblia también enseña acerca de la necesidad atávica de tener cierto elemento que represente todas las frustraciones y pasiones destructivas. El chivo que era enviado al desierto para ser sacrificado allí empujándolo desde un peñasco al vacío, el día de la expiación, descripto en Levítico 16, llevaba consigo los errores cometidos por el pueblo. Si bien aquella bestia, al igual que las que servían de sacrificios, merecían mejor suerte, la intención bíblica fue la de erradicar los sacrificios humanos y sublimar las expresiones atávicas de violencia y agresividad exacerbada. Satanizar a un pueblo es, por lo tanto, una manifestación de regresión del individuo o de la sociedad que la practica a estadios pretéritos al desarrollo de la cultura.
No resulta claro quién acuñó el término Holocausto para definir la masacre nazi contra el pueblo judío. Pero ante aquél cabe dramáticamente la pregunta: ¿a quién o quiénes fue ofrendado tal holocausto? Holocausto significa etimológicamente: totalmente cremado, y se refiere a los sacrificios que eran inmolados enteramente a las deidades.
Lo que resulta absoluta y dramáticamente claro es la destrucción de toda capa de civilización y cultura que manifestó el nazismo en su aborrecible accionar, en cuyo marco se gestó la manifestación más execrable de antisemitismo que registra la historia.
En estos tiempos demenciales, en los que la humanidad se halla buscando un rumbo en medio de terribles huracanes que amenazan con destruir siglos de civilización y búsqueda de espiritualidad, una ola de antisemitismo inunda tanto a nuestro país como a otras múltiples naciones.
En el irracional presente se desempolvaron los rancios sentimientos para con el «chivo expiatorio» histórico, se les puso un nuevo ropaje y se comenzó a azuzar los más bajos instintos.
Junto a los que aún no han perdido la razón de su dignidad humana deambulan en estos días muchos descendientes de familias que fueron inmoladas a las deidades sedientas de sangre que crearon las perversas mentes del nazismo, inquiriendo a Dios acerca del hombre y sobre todo al hombre acerca de sí mismo.


(*) Rabino de la Comunidad Benei Tikva.

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