2 de febrero 2015 - 00:35

Carlés, a reglamento: atajo del Senado para evitar "efecto Reposo"

  No hay euforia (imposible que la haya), ni siquiera algún atisbo del clásico apuro que se detecta en el oficialismo del Congreso cuando Cristina de Kirchner da una orden, alrededor de la nominación de Roberto Carlés para cubrir la vacante que dejó Eugenio Zaffaroni en la Corte.

Está claro que el peronismo tenía que cumplir con la convocatoria a sesiones extraordinarias que dejó la Presidente 24 horas antes de marchar al último viaje importante de su mandato a China, con escala en Marruecos. Para eso armó la discusión sobre la nueva SIDE aun cuando no existen garantías de que la oposición vaya siquiera a sentarse a ese convite para rechazar la reforma (ver nota en pág. 8).

Carlés no deberá esperar tanta velocidad como la que los senadores kirchneristas le prodigarán a la nueva ley de espías, en medio de la crisis política por la muerte de Nisman.

El caso del candidato a la Corte es bien distinto. El kirchnerismo decidió seguir al pie de la letra el manual para tratar este caso. La oposición, por si hace falta mencionarlo, prepara una fiesta de cuestionamientos en el recinto, pero también se cuida de no cometer errores pasados.

Ese manual para elegir a un miembro de la Corte fue obra de Néstor Kirchner. El expresidente reglamentó en el Decreto 222 de 2003 el procedimiento cuando la era K comenzaba con la mira puesta en la vieja Corte Suprema. A esa época se debe otro decreto, el 1.172 de Acceso a la Información Pública, con el que se intentó transparentar el funcionamiento del Estado, aunque luego terminó siendo una incomodidad casi diaria para los Kirchner.

Con la ayuda de ese decreto de su marido, que la obligó a nominar un reemplazante para la Corte antes que se cumplieran los 30 días de la salida de Zaffaroni del tribunal, el Gobierno lanzó el nombre de Carlés y procedió, como obliga también ese decreto, a publicar edictos por 30 días con las condiciones del candidato.

Recién terminado ese trámite, el Senado recibirá el pedido presidencial. El peronismo en estos temas viene con historia chamuscada desde que pagó el costo político de presionar el acuerdo a Daniel Reposo para la Procuración y debió luego bajar el nombre ante la falta de número en el recinto: la misma situación vive hoy con Carlés, tanto en el número como en los deméritos varios a los que fue sometido el candidato, a esta altura tanto por los oficialistas en privado como por los opositores en público.

"Otro Reposo no", repiten los peronistas, sabiendo que el único antídoto contra ese efecto es frenar el tratamiento y atenerse a los pasos que exige el reglamento. Después de todo, ese minué de publicaciones y audiencias, con 15 días desde la última aparición en el Boletín Oficial de la nominación, fue una creación de Néstor Kirchner. La oposición arrastra culpas y de ahí el exceso en precauciones. Si todos los senadores opositores se mantienen en sus bancas el día en que, hipotéticamente, el Senado debate un acuerdo a Carlés, el juez no podrá ser ratificado. Pero nadie olvida que tras el escándalo Reposo, el Gobierno retrucó pidiendo acuerdo para Gils Carbó y en esa segunda instancia sólo tres radicales votaron en contra. La procuradora hoy, entonces, está en su sillón gracias al voto opositor, que creía con eso huir de otro Reposo.

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