8 de enero 2009 - 00:00

Casi como un cuento de Fontanarrosa

Guillermo Francella demuestra su enorme garra de actor en esta recomendable película que dan ganas de ver en replay.
Guillermo Francella demuestra su enorme garra de actor en esta recomendable película que dan ganas de ver en replay.
Muy buena farsa tragicómica sobre dos hermanastros mexicanos de distinto carácter, que tienen la posibilidad de salir de pobres gracias a un argentino buscatalentos que los lleva a la gran ciudad, los mete en el fútbol profesional, les saca comisión y los orienta, pero no puede vigilar todos sus pasos. Uno, delantero, se cree cantante y lo engancha una botinera. El otro, arquero del equipo contrario, tiene debilidad por los juegos de azar, y apuesta fuerte. Un día ambos van a enfrentarse. Será un duelo con más de un trasfondo. Y será uno de esos momentos donde «la vida, que es el juego más grande, le gana al fútbol, que es el más bello», según concluye el representante, que es también el narrador de esta historia, personaje a cargo de Guillermo Francella.
Entretenida, divertida, agridulce, con suspenso, excelente escritura, frases dignas de recuadro, pinturas precisas de diversos sectores sociales, personajes interesantísimos muy bien compuestos (ese representante que aparece siempre con un minón distinto, salvo cuando pierde, la mujer del jugador, que se hace cargo de la casa, el narcotraficante que cumple la promesa que los hijos habían hecho a la madre, desplazándolos, el representante de la mafia, que compra pañales al mismo tiempo que amenaza a un deudor, los hinchas, etc.), «Rudo y cursi» es para todos los públicos.
La pueden ver los amantes del fútbol y sus detractores, porque refleja la ansiedad de los partidos y también todo ese ambiente de porcentajes, manejos, sueños y tentaciones que enturbian el deporte y a la vez lo enriquece. La pueden ver los futbolistas (es más, les conviene verla) y los pataduras, porque advierte sobre los riesgos del sueño y de la fama, pero sobre todo advierte que la riqueza de unos premios no enriquece automáticamente el espíritu. A veces ocurre lo contrario.
La pueden ver los admiradores de Francella y quienes lo aborrecen, porque acá realmente se luce como actor de cine, sin que ello le impida seguir siendo gracioso. Lo mismo respecto a los mexicanos García Bernal y Diego Luna, haciendo caricaturas muy representativas.
Y la pueden ver, particularmente, quienes amen los cuentos de fútbol de Fontanarrosa, porque todo el cuento que vemos y que ha escrito y dirigido Carlos Cuarón pareciera de la misma familia, con ese humor amargo, la reflexión enérgica y madura de quien ha vivido y visto muchas cosas desde los tablones y sobre las mesas de los bares, y en especial ese conocimiento, la sabiduría, la mirada cariñosa e irónica, el dibujo y la palabra que convierten una anécdota deportiva en una enseñanza y una metáfora hermosa, un poco doliente y enorme, de la vida. El defecto para algunos, es que no se ven muchas jugadas. Lo bueno para todos, es que el duelo final está hecho casi como un western de Sergio Leone. Guiños adjuntos, entre otros muchos, la bocina de «Il sorpasso» y el plano estilo «sono contento» (dos referencias al gran Dino Risi), los colores de las camisetas, y la figura del Gauchito Gil en tierra azteca. Recomendable película, dura '90 minutos, igual que un partido, y dan ganas de verla inmediatamente en replay.
P.S.

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