26 de diciembre 2008 - 00:00

Cautiva por su simpleza y hospitalidad

El centro de la ciudad es otro mundo. Allí conviven la paz del día y el bullicio de la noche. Mientras, el sol raja la tierra y la gente opta por bañarse en las aguas termales o sentarse en la arena tibia a lo largo de los 10 kilómetros de playa a orillas del río.
El centro de la ciudad es otro mundo. Allí conviven la paz del día y el bullicio de la noche. Mientras, el sol raja la tierra y la gente opta por bañarse en las aguas termales o sentarse en la arena tibia a lo largo de los 10 kilómetros de playa a orillas del río.
La escena se divide en tres actos. Cinco amigas llegan al solarium del Hotel Quirinale (www.hquirinale. com.ar) a tomar el sol de las cinco de la tarde. Pasaron nada menos que 50 años desde que la vida las reunió en un jardín de infantes de San Andrés de Giles, provincia de Buenos Aires. Nunca más se separaron. Cada año deciden alejarse del trajín diario, de los hijos, de las obligaciones, «¡y de los maridos, sobre todo!», según sus propias palabras. En el otro extremo, dentro de la piscina, hay dos parejas. Son inseparables, tienen cerca de 70 años, pero sólo en sus documentos de identidad, porque con cruzar dos palabras, uno se da cuenta de que por sus venas corre juventud. Conversan, posan para la foto, ríen a carcajadas. Muy cerca, un joven matrimonio, proveniente de Necochea, cuenta que decidieron cambiar el mar por otros paisajes y se internaron en la ruta en busca de tranquilidad. Todos tienen algo en común: eligieron a Colón, en la provincia de Entre Ríos, para instalarse unos días y disfrutar de las riquezas de esta ciudad.
Sensaciones múltiples
Apenas se pisa el suelo de este lugar, las sensaciones se multiplican. Las calles de tierra excesivamente colorada, la vegetación espesa, típica de la Mesopotamia, su clima que se impregna en la piel, el olor a río, la costa con sus playas activas, el laborioso puerto, las casitas bajas, comercios y edificios públicos que conservan características arquitectónicas de otros tiempos. Todo esto transporta al viajero a otra época, probablemente a una en la que la ciudad de Colón todavía se debatía entre criollos e inmigrantes.
Y si a todas estas impresiones se les suma la posibilidad de regocijarse bañándose en aguas termales, la experiencia no tiene parangón. Colón posee este recurso natural, que es aprovechado por miles de turistas durante todo el año, que, atiborrados de rutina, llegan en busca de un merecido descanso.
Para vivir las aguas termales a pleno, lo ideal es pasar un día en el Complejo Termal de Colón. Es el lugar indicado para colmarse de bienestar y relax. Está ubicado en el sector norte de la ciudad, frente al Golf Club Colón, y a orillas del río Uruguay.
Caminar las callecitas de la ciudad, visitar sus lugares típicos, admirar los edificios históricos son actividades en sí mismas. Para realizar caminatas se puede ir a la costanera, a los caminos costeros norte y sur o al Parque Quirós, ubicado en una de las partes más elevadas de la ciudad. Es un verdadero espectáculo natural ver desde este mirador tanto la salida como la puesta del sol.
También hay diversas opciones si lo que se busca es un poco de recreación y deporte. El puerto de Colón es el lugar de encuentro para los pescadores de la región. Quien quiera un poco de tranquilidad y adueñarse fácilmente del atardecer, puede sentarse con una caña de pescar y desde allí admirar el paisaje, o elegir los servicios de pesca guiada en embarcaciones, que permiten internarse en el río en busca de piezas de mayor porte.
El centro de la ciudad es otro mundo. Allí conviven la paz del día y el bullicio de la noche. Mientras el sol raja la tierra y la gente opta por bañarse en las aguas termales o sentarse en la arena tibia a lo largo de los 10 kilómetros de playa a orillas del río, a la noche la cita obligada es la tradicional calle 12 de Abril, centro comercial de la ciudad, que cuenta con bares, restoranes, casas de artículos regionales, y el legendario Cine Teatro Centenario. Allí están la infaltable plaza, el templo parroquial y el museo, sitios obligados de visita.
Un paseo por la historia
El Molino de Forclaz, una reliquia histórica, no puede dejar de visitarse. Estampa de la presencia inmigrante en la zona, el molino debe su nombre a su creador, el suizo Juan Bautista Forclaz, quien a falta de las condiciones propicias ingenió una modalidad distinta poniendo en marcha este sistema al mejor estilo holandés.
Calera Colombo es una antigua construcción emplazada sobre la costa del río Uruguay, frente a la desembocadura del arroyo Perucho Verna, entre la ciudad de Colón y Pueblo Liebig. Su atractivo remonta al año 1869, momento en que una familia italiana de apellido Colombo adquiría 50 hectáreas pertenecientes hasta entonces a Justo José de Urquiza.
Por otra parte, el Centro Artesanal «La Casona», ubicado frente a la Plaza San Martín, aparece a la vista como un edificio de clara fachada colonial, originario del siglo XIX, y destacado por ser uno de los pocos sin ochava que persiste en la ciudad. Funciona allí la Escuela Municipal de Arte Cerámica, un Salón de Exposición y Venta de los más diversos productos artesanales, y un Centro Cultural que sirve de escenario a distintas actividades.
L.F.

Cómo llegar
Desde Capital Federal y Gran Bs. As.:
A través del puente Zárate-Brazo Largo, por Ruta Nacional Nº 14, empalmando luego con la Ruta Nac. Nº 135 para arribar a la ciudad.
Ingresando por el Puente Internacional José Gervasio Artigas, luego empalmando por la Ruta Nacional Nº 135.

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