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Cede Gobierno en control de consejo de jueces
Ernesto Sanz
El kirchnerismo prefirió resignar la posibilidad de quedarse alguno de los dos puestos más altos del Consejo, antes que permitir que asumiera un representante en la línea de la Asociación de Magistrados que tanto los ha vapuleado a lo largo de este año. Los magistrados tienen dos listas internas a partir de las que eligen a su presidente y a sus consejeros en la Magistratura: Cabral y Gálvez representan a la mayoría, mientras que Bunge Campos la minoría. La mayoría de los jueces decidió responder el desafío subiendo la apuesta: postularon a su propio candidato, el juez Miguel Ángel Gálvez, también apoyado por el consejero abogado Pablo Mosca.
Si bien los tres magistrados vienen del radicalismo, Bunge Campos es el que siempre se mostró más moderado respecto del kirchnerismo. Sus lazos con el Gobierno llegan hasta ser familiares: el juez es hermano político de Jorge Taiana (la madre del primero es la segunda esposa del padre del canciller). La postura dialoguista del camarista fue la clave para ganar una elección en la que tenía a los propios en contra.
La idea del «corporativismo de los jueces» sobrevoló toda la votación, golpe que asestó una y otra vez el oficialismo para respaldar a su candidato Bunge Campos, el juez «dialoguista» que «se abrió» de la lógica estamental con la que en general se maneja la Magistratura, logrando la presidencia. Acusaciones rápidamente rebatidas por Cabral, quien al postular a Gálvez como segundo candidato, afirmó: «Entre los jueces no hay más amigos ni enemigos del poder, ni opositores ni oficialistas. Tampoco somos una corporación, sino un poder del Estado».
Las relaciones de la Magistratura tanto con la Asociación de Magistrados como con la Corte Suprema de Justicia van a tensarse aún más. Gálvez afirmó que desde un principio la posición de los magistrados había sido que el presidente del Consejo debía ser el presidente de la máximo tribunal (como era antes de la reforma de la Magistratura, en 2006), y remarcó que «se debería haber consultado al estamento antes de postular al consejero Bunge Campos en forma directa». También agregó que se oponía a que las decisiones del grupo de los jueces «la tomen otros estamentos» y que con la postulación del camarista por parte del oficialismo no se estaba respetando «el pensamiento de la mayoría de los jueces».
El otro consejero que no respaldó la candidatura de Bunge Campos fue el abogado y ex presidente del Consejo Pablo Mosca. En su fundamentación señaló como preocupación que sólo se discutiera la búsqueda del consenso de la mayoría, y no lo que «realmente se debería estar debatiendo: los proyectos e ideas de los candidatos». Mosca además deslizó un duro golpe al oficialismo al afirmar que «para que haya consenso sobre un nuevo presidente, tenemos que estar todos los consejeros en pie de igualdad y no lo estamos». Comentario que le valió un contundente contraataque por parte de la consejera Diana Conti, quien lo calificó de «incoherente» al integrar un Consejo del que era tan crítico.
La diputada kirchnerista también se refirió a declaraciones realizadas «con malicia» por parte de los representantes de la Asociación de Magistrados (en referencia a las denuncias por presuntas presiones del poder político sobre la Justicia) y resaltó que la presidencia del juez Bunge Campos significaba una oportunidad para los magistrados de asumir una postura amplia, transversal, y de dialoguismo «no pacato».
El plenario se cerró con la elección del nuevo presidente (cuyo voto por sí mismo fue apenas audible), y del vicepresidente, al que nadie puso ninguna objeción. Para la semana que viene está prevista la elección del resto de las autoridades. Desde la Magistratura ya anunciaron que la idea de Bunge Campos era demostrar a los jueces que, más allá de que el nuevo presidente es de la minoría, igual se podían hacer cosas para mejorar su situación. Enfatizaron, además, la voluntad de diálogo con diferentes posiciones, así como de analizar y contener muchas de las «bestialidades» que ha pretendido hacer el oficialismo en el pasado. Casi como abriendo el paraguas antes de la tormenta.


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