Censura a la información

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Existen, y no lo podemos negar, regímenes donde los medios temen informar el precio real del dólar (u otro activo) y peor aún, lo falsean a gusto de las autoridades (Venezuela, Corea del Norte, Irak, etc.). De hecho, en estos lares la amenaza de prisión es mucho más dura para quienes intermedien monedas extranjeras que para quienes comercien drogas, lo que explica su descomposición social. Pero no sólo los entes reguladores y los burócratas son responsables (¿cómo definir a quienes alteran el marco legal para violar impunemente el derecho de propiedad y el de comercio: héroes, santos o corruptos?), ya que por más poder que se les dé nunca pueden reprimir del todo la actividad del mercado. A sabiendas de esto les resulta crucial controlar la información para que no se vea su fracaso. Así, el partido gobernante reforma a su piacere la ley que rige los medios de comunicación (violando las bases de la libertad de prensa y obviamente la de información). Pero esto tampoco alcanza, entonces la Justicia genuflexa "arma" casos testigo para amedrentar a las pocas voces libres que pueden quedar, acusando a lo mejor del periodismo local de "encubrimiento" por no revelar sus fuentes. El resultado es que el mercado real puede operar pero no informar y su crecimiento se limita. No sorprende que los mercados en estos regímenes sean los más pequeños del globo y que por el temor y la cobardía de sus participantes estén condenados a la desaparición. Watergate, Lewinsky, Snowden, Assange, etc. explican entonces mejor que muchas otras cosas por qué el mercado norteamericano es el más grande del mundo. Ayer el Dow recuperó el 0,11% al cerrar en 14.840,95 puntos ante el menor temor sobre Siria, un par de datos macro favorables y el anuncio de Vodafone.

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