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Cercano al realismo delirante de Laiseca

Esta frondosa, arborescente, acumulativa y laberíntica novela posmoderna hace entrar en una Nueva York de pesadilla para forjar una alegoría de un mundo desquiciado, donde lo virtual se traga a lo real. Es fundamentalmente la historia de la amistad entre dos pintorescos neoyorquinos, Chase Insteadman y Perkus Tooth. Chase es un muchacho dado a la bohemia, debido a que no necesita ganarse la vida gracias a las regalías que recibe de cuando fue actor infantil en una telecomedia que se sigue pasando por cable, y si bien eso no ha dejado de hacer que la gente lo reconozca por la calle, su popularidad ha crecido debido a que los diarios publican las cartas de amor que le envía Janice Trumbull, una novia astronauta (que él no logra recordar cuándo conoció) que está varada en el espacio en una estación orbital y que sufre de cáncer.
Perkus fue un crítico de cine de culto «mezcla de Hunter Thompson con Pauline Kael», que se hizo famoso como artista callejero por carteles con provocaciones ideológicas que colgaba en las paredes de la ciudad, y que terminaron transformándolo en un gurú paranoico que construye tramas conspirativas y se aísla a ver videos de Marlon Brando porque no cree que haya muerto ya que «es un avatar vivo de lo inexpresado» que permite descubrir «el falso mundo en que vivimos», «un lugar irreal donde la gente trata de vivir una vida real».
Chase y Toth van a llevan al lector por un mundo alucinado, una ciudad en estado crónico, y donde Cronic es el nombre de una de las especies de marihuana que planea sobre la isla. Una ciudad que está siendo destruida por un tigre gigante, que recuerda a los gigantes que veía el Quijote mirando los molinos de viento, y que es una máquina de hacer túneles que se ha descontrolado, y que tiene mucho de atentado terrorista. Porque si bien todo ocurre en un presente indeterminado, es evidentemente un presente posterior al ataque a las Torres Gemelas. A través de Chase y Perkus se conoce una galería de seres excéntricos y hechos sorprendentes que no paran de sucederse, en un territorio que parece escapado de los de Philp K. Dick.
Todo es abrumadoramente significativo en esta novela. Los nombres de los personajes indican su rasgos de fondo. Lethem cita autores, temas, imita, plagia, hibridiza su narración, salta de la alta literatura al comic y a la película de clase B, hace guiños culturales, homenajea a sus autores admirados (en la lista entran de David Foster Wallance a Cortázar y Borges, de Vonnegut, Pynchon y DeLillo a Kafka), consagrado autor de la vanguardia literaria estadounidense, describe su estilo como «surrealista», algunos críticos lo catalogan dentro del «realismo mágico», otro en el «realismo histérico», desde la Argentina se lo podría hacer miembro del «realismo delirante» inventado por Alberto Laiseca.
M.S.


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