13 de marzo 2009 - 00:00

Cetner: paisajes de atmósfera nostálgica

En las pinturas de Eduardo Cetner de la serie «Paisajes Aparentes», el espacio es protagonista y los personajes, pocos y dispersos, aparecen minimizados.
En las pinturas de Eduardo Cetner de la serie «Paisajes Aparentes», el espacio es protagonista y los personajes, pocos y dispersos, aparecen minimizados.
Eduardo Cetner (Buenos Aires, 1956), ha expuesto tanto en nuestro país como en Francia y España, países en los que residió por largos períodos.
En ocasión de una exposición realizada en 2000 en la Galería Kreisler (Madrid), el crítico Fermín Fevre lo destacó como «uno de los artistas que, desde la pintura, intentan esa sutil acción comunicativa de ampliar la percepción y recuperar esa condición intuitiva propia del arte».
En su actual muestra, con la que Galería Rubbers inicia su temporada 2009, hay una característica que permanece respecto de muestras anteriores: su atmósfera nostálgica. Pero esta vez no recurre a imágenes basadas en documentación fotográfica, como la serie de archivos de aquellos que llegaban a nuestras tierras y en la que no ahorraba detalles veristas en cuanto a vestimentas, gestos, poses, la ambientación del Hotel de Inmigrantes o las escenas en los barcos en tonalidades sepias y que más adelante, siempre continuando con esa temática, se volvieron más despojadas.
En la serie presentada, «Paisajes Aparentes», el espacio es protagonista; los personajes, pocos y dispersos, aparecen minimizados, casi siempre de espaldas mirando hacia un horizonte infinito, quizás una metáfora del hombre ante esa nada incierta en la que hoy está instalado.
Entre los componentes para que la pintura de Cetner establezca esa sutil comunicación con el contemplador, hay situaciones insólitas, inquietantes, una suerte de viaje por lo desconocido, se pueden tejer historias, algunas no carentes de humor, a lo que se agrega su oficio en el tratamiento del óleo, la tonalidad delicada y el blanco, en el que se «desvanecen todos los colores», de espacios en los que uno debe demorarse, que invitan a revisitarlos cuando se establece realmente esa misteriosa relación con la obra.
Hasta el 26 de marzo. Av. Alvear 1595.
*Silvio Fischbein, artista plástico, arquitecto y director de cine (realizó entre otras, «Mamá Querida», en 1988, «Hasta donde llegan tus ojos» en 1995, «Tus ojos brillaban» en 2004, y actualmente tiene «Opciones Reales» en postproducción), está presentando una muestra en el Palais de Glace, hasta el 22 de marzo .
Empezamos por una cifra: 50.000 elementos dispuestos en casi 60 cuadros a los que hay que mirar muy de cerca ya que de lejos son planos de color, a veces, neto y otras, difuso. Entre esos elementos hay muñequitos y autitos de cotillón que Fischbein manipula como imaginamos manipula su cámara: obsesivamente. Pero esto no es un juego, al contrario, el artista los saca de su carácter lúdico para formar una trama abigarrada que en pocas ocasiones deja espacios. Cuando lo hace, se esparcen solitarios, caen, adoptan innumerables posturas, quedan encerrados y hasta en ocasiones de manera siniestra.
Fischbein recurre a clavos para «enmarcar» a los que están encerrados en bolsitas de tul, a tubos de metal por donde asoman sus cabezas, a plásticos transparentes con los que clausura la visión inmediata, al cemento donde quedan atrapados en una especie de devastador tsunami.
Algunas obras pueden interpretarse como paisajes, así comenzó con sus maestros Juan Battle Planas y Noé Nojechowicz, para pasar a crear volúmenes, texturas, manchas cromáticas con esos miles de tapitas, autitos y muñequitos, estos últimos, en absoluto inocentes.

Dejá tu comentario