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CGT enfría reunificación tras cambio en Ganancias
Antonio Caló y Hugo Moyano
Aunque el discurso oficial apunta a la unidad del movimiento obrero, los pasos de Cristina de Kirchner en la última semana fueron en sentido inverso. Por un lado, anunció la rebaja en el impuesto que reclamaba todo el sindicalismo pero eligió hacerlo junto a la CGT de Antonio Caló. Y por otro, mandó al ministro del Interior y Transporte, Florencio Randazzo, a llamar a dirigentes de gremios del transporte que amagaban con aliarse a Hugo Moyano e integrarse al proyecto político de Sergio Massa.
Para el Ejecutivo la confluencia de gremialistas era una pésima noticia para transitar los últimos dos años de mandato. Sobre todo, si entre los opositores el camionero sumaba a los colectiveros de Roberto Fernández (UTA) y a los ferroviarios de Omar Maturana (La Fraternidad).
El alivio en Ganancias fue clave para los gremios del transporte, cuyos trabajadores están incluidos en el pago del gravamen en su inmensa mayoría: choferes, aeronáuticos, ferroviarios y marítimos gastaron en los últimos años sus calculadoras para elaborar informes con descuentos que, en algunos casos, equivalen a tres salarios anuales por el impacto del tributo.
Hasta antes del anuncio, el "independiente" Gerardo Martínez (albañiles, UOCRA) y Juan Carlos Schmid (Dragado) capitaneaban, por cada central, negociaciones silenciosas por la reunificación. En ambos sectores imperaba la idea de que el Gobierno no cambiaría el rumbo pese a la derrota electoral y que se avecinaba un período de más confrontación con el gremialismo.
Todo cambió la semana pasada. Los dirigentes más leales a Cristina salieron públicamente a felicitar la medida impositiva y a bajar la expectativa por la reunificación. Hubo declaraciones en ese sentido de Omar Viviani (taxistas) y del propio Caló.
Ambos hubieran quedado en una posición de debilidad en una única CGT: el metalúrgico, porque desde que arrancó su gestión no pudo hacer pie entre sus colegas ni marcarle agenda al Gobierno. Y Viviani, porque luego de años de ser la mano derecha de Moyano fue uno de los más activos en construir una central obrera a gusto del Ejecutivo.
La voz disonante la puso el fin de semana Luis Barrionuevo, de la CGT Azul y Blanca, quien pronosticó unidad luego de las elecciones de octubre. Paradójicamente, sus dichos parecen confirmar el proceso contrario: el gastronómico perdió hace tiempo la confianza que le tenían los "gordos" de la central oficialista y no pudo reconstruir su alianza con Moyano.


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