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CGT: personajes en busca de autor
El Consejo Directivo es un órgano integrado por 35 miembros que históricamente debió respetar la correlación de fuerzas entre sindicatos. Con Moyano al frente de su propia CGT, sus rivales tendrán que repartir espacios entre tres o cuatro grupos: los «gordos» de los grandes gremios de servicios; los «independientes» alineados con el Gobierno y los excolaboradores del camionero, reunidos en el Movimiento de Acción Sindical Argentino (MASA). A ellos puede sumarse a último momento el gastronómico Luis Barrionuevo, líder de su propia CGT Azul y Blanca.
Como informó este diario, el MASA, encabezado por el taxista Omar Viviani, dedicó las últimas semanas a sumar sindicatos para exigir, en el próximo Consejo Directivo, al menos la mitad de las secretarías. El argumento es que el sector que antes reportaba a Moyano había logrado reunir a casi 70 organizaciones gremiales bajo el mismo sello.
La pretensión de Viviani, que además era uno de los principales sostenes de la postulación de Caló, encontró una férrea negativa en los otros dos sectores mayoritarios. Ni los «gordos» ni los «independientes» aceptarán que el taxista termine por hegemonizar el Consejo Directivo.
Tanto los «gordos» como Armando Cavalieri (Comercio), Carlos West Ocampo (Sanidad) y Oscar Lescano (Luz y Fuerza), como los «independientes» Andrés Rodríguez (estatales, UPCN), Gerardo Martínez (albañiles, UOCRA) y José Luis Lingeri (Obras Sanitarias) acordaron que el reparto en la conducción deberá darse por partes iguales. Es decir, con la división por tres (o cuatro, en caso de ingresar Barrionuevo) y en modo alguno con la mitad para el MASA. El argumento, explicaron en esos sectores, es que de otro modo volverían a una CGT como la de Moyano, en la que la conducción unipersonal del camionero impidió el ejercicio de decisiones colegiadas.
Esta semana la atención estará puesta en ese reparto y en la definición de un conductor para el espacio. Víctima de sus propias complicaciones y de una posible interna de la UOM, la alternativa de Caló pasó a un segundo plano. Pignanelli, por su parte, declaró ayer que su colega metalúrgico «tiene todo el apoyo» del SMATA y aclaró que su aspiración es concluir el mandato en el gremio de los mecánicos que comenzó hace pocos meses.
«No sé si dentro de un par de años se da la cosa, podría ser. Hoy quiero cumplir con los compañeros de mi gremio», sostuvo Pignanelli, bien visto por el Gobierno como posible secretario general de la CGT. El mecánico tiene en particular diálogo frecuente con la ministra de Industria, Débora Giorgi. Además, es considerado tropa propia por los «gordos» superado el período de Mario «Paco» Manrique al frente del SMATA, quien volcó el sindicato del lado de Moyano.
El único dirigente que no registra cuestionamientos y es considerado por todo el arco opositor en la CGT como candidato viable no tiene interés en encabezar la central obrera. Es Naldo Brunelli, jefe de la seccional San Nicolás de la UOM y hombre con poderío territorial y sindical propio. Cuando fue sondeado en reserva por esa posibilidad, Brunelli alegó que prefería quedar como reserva del gremio metalúrgico frente a un posible escenario de confrontación con el Gobierno. Desde el mismo sindicato se sugirió el nombre del intendente de Quilmes, Francisco «Barba» Gutiérrez, como alternativa a Caló. Pero en este caso fueron los otros sectores quienes plantearon reservas: Gutiérrez es más político que sindicalista, y en esa condición demasiado «transversal» para la ortodoxia peronista que profesan la mayoría de sus pares.


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