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Charlas de Quinchos
Quinchos viajeros, y a ritmo frenético. No es para menos, tras el periplo del matrimonio presidencial en poco menos de una semana: en la primera de las cenas a las que asistimos, un entuerto tan histórico como postergado (la delegación de facultades del Congreso al Ejecutivo) adquirió una novedosa vuelta de tuerca según la óptica kirchnerista. También nos enteramos del disgusto oficial, aunque no reconocido públicamente, de una ofensa pública que profirió Hebe de Bonafini, y de los indicios que habría en una insólita nueva apetencia del ex presidente: el Nobel de la Paz. Cerramos con los quinchos ajedrecísticos del gobernador de Buenos Aires, los salteños del jefe de Gobierno de la Ciudad, y una adivinanza: ¿qué tuvieron en común el extinto líder radical Raúl Alfonsín y el cantante de los Stones, Mick Jagger? Veamos.
Daniel Scioli, ayer en La Ñata, con Anatoly Karpov, quien recorre el mundo jugando simultáneas de ajedrez con políticos, como ayer con el dueño de casa, y buscando adhesiones para presidir la asociación mundial de ese juego.
Esa cena fue previa a los actos del miércoles, que se cobraron una víctima, un lote de funcionarios de seguridad y de seguridad de la presidencia, que no pusieron las vallas en el lugar del acto de homenaje al obispo Enrique Angelelli y los intérpretes del acto: el matrimonio Kirchner y varios ministros fueron arrollados por movileros, funcionarios locales que querían sacarse fotos y un piquete de ambientalistas que como son los únicos que tenían una consigna (quejarse de la política minera) terminaron facturando el resultado, la fuga de los funcionarios hacia el estadio Carlos Menem, ominosa referencia para proteger a los kirchneristas. El Gobierno local atribuyó el desorden a la gente venida de Buenos Aires; Cristina de Kirchner mandó a hacer un sumario para ver quién va a cobrar, y en el fin de semana ya se hablaba de relevos entre custodios y gente de ceremonial. Enojó a todos, aunque no lo dirán nunca en público, la rabieta de Hebe de Bonafini, quien insultó a los riojanos como un pueblo «conservador y menemista» que «nunca se enteraron de lo que pasó en los 90». Nadie cree que se la vuelva a invitar a este tipo de actos porque los riojanos le endilgaron al Gobierno nacional esa presencia que terminó con ese agravio. El tumulto molestó a la delegación provincial que venía de gozar un trato a cuerpo de reyes en San Juan, donde José Luis Gioja no les evitó el frío en los actos por la Cumbre del Mercosur, pero les dio una cena con delicias de la mejor cocina argentina: un ojo de bife con las papas «Patagonia» que el chef (Francis Mallman) les cortó personalmente a los presidentes que concurrieron, un show que aplaudieron ministros y cancilleres presentes en la comida que se hizo en una antiquísima bodega que, dicen, se salvó del terremoto de 1944, y en donde estuvieron, a poco de conocerse, Juan y Eva Perón. En esa cena hubo una rareza que pocos notaron: los Kirchner se apartaron del menú especial de dieta que piden en los banquetes y comieron lo mismo que los demás.
Igualmente locuaces y reveladores de sus verdadera estrategia política estuvieron los Kirchner en Bogotá, entre viernes y sábado, en el tiempo que les dejó libre -no fue mucho- la negociación de Néstor entre Venezuela y Colombia, y la asunción de Juan Manuel Santos como nuevo presidente. Instalados en el coquetísimo hotel Marriot de la capital colombiana -un edificio que se inauguró hace menos de un mes- y con pocos observadores: la delegación fue mínima, apenas José Pampuro y la diputada Blanca Osuna, se rieron los Kirchner de las especulaciones que surgieron de la cena del martes en el departamento del CEO de Clarín, Héctor Magnetto y el quinteto opositor de Mauricio Macri, Felipe Solá, Eduardo Duhalde, Francisco de Narváez y Carlos Reutemann. «Si lo hubiéramos organizado nosotros no habría salido mejor», festejaban en la delegación aprovechando la oportunidad de mostrar a estos peronistas opositores junto a quien han demonizado como su principal enemigo. En el Gobierno saben que este empresario junta políticos en su departamento de Alvear y Cerrito casi todos los martes; que se hace acompañar por periodistas que recogen información pero ocultan en qué quinchos la escucharon, y que por ese comedor han pasado radicales, artistas y políticos sueltos que hacen sociales. También, que Magnetto ha sido antes comensal frecuente de Olivos hasta que sobrevino un divorcio contradictorio que los Kirchner y él deberán explicar alguna vez. Ese mismo martes, lo sabe también el Gobierno, empresarios con negocios de más facturación que Magnetto se vieron con otros empresarios periodísticos, pero nadie dice nada, lo que explica la indignación de algunos de los «federales» presentes como Solá, quien se queja de que «ya no se puede ir a comer sin que a uno lo escrachen». La gastronomía es un género principal de la política y una de las bromas que corren en estas horas es que el Gobierno deberá dar una lista de cenas autorizadas y cenas no autorizadas.
Pero volvamos a las estrategias kirchneristas, algo que hay que tratar de escuchar de boca del caballo -permítase esta metáfora turfística que no puede ofender a nadie-, más en estas horas cuando cada columnista inventa una martingala distinta que nadie después confirma ni desmiente. Por lo que supimos en esos discretos pasillos del Marriot, la única estrategia es Néstor candidato a presidente, Scioli a gobernador y Cristina a senadora por Buenos Aires. Si no alcanza con Néstor para ganar -algo que es imposible admitir a menos de dos metros del ex presidente-, Scioli será el candidato presidencial, y allí puede ser que Néstor se anime a ir como candidato a gobernador por la provincia a la que representa ya como diputado. El resto es literatura, como manda a jugar a uno y mil candidatos a todo en las primarias provinciales, no para esmerilarlo a Scioli, sino para resolver este simple problema: el dirigente que no juegue acá va a ir a buscar agua a lo de Duhalde o a lo de De Narváez. Por eso hay que enlazarlos a todos en las primarias, hasta fomentando las «colectoras» (listas para cargos menores colgadas de diversos candidatos a cargos mayores), que están prohibidas en las elecciones generales por las leyes de primarias (nacional y provincial), pero que se autorizarán en la primaria-interna aunque debilite la fuerza de los intendentes. Uno de ellos, Sergio Massa, es el autor del plan de autorizar las colectoras en las internas para lograr más adhesiones a una candidatura a gobernador a perder, pero que puede servirle para construir poder a mediano plazo, algo que hace ahora -imitando al sindicalista porteño de los porteros Víctor Santa María- con una escuela para formar políticos en el Tigre. En esa escuela hace hablar a un arco amplio de dirigentes que pueden justificar el viaje a Tigre en su vocación académica, el último refugio de los pícaros en la política; en todo caso, si son objeto de señalamientos, pueden decir que van a esa localidad en donde vive Scioli, el candidato oficial, como saben todos. Esa idea de las colectoras la ha habilitado Kirchner con el fatalismo de todo candidato: lo que va a ser determinante, afirma, es el contexto. El año pasado, dice, cuando el contexto estaba en contra, fracasamos con las testimoniales. El año que viene, si el contexto es a favor, ganamos con las colectoras, pero si viene en contra ni con eso nos salvamos, pero por lo menos le damos la chance a los de abajo a que jueguen la propia con esas colectoras.
En esos pasilleos, Néstor se ufanó de sus primeros logros como mediador internacional, algo conmovedor para un hombre que conoció Europa recién cuando fue presidente y que alardeó siempre de su provincianía política. ¿Esto era todo? Estuvo el viernes en Caracas con Hugo Chávez, logró que su canciller Nicolás Maduro viajase a Bogotá el sábado a la asunción de Juan Manuel Santos, y que además se quedara ayer en esa ciudad para conversar alguna paz con el nuevo Gobierno colombiano. Tan entusiasmado estaba Kirchner que no se subió al avión de regreso a Buenos Aires y se quedó un par de días más en aquellas tierras - por lo menos hasta mañana, cuando se junte con Chávez y con Santos bajo el mismo techo (ver nota en págs. 16 y 17), gozando de su gastronomía y de este rol de mediador, una tarea que se paga bien, con prestigio y, en una de ésas, hasta algún premio a la paz, de los que a veces se desperdician cuando se los dan a los que arman guerras. ¿No se dan cuenta de que lo que hizo Uribe era para condicionarlo no a Chávez sino a su sucesor Santos?, remató. Se rió también cuando Lula da Silva, en una charla que mantuvo el matrimonio con él, se lamentó de que Cristina no hubiera podido aprovechar su buena relación con José Luis Rodríguez Zapatero para cerrar algún acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea, cuando los dos fueron hasta este mes presidentes pro témpore. «Ahora me toca a mí, pero enfrente lo voy a tener a Sarkozy, que está en contra de cualquier acuerdo y no vamos a avanzar nada». También les llamó la atención los elogios que recibió Álvaro Uribe en el acto de despedida, lo calificaron de único e irrepetible. Les quedó la idea de que le estaban diciendo que no volviera más. ¿Quién quiere despedidas tan enfáticas?, se preguntaban, pero envidiaron que este Uribe deja el cargo con el 70% de apoyo de la gente, algo que sólo se compara con el respaldo que se llevó Michelle Bachelet cuando dejó la presidencia de Chile.
De la delegación formó parte Héctor Timerman, quien anunció que será esta semana el primer canciller latinoamericano que va a dar una conferencia de prensa junto a Hillary Clinton. Se va hoy a Washington con la instrucción única que ha recibido: construir el rol de la Argentina como mediador moderado y responsable de las crisis internacionales. Se ríe el canciller de sus críticos que dicen que la Argentina está aislada del mundo, y persiste en sus campañas por Twitter, ingenio que descubrió hace tres meses, pero que lo tiene de adalid. Cristina lo observa «con ese coso haciendo tiqui-tiqui con el dedito» (sic) y no puede creer que con tan poco se logre tanto. Timerman ocupó buena parte de la charla en el avión de regreso hablando con la Presidente y los legisladores Osuna y Pampuro, contando anécdotas sobre La Opinión y otros medios que se significaron en la pelea contra los oligopolios de prensa en tiempos en que los Kirchner estaban en otra cosa. Cuando se conversan estos temas en la cúpula del Gobierno se produce una mezcla de entusiasmo y de vértigo porque si la causa por Papel Prensa -que instruye por ahora el fiscal Guillermo Moreno- llega a la Justicia, en donde los jueces la van a subsumir en juicios por delitos aberrantes, puede ocurrir que directivos de esa empresa que actuaron en su constitución puedan ser detenidos por tratarse de presuntos delitos imprescriptibles. Estos enredos con enemigos que fueron amigos hace que algunos se muerdan la cola. Por ejemplo, el nominado embajador en el Uruguay, Dante Dovena, figura entre los sumariados por la Comisión Nacional de Valores por su actuación en Papel Prensa. El pliego para esa designación del «gordo» Dovena está ya en el Senado, y cuando se trate no faltará el opositor que señale esto como impedimento, o que recuerde que esa empresa ha sido investigada por el Gobierno en la era Alberto Fernández-Romina Piccolotti por contaminar en la planta de San Pedro cuando Dovena era director por el Estado, y se está proponiendo su designación para un país con el cual la principal diferencia es la amenaza de contaminar el río Uruguay con la papelera de Fray Bentos. Sobre diplomacia, Timerman ya puso en marcha una reforma en la Cancillería que persigue una renovación de cuadros promoviendo a los profesionales más jóvenes y la jubilación de los seniors. El segmento más castigado será el de los ministros, que es un cuello de botella en donde, según un estudio del que se vale el canciller, se acumula más gente. Podrá aprovecharse de uno de los más recordados y graciosos ensayos del escritor y ex diplomático Jorge Asís sobre el escalafón del Ministerio de Relaciones Exteriores, que se titulaba «También la pirámide está invertida».
Infaltable en esa charlas la necesidad de mejorar la performance del kirchnerismo en distritos grandes, como Santa Fe, donde el oficialismo también promueve las una y mil candidaturas. El peronismo formal suma nombres de todos los colores para una interna que acumula a Agustín Rossi, Gustavo Marconatto, Jorge Obeid, «Cachi» Martínez, Omar Perotti y, si gana algo de peso, el movedizo Rafael Bielsa. En paralelo, una liga de 14 intendentes que tiene línea directa con Julio De Vido -armador también de ligas de alcaldes en el conurbano bonaerense- sostiene a Alejandro Ramos (Granadero Baigorria). El reutemismo anota para su interna al diputado Daniel Germano y a un hombre de prestigio, el ex senador y actual auditor Oscar Lamberto, quien hace equilibrio entre el kirchnerismo y el peronismo disidente. Para la capital provincial anota también el ex ministro Juan Carlos Mercier, apoyado por el reutemista Jorge Giorgetti. Lotes parecidos aparecen en el oficialismo provincial para una interna entre el intendente de la capital, el radical Mario Barletta; el jefe de Gabinete de Hermes Binner, Antonio Bonfatti; el senador socialista Rubén Giustiniani y algún concejal rosarino -además ejecutor fiscal de la AFIP- que suma adeptos en las sombras y espera para su lanzamiento.
Scioli, por las suyas, juega en ese santuario que es su casa de La Ñata, pedanía de Benavídez (Tigre), como todo dirigente que se siente seguro del éxito, al mismo número y al mismo tablero, que ayer fue de ajedrez. Se sentó a almorzar con Anatoly Karpov, ajedrecista ruso que lo ha acompañado en todas sus campañas (lo trajo al país cuando era diputado, después como vicepresidente y ahora como gobernador) como asesor esta vez de la enseñanza de ese juego en las escuelas provinciales. Scioli es un hombre de tópicos, y el ajedrez es uno de ellos, lo practicó con socios y después adversarios políticos, como Eduardo Duhalde. Ahora quien está también en campaña es Karpov, que va por el mundo recogiendo apoyos para ser presidente de la Asociación Internacional de Ajedrez (se ignora si lo llevará a Scioli como cábala retributiva). Trató el gobernador de completar el perfil que cree debe mostrar, esta semana que pasó desbalanceado por casos de violencia que desde hoy lo exponen a otra batalla legislativa para pedir leyes más severas y también a confrontaciones como la que puede surgir de la marcha del miércoles ante la casa de la Provincia de Buenos Aires en la Capital Federal, que en el Gobierno temen pueda convertirse en otro «blumberazo». En la sobremesa de La Ñata, Scioli prestó a Karpov a algunos amigos para una simultánea de lujo que arrancó aplausos por algunas jugadas audaces ante contendor tan encumbrado. Nada pudo, sin embargo, empardar el orgullo del equipo del gobernador, Los Piqueteros de Villa La Ñata, que el sábado se enfrentaron en fútbol 5 con un grupo de visitantes entre quienes se destacaban Jorge «Pipa» Higuaín y Daniel Tapia, dos veteranos que no pudieron vencer a los locales. La disputa fue muy dura y aunque lo negarán por siempre, el final casi fue a golpes de puño, casi como en un partido de liga en serio.
Lejos de estas farras oficialistas de tan alto vuelo, algunos opositores tomaron distancia de sus cuarteles, el más notable Mauricio Macri, a quien se le atribuye ser el principal beneficiario de que se filtrase la noticia de la cena del martes con otras cuatro espadas del Peronismo Federal y el titular del monopolio. En el Gobierno y en los mentideros hubo abundancia de especulaciones y hasta apuestas sobre quién dio a conocer esa especie tan espesa -algo que ni vale la pena investigar-, y a quién le convino más. Para algunos, Magnetto se benefició porque exhibió amigos en la oposición del peronismo, pero eso se contradice porque pudo usar sus medios para contar su versión y no lo hizo. Para otros, el beneficiario fue Solá, porque lo mostraba junto al resto de sus contradictores. Pero, pasados los días, Macri aparece con una protección de los otros candidatos que hasta ahora no tenía. Cuando lo procesaron por el caso escuchas, uno de los análisis que hizo su propia gente decía que si hubiera hecho hace un año una alianza con el Peronismo Federal se habría recubierto de un poder que ningún juez se hubiera atrevido ni a indagarlo. El fin de semana, Macri se fue a Salta junto a un pequeño grupo de operadores -Humberto Schiavoni, jefe de campaña; Federico Pinedo, el ministro Francisco Cabrera- y la principal actividad fue visitar en Cafayate a Juan Carlos Romero, otro de los caciques federales, con quien buscó cerrar el arco de adhesiones. Le sirvió, además, para distraer la mirada de quienes ven que su ministro Diego Santilli viaja a esa provincia y se abraza con el gobernador Juan Manuel Urtubey, abanderado del neokirchnerismo en una tira en la que se anota, entre otros, Sergio Massa. Estar almorzando el sábado en Cafayate con Romero cierra esa fuga de algunos de los suyos hacia un confuso oficialismo. Prueba de esos espejismos es que Urtubey, al mismo tiempo que comían Macri y Romero, alimentaba junto a sus ministros en un almuerzo al intendente de San Miguel, Joaquín de la Torre, un kirchnerista que tiene 47 años (no califica quizá por eso para los sub-45 de Amado Boudou). De la Torre suele coincidir en sus apariciones políticas con otros intendentes de la primera sección como Jesús Cariglino, Luis Acuña y Sandro Guzmán, con quienes viene realizando reuniones periódicas desde hace más de dos años, a las que recientemente se sumó Mario Ishii, conocido por vestir poncho. «Con este poncho vas a ser la envidia de Mario», dijo Urtubey a De la Torre mientras le regaló un poncho salteño de telar realizado por artesanos del pueblo de Molinos en los Valles Calchaquíes.
Sirvió el almuerzo en Cafayate para que Macri le explicase al senador que sostiene su candidatura presidencial, y que por ahora está por encima en las encuestas de todos los otros candidatos del Peronismo Federal. Creyó en ese viaje lograr que el PRO salteño se acerque al Partido Renovador, que le puso un vicegobernador a Urtubey (Andrés Zottos) en aventura que le juran no se repetirá, y dedicó el resto de la estadía a gozar de delicias salteñas como la bodega boutique del grupo Hess en el pueblo de Colomé, que recuperó la bodega más vieja de la Argentina, que perteneció a uno de los Dávalos, y la ha convertido también en una lujosa hostería. Allí pasó la noche del sábado junto a Juliana Awada.
No se quedó quieto después de la ardida cena del martes otro de los asistentes, el diputado Solá, quien reunió en un quincho urbano de la zona de Tribunales en la Capital Federal a un grupo de análisis integrado por invitados extrapartidarios a quienes quería escuchar hablar sobre sus posibilidades futuras. La lista de invitados la hicieron unos asesores «twitteros» de Solá que le preparan la campaña en la autopista del 2.0 -son todas palabrejas que dicen lo mismo-, que se identifican con sus «nicknames» informáticos, como «Aki» y «Carolina», que hablan, por costumbre, en párrafos de no más de 140 caracteres. Las estrellas de la noche fueron el abogado Daniel Sabsay, la crítica cultural Beatriz Sarlo, el neurólogo Facundo Manes, la ex ministra de Educación Susana Decibe, el operador Esteban Conte-Grand y los sociólogos Mariano Canal y Hernán Vanoli, a quienes Solá interrogó con el mimo con el cual Magnetto lo había interrogado a él 48 horas antes. La empanadeada fue en realidad un taller de terapia política que alcanzó, por instantes, alturas muy superiores a lo que se escucha en peñas y otros quinchos. La conclusión se formuló en los términos sintéticos que suele usar Solá: la Argentina no es ni la rabia confrontadora de Kirchner, que además no es ganadora, ni la venganza de Duhalde del «yo lo puse, yo me lo llevo».
En una presentación en Las Cañitas, en Spazio Sumampa, donde se mezclaron empresarios y diseñadores, los cuentos sobre los temas de actualidad, alcanzaron momentos desopilantes, cuando se habló de la cantante Daniela, quien confesó hace pocos días que fue novia de Raúl Alfonsín. En la reunión estaban Josefina Robirosa, Benito Fernández, Marcelo Senra, Mariana Dappiano, Isabel Firmin Didot y Javier Iturrioz, quienes presentaban diseños que después iban a ser tejidos en tapices y alfombras por tradicionales tejedoras santiagueñas, que serán exhibidos y lo recaudado se destinará a la Asociación Adobe, una entidad sin fines de lucro que centra su trabajo en el monte de Santiago del Estero y genera distintos proyectos para mejorar la calidad de vida de sus habitantes. Alguien, que conoció muy de cerca a la ex cantante de Las Primas que dijo que a los 18 años, cuando Raúl Alfonsín iniciaba su presidencia, tuvieron un romance de un año y medio, se encargó de que la conocieran mejor. Daniela tiene una larga historia de romances y avatares en su haber. Convivió con el ex jugador de la Selección de voley, Alejandro Romano, con quien pensaban casarse. Decidieron comprar un departamento y Romano le dejó 60 mil dólares para que haga el pago. Ella lo llamó a Grecia, donde estaba jugando, para decirle que se los habían robado. Cuando el jugador regresó ella le dijo que no quería verlo más y se marchó a Miami. Pero, en su trayectoria tiene otras fábulas antológicas, como cuando dijo que el mánager de un tour por Estados Unidos de los Rolling Stones, que también la representaba a ella, le hizo escuchar a Mick Jagger su último disco de música tropical. Al Stone, según la cantante, le fascinó el disco, y quiso conocerla. Esa presentación se transformó en una convivencia de cuatro noches de amor. «No me lo creo -dijo con ironía uno de los asistentes al evento-. Jagger no convivió cuatro días ni siquiera con sus esposas». Otro recordó que cuando comenzó a salir con Norberto Alonso, el crack de River Plate, ella llamó por teléfono a una revista para que mandara a un fotógrafo a instalarse frente al departamento donde se veía con el crack. Alonso, desesperado, enfrentó los flashes y ella parecía una gran actriz pidiendo explicaciones a los fotógrafos por esa invasión. Tal vez el escándalo más grande fue el incendio en la casa de un economista, que fue su amante, que ahora está casado con una conocida conductora de TV. «La lista de damnificados no es tan larga como la lista de amantes verdaderos, y la de amantes verdaderos no es tan grande como la de amantes inventados», dijo al final el relator de la historia.
Vamos a terminar con un chiste terapéutico:
En una sesión grupal, hay cuatro pacientes reunidos por primera vez. El terapeuta, entonces, les pide que se presenten, que digan cuál es su actividad, y que comenten por qué la tienen.
El primero dice: «Me llamo Gerardo, y soy médico porque siempre me gustó que la gente esté sana».
El segundo dice: «Me llamo Ángel. Soy arquitecto porque siempre me gustó que la gente viva en casas bonitas».
La tercera dice: «Me llamo María y soy lesbiana. Soy lesbiana porque siempre me gustaron las tetas, los culos femeninos, y me enloquece tener sexo con mujeres».
Y finalmente el cuarto, con acento galaico, dice: «Yo soy Manolo... y hasta hace unos segundos pensaba que era albañil, pero acabo de descubrir que también soy lesbiana».



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