Chorros de sangre con realismo de 3D

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«Sangriento San Valentín» (My Bloody Valentine 3 D», EE.UU., 2009, habl. en inglés). Dir.: P. Lussier. Int.: J. Ackles, J. King, K. Smith, B. Rue, E. Gathegi, T. Atkins, K. Tighe.

Un minero loco, adecuadamente vestido con casco con linterna y máscara de oxígeno, perpetra una masacre justo en el día de los enamorados, dejando un saldo de 22 muertos. Se lo cree muerto y sepultado por el derrumbe de la vieja mina, pero pasan diez años y los crímenes vuelven a cometerse, justo en la víspera de la misma efeméride. ¿Será el mismo minero loco, su espectro, o un nuevo psicópata traumado por los viejos crímenes que afectaron a la pequeña comunidad minera?

Si el asunto suena conocido es porque se trata de una remake de un viejo film de 1981 que copiaba desvergonzadamente la fórmula de «Noche de brujas» y «Martes 13». Nadie necesitaba una nueva versión de aquel film, pero al menos el nivel de gore sigue siendo muy generoso (reproduciendo en algunos casos los sangrientos asesinatos del original donde se arrancaban ojos con el pico de minero). Y además tiene el bonus de estar filmado con el nuevo sistema de 3D digital, lo que se traduce en arrojar todo tipo de cosas a la cámara, incluyendo picos, palas y chorros de sangre, abusando de los efectos hasta quitarle todo vestigio de sorpresa a la técnica del cine estereoscópico.

Estamos ante la típica película de terror medio mala pero bastante divertida (para los fans del género, se entiende). El melodrama que detiene la acción entre crimen y crimen es de lo más mediocre, al punto de que llega a parecerse a esos gags basados en la repetición de los lugares comunes del género que suelen alimentar las parodias de la saga de las «Scary movies». Al menos las secuencias sangrientas tienen cierta creatividad, y en el elenco aparece el veterano de películas de John Carpenter, Tom Atkins, al que el director le reserva una de las mejores -o mejor dicho peores - muertes truculentas.

D.C.

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