- ámbito
- Edición Impresa
Churchill, los liderazgos y el nuevo orden multipolar

"Todo dependía de él y sólo de él. Sólo él tenía la energía necesaria para hacer creer a la nación que podríamos vencer", escribía Sir Edward Bridges, según la biografía de Churchill de Max Hastings.
Si Gran Bretaña caía, la historia de la humanidad y de la democracia hasta nuestros días hubiera sido muy distinta. Churchill defendió con valor, inteligencia y astucia la última frontera democrática de Europa cuando Estados Unidos se mantenía neutral y la Unión Soviética se repartía Polonia con los nazis.
Hacia el fin de la guerra fue partícipe, con las otras potencias vencedoras, de un arbitrario y cuestionado reparto de poder que creó las bases de un nuevo orden mundial y la definitiva decadencia del Imperio Británico que él tanto defendió. Un orden bipolar, obtenido sobre la sangre de millones de víctimas en el mundo, que marcó el fenomenal ascenso americano frente a la desafiante actitud soviética.
El derrumbe de la Unión Soviética determinó el nacimiento de un mundo unipolar -el imperio democrático americano- donde se suponía que la globalización y la caída de las barreras ideológicas y nacionales darían paso a una mayor prosperidad económica. En cambio, más de un cuarto de siglo después presenciamos un mundo donde los nacionalismos se acentuaron, el terrorismo se profundizó y los conflictos bélicos aumentaron de manera alarmante al punto que los refugiados y desplazados superan en número a los de la Segunda Guerra Mundial.
Las contradicciones del sistema, tanto en occidente como en oriente, impactaron dramáticamente en los niveles de desigualdad; la pirámide social se ha estrangulado; los ricos son cada vez más ricos y los pobres no pueden hacer oír su voz. El desempleo aumentó, principalmente entre los jóvenes, mientras se deteriora la calidad de los nuevos puestos de trabajo y amplias franjas de la sociedad están destinadas a vivir en la marginalidad.
A 70 años de la finalización de la Segunda Guerra Mundial somos testigos de un nuevo orden multipolar donde China emerge desafiante frente al poderío americano dentro de un mundo convulsionado;amenazado por la contaminación y el calentamiento global, el terrorismo fundamentalista, la debilidad de la economía global y la fragilidad de las democracias.
Parece que los líderes del siglo XXI están fallando en el objetivo de crear un mundo de progreso y prosperidad. Es esto así porque no están a la altura de los nuevos desafíos o porque el avance de los poderosos y los corruptos se los impide?. Es incapacidad, ineptitud o impericia? ¿O será que sólo buscan su propio bienestar?
El dedo acusador de Churchill parece levantarse contra la incompetencia y torpeza de aquellos que han contribuido a sembrar la desesperanza, la mediocridad, el conformismo y la desigualdad. Corresponde a ellos aplicar las palabras que el propio Winston dirigió a sus rivales políticos de turno en la Cámara de los Comunes el 4 de octubre de 1947:
"Estos desgraciados se encuentran en la oscura y desagradable situación de haber prometido bendiciones e imponer impuestos; haber prometido prosperidad y entregado miseria; haber prometido la abolición de la pobreza para, al fin de cuentas, abolir sólo la riqueza; haber alabado tanto su mundo nuevo para, finalmente, sólo lograr destruir el antiguo"


Dejá tu comentario