12 de octubre 2012 - 00:45

Claves y señales (para entender)

• El jueves, Cristina con Mujica por dra­gado • Unificaron entes binacionales • Dragado sin licitación • Barletta con Solanas por el sueño imposible • Domínguez sobre Despouy: la guerra ha terminado • Causa sobornos: revelaciones de un juicio de residencia • Se fue otro «principal» de la administración, el tercero.

José Mujica
José Mujica
 
  • La idea de crear una megaoficina para atender los emprendimientos binacionales con el Uruguay empezó a mover los papeles en la Cancillería, que sale como el resto del Gobierno de la distracción venezolana, útil para marcar los resbalones de la oposición, que mandó a algunos de sus principales punteros a Caracas para terminar explicando una derrota ajena como si fuera propia. Esos movimientos obedecen a los apuros por darle forma al encuentro que tendrán el próximo jueves Cristina de Kirchner con José Mujica, quien inventó también la idea de crear una empresa mixta que administre el dragado del canal Martín García y tercerice los trabajos a una empresa contratada en forma directa y sin licitación: institución tan odiosa para los administradores. Mujica avisó que viene al país para recibir en La Plata un doctorado honorario -es chacarero-, y verse fugazmente con Daniel Scioli. El embajador en el Uruguay, Dante Dovena, debió suspender un pedido de vacaciones para preparar la mesa en la que se sentarán los dos presidentes, que vienen demorando una cita formal que sirva para descongelar unas relaciones trizadas por el novelón del dragado del canal Martín García, cuyo contrato termina a fin de año, frustrada la oportunidad de renovarlo por una mención de coimas denunciada por un exembajador de Tabaré Vázquez. La pelea de superficie de los cancilleres Héctor Timerman y Luis Almagro empeoró todo y arrinconó a los uruguayos, a los que se les pidieron cuentas nunca rendidas sobre el entuerto.

  • En esa reunión se presentará un nuevo formato para el trámite de ese contrato, imprescindible para la operación del puerto de Montevideo y que deben pagar los dos países por el tratado que firmaron Juan Perón y Juan María Bordaberry. Este diario ya contó la idea de Mujica de crear esa empresa binacional para el dragado, y la novedad es dejar de lado el llamado a una licitación. El otro aporte del extravagante Pepe es juntar todas las comisiones que comparten la Argentina y Uruguay para administrar, por ejemplo, el río Uruguay (CARU, atiende la contaminación de las papeleras), el Río de la Plata (CARP, maneja hoy el dragado), la presa de Salto Grande, la comisión de límites de los ríos compartidos, etc. La idea la elaboró un economista que fue subsecretario de Economía del Uruguay, que hoy es asesor de la presidencia de su país, Pedro Buonomo, a quien le pasa Mujica sus ideas para que les dé andadura institucional. La fusión de comisiones, que forzará a retocar en los congresos de los dos países los tratados que las crearon, se justificará en el ahorro de recursos, la superposición de funciones y la acumulación de cargos, muchos de ellos altísimos, en moneda fuerte y hasta con jerarquías diplomáticas. Habrá resistencia en la burocracia que ve en esos cargos unos descansaderos bien remunerados y más bien a contrafrente -lejos de las miradas indiscretas- entre posiciones de más notoriedad. El tejido de esta trama, habida cuenta de las diferencias entre los cancilleres, ha quedado en manos de los embajadores Dovena y Guillermo Pomi (uruguayo en Buenos Aires), que fogonea los detalles del encuentro entre los dos presidentes el jueves 18. 

  • Hay que seguir a algunos personajes que emiten señales y claves de lo que puede venir. Uno es Mario Barletta, presidente del Comité Nacional de la UCR, quien busca aportar algún entendimiento con otras fuerzas. Eso lo movió la semana pasada a caminar hasta la oficina política que tiene Fernando Solanas para sus conspiraciones, que está en el edificio de la calle Rivadavia, pegado al anexo de la Cámara de Diputados. A solas con el cineasta se olisquearon en busca de algún entendimiento entre los radicales y el «pinismo» en la Capital Federal. Fracasaron en acordar el año pasado por razones esperables. Si hay algo más parecido a un radical es Barletta; si hay algo más parecido a un peronista es Solanas, quien antes juró nunca compartir listas con esos adversarios de toda la vida. Solanas es el inventor del peronismo tal cual lo conoce la Argentina contemporánea. Sus películas testimoniales de los años 70 le dieron forma a esa percepción de una Evita insurgente, un Perón sentencioso, materiales para resetear aquel peronismo de los Cafiero y los Torcuato Fino en un movimiento presuntamente revolucionario, alejado del élan conservador que tuvo siempre esa formación. No ha abandonado esas percepciones en estos años Pino; más bien las reforzó y se dedica desde hace años a correr al peronismo por izquierda. Más todavía, dedica sus horas hoy a filmar una película en la que cuenta el «making» de su testimonio «La hora de los hornos» en la que hace una arqueología de sus convicciones setentistas.

  • Igual se sentó con Barletta, con quien coincidió en que el peor escenario para sus dos fuerzas en las elecciones legislativas del año que viene es una polarización entre el macrismo y el kirchnerismo. Si ocurriera eso, las terceras fuerzas quedarían pulverizadas por la tensión entre los candidatos del PRO y del Frente para la Victoria. Juntarse sería la forma de potenciar una fuerza que reclamase un tercio de los votos de centro y centroizquierda. Solanas ya tiene definido el rol que jugará, candidato a senador, pero no tiene hoy una figura para la cabeza de Diputados. La UCR tiene que renovar la banca de Ricardo Gil Lavedra y tiene ya casi afiliado a Alfonso Prat Gay, que podría integrar sus listas. ¿Este Solanas que quiere darle nueva vida a «La hora de los hornos» es imaginable como socio de esas dos personalidades tan distantes de su paladar peronista? El radicalismo, además, tiene a buena parte de su padrón trabajando en otras direcciones. El radical Hernán Lombardi ha sido medido como candidato a diputado por el PRO y tiene un nivel de conocimiento y adhesión que hace a algunos hasta imaginarlo como candidato a jefe de Gobierno en 2015. Rafael Pascual, otro socio difícil para Pino, camina una protocandidatura a senador nacional por lo que llama el «radicalismo popular». Falta sumar a este cuadro que el único jefe que reconocen los radicales en el distrito -estén disfrazados de lo que estén- es Enrique Nosiglia, hoy más cerca del macrismo que de cualquier otra aventura. Igual les valió el largo café a los dos, Barletta y Solanas, para describir la amenaza que para sus partidos es la esperable polarización PRO-FpV. 

  • En esos senderos que camina Barletta entran otros contactos, como el de la mañana de ayer con Julián Domínguez, quien le comunicó por teléfono que había recibido su nota en respaldo de Leandro Despouy como presidente del colegio de auditores de la AGN; que le iban a rechazar los términos, pero que el oficialismo se rendía ante sus argumentos y que el diplomático puntano quedaba de hecho confirmado en el cargo mientras el radicalismo sea la principal fuerza de la oposición. Eso le permitió a Despouy, más tarde, participar de la audiencia en la Corte por el saneamiento del Riachuelo (ver nota en pág. 10). La guerra ha terminado.

  • Navega sin luces el juicio por los presuntos pagos por la reforma laboral en tiempos de la Alianza. Salvo el arrepentido Mario Pontaquarto, casi ninguno de los testigos que han declarado dice haber visto nada de sobornos, pero el debate en los tribunales de Retiro tiene una originalidad que hay que rescatar. Es un juicio de residencia del Gobierno de la Alianza, al que no ha sido sometido on the record ningún Gobierno en la Argentina. En cada sesión afloran relatos riquísimos sobre las razones de las conductas de aquel tiempo, que no está tan lejano de lo que se vive hoy. Esas declaraciones aportan información y datos desconocidos, hechos reveladores de conductas, y va quedando todo en las taquigráficas de los testimonios y en un video que registra todo lo que se dice. No importa casi lo que dicen unos y otros sobre si le creen o no al arrepentido o al famoso anónimo. Pero sí el retrato que cada uno hace de los demás, muchas veces alimentado por el desprejuicio y la distancia que da el tiempo y el hecho de que la mayoría de los testigos son figuras que se han apartado de la política agónica. Con el tiempo ese registro grabado se va a convertir en un testimonio que explicará hechos que hoy pocos entienden. También aportará a la historia de la construcción del poder en la Argentina actual, sobre lo que iluminó el exsenador Horacio Massaccesi cuando dijo que no se entiende el Senado de aquel tiempo si no se recuerdan los cuatro niveles en la escala zoológica: 1) los que tuvieron la confianza de Fernando de la Rúa para manejar el bloque con José Genoud; 2) los senadores que los votaron; 3) los notorios pero sin poder, como él o Eduardo Angeloz; y 4) los senadores que llegaron a su banca por imposición de Raúl Alfonsín, sin mucho poder ni notoriedad, que fueron los últimos elegidos por las legislaturas. Alfonsín les debía grandes favores, lealtades y apoyos desde posiciones provinciales de minoría que no les habían permitido alcanzar el poder en sus distritos. Este lote es, en la hipótesis de Massaccesi, del cual se apoderó el secretario Pontaquarto para enseñarles qué era ser senador, en dónde estaba el «cutting edge» de la tarea, cómo no perderse privilegios y, en el momento decisivo, les indicaba qué debían votar. Para más detalles, buscar la taquigráfica, que no es fácil de conseguir. 

  • Otra clave por atender está detrás de la renuncia de Raúl Garré, jefe de asesores de su hermana en el Ministerio de Seguridad y pagante del costo político del alzamiento de las fuerzas de seguridad. Garré ha sido una pieza clave en gobiernos como los de Carlos Grosso (fue director de Rentas) y en la gestión de su hermana en Defensa y en Seguridad. Presidió las comisiones en los dos ministerios que trataron de desinflar la burbuja de los salarios creada durante más de una década y que a alguien le iba a reventar en la cara. Le pasó a la actual gestión. En la Comisión de Defensa, en donde se ocupó de salarios de militares, este Garré tuvo mejor suerte. En la de Seguridad todo terminó en un decreto que el Gobierno sigue sosteniendo como bueno pero mal aplicado por quienes liquidan los sueldos y no les avisaron a los políticos la que se venía. Faltó, dicen ahora, que se hiciera una simulación de los salarios antes de mandar a liquidarlos. Prefectura derivó todo al Banco Nación, Gendarmería no, por eso saltó la bronca entre los prefectos. La salida de Garré es la tercera de un tractor de la administración; la primera fue la de Juan Pablo Schiavi después de la tragedia de Once, cuando es difícil que él promoviese desde el cargo muertes y tragedias en los trenes que heredó. Se fue y caminará un rato largo por los tribunales. El otro es Esteban Righi, víctima de una guerrilla interna poco explicable si se tiene en cuenta lo que aportaba desde la Procuración frente a la pérdida que significa para un Gobierno al que le cuesta poco deshacerse de los mejores «principals» de la administración, víctimas vicarias de castigos que merecían seguramente otros.
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