22 de octubre 2015 - 00:00

Collás: el documental como bálsamo político

Gerard Collás: “Con Argelia hubo una guerra de 8 años. Ahora está el desencanto, pero también el honor de haber luchado y ganado”.
Gerard Collás: “Con Argelia hubo una guerra de 8 años. Ahora está el desencanto, pero también el honor de haber luchado y ganado”.
Gerard Collás tiene algo de niño en su rostro, que se contradice con la producción de documentales muchas veces dramáticos. De todos modos, ése no es su único trabajo en el INA, Institut National de l' Audiovisuel de France, donde cada año se archiva aproximadamente un millón de horas de programas televisivos y radiales. Visita ilustre del reciente Doc Buenos Aires, dialogamos con él.

Periodista: Usted habla muy bien un español sin casticismos. ¿Dónde lo aprendió? ¿Y también habla árabe?

Gerard Collás:
Gracias, lo aprendí en el colegio público. El árabe apenas lo entiendo, lo que no me impidió producir varias obras de autores norafricanos sin mayor problema.

P.: ¿Sin mayor problema? Cuénteme de "Alienaciones", de Malek Bensmail, sobre los internos de un neuropsiquiátrico argelino.

G.C.:
Ahí se ven cosas muy fuertes, consecuencia de los años negros. El director se fijó especialmente en muchos enfermos que sufren una contradicción insoportable entre la propaganda de los fundamentalistas, la cultura global, y la occidental, de ahí el título de la película. Para ellos es una cosa terrible. Pero resultó muy fácil lograr la autorización de rodaje, porque el padre del director fue uno de los impulsores de la psiquiatría en los años 60, cuando Argelia recién se independizaba. Él fundó ese hospital. Lo difícil fue conseguir la financiación. Y más difícil, vender la película. Al final hay una versión de dos horas para salas de cine, que ha ganado primeros premios en Burkina Faso, donde va lo mejor del cine africano, Shanghái, París, etc., y otra versión de 52 minutos, doblada, para TV5. Con Bensmail también hicimos "Vacances malgré tout" ("Vacaciones pese a todo"), sobre unos argelinos que viven en Francia, se construyeron una casa de veraneo en su país, y en ambos lados los miran como extranjeros, "China todavía está lejos", que expone la rivalidad entre escuelas públicas y religiosas en las aldeas, "Contre-pouvoirs" ("Contrapoderes"), siguiendo desde una redacción la campaña presidencial 2014, donde Abdelaziz Bouteflika fue reelecto por cuarta vez con un 82% de los votos, y otros documentales.

P.: ¿82% de los votos? ¿Se los merecía?

G.C.:
Creo que no tanto. Algo pasó en el recuento.

P.: ¿Y por qué el título "¿China todavía está lejos"?

G.C.:
Por la palabra del Profeta. El hombre debe buscar el Saber, no importa cuán lejos se encuentre. Si está en la otra punta del mundo, hasta allá hay que ir a buscarlo.

P.: Vamos algo más cerca: la marroquí "Nuestros lugares prohibidos", de Leila Kilani.

G.C.:
Una obra muy especial. Mohamed VI quiso investigar los crímenes cometidos bajo el reinado de su padre, Hassan II. Para eso formó una Comisión por la Verdad y la Reconciliación, como la que hubo en Sudáfrica después del Apartheid. Nosotros no seguimos la labor de la Comisión, sino, durante dos años, las diferentes historias alrededor de seis grupos familiares. Porque no solo estaba el problema de la represión y el silencio público, sino también el silencio dentro de las propias familias. Madres, esposas, hijos que ignoraban las actividades políticas de sus seres queridos, y recién ahí se enteraban, y descubrían porqué habían sido arrestados, y dónde habían sido muertos y enterrados. Hubo muchas discusiones en esa época. Luego ayudamos a Kilani en la posproducción de un drama contemporáneo.

P.: ¿El Ina también produce ficciones?

G.C.:
Solo acompañamos, a veces, las ficciones de algunos documentalistas con quienes venimos trabajando. Participé en "Thwara Zandj", la primera ficción de Tarik Teguia, que para mí es el director argelino más importante del momento. La obra refiere un movimiento revolucionario de vieja data, y gira alrededor de la situación política actual en varios países musulmanes del Mediterráneo.

P.: ¿No hay ninguna fricción cuando su país participa en películas sobre asuntos internos de sus ex-colonias? Porque el Ina es un organismo estatal.

G.C.:
Bueno, sí, claro, hay ese problema de las relaciones. Con Argelia hubo una guerra de 8 años. Ahora está el desencanto del pueblo, pero también el honor de haber luchado y ganado. Con Marruecos es otra historia, quizá más compleja. Por ejemplo, está lo del secuestro de Ben Barka en pleno París, que ahora investigó la Comisión del rey Mohamed VI.

P.: ¿Qué dice el público acerca de esas películas?

G.C.:
Varias se ven en Francia, donde hay una comunidad muy grande, pero no en Argelia, y algunas ni siquiera en Marruecos. No hay prohibición, pero tampoco hay salas y la TV local no las muestra. Sólo pueden verse a través de la televisión satelital.

P.: O por copias piratas.

G.C.:
En Marruecos, por un dólar se pueden comprar películas de todo el mundo, excepto las marroquíes. Hablo de copias ilegales. Las otras son muy caras. Claro que la distribución en dvd nunca es una fuente importante de dinero para recuperar la inversión, y menos si la película cayó en manos de editores piratas. Pero hoy la cultura del cine y la información pasa por las copias piratas, internet, etc.

P.: No hablamos del Ina. ¿Qué es, exactamente?

G.C.:
Se lo define como establecimiento público de carácter comercial e industrial. La producción es reducida. No tenemos dinero asignado para ello. Debemos conseguirlo, en eso consiste gran parte de mi trabajo, no la más interesante pero es absolutamente necesaria. Además, antes teníamos un buen equipo de rodaje, ahora sólo tres sonidistas (muy buenos) y el resto hay que contratarlo. La actividad más importante del Ina es grabar, conservar y fichar material, así el público puede acceder a viejos programas y noticieros a través de su propia computadora, y los profesionales pueden recurrir a catálogos todavía más completos. Por ejemplo, traje una película enteramente hecha con material de archivo, "Las palabras y la muerte", de Bernard Cuau, sobre un crimen de los estalinistas en Praga, 1953. Esa es de las mejores que produje. También hacemos acuerdos con otras entidades, como el Icaic, de Cuba, para restaurar sus noticieros de los años '60, etc.

P.: ¿Y es cierto que conservan millones de horas de transmisión en sus archivos?

G.C.:
Ah, la conservación es una particularidad francesa. Desde su nacimiento en 1976, tras el estallido de la Ortf, hemos grabado 12 millones de horas de programas de radio y televisión, y calculamos agregar un millón por año, de casi 200 radios y canales. Además tenemos el depósito legal de mucho material desde fines de los '40, derechos de explotación de programas de la tevé pública, desde los comienzos hasta los '80, el fondo del noticiero "Actualités Francoises" 1939-44 (noticiero que duró aproximadamente hasta 1968) y mucho más, todo de uso pago, y muy solicitado. Pensar que en otros países no se archiva nada, o no se conserva debidamente.

Entrevista de Paraná Sendrós

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