Colmó la Legislatura acto para distinguir a Martínez Suárez

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En pantalla, un joven Orson Welles explicaba en español que Martínez Suárez solo aceptaba alumnos que ya hubieran visto «El ciudadano». En la sala, un eterno Jorge Luz le gritaba «¡Cómo te quiero!» y el aludido, con esa memoria envidiable que tiene, respondía «Lumiton, 1949, hace más de medio siglo que nos queremos». Sobre la mesa, felicitaciones del gobernador santafesino Hermes Binner, Argentores, y varias otras entidades. La acción, en el Salón Dorado de la Legislatura, donde el lunes el maestro José Antonio Martínez Suárez, 85 años, fue declarado Personalidad Destacada de la Cultura de la Ciudad de Buenos Aires.

Ahí estaba su alumno Juan José Campanella, colegas como Manuel Antin y más jóvenes, Horace Lannes, Atilio Pozzobon, Eduardo Blanco, Sebastián Hermida, que hizo el risueño corto de homenaje con participación involuntaria del ciudadano Charles Foster Kane, Emiliano Penelas, en doble rol de organizador y representante de los cineclubes, el historiador Mario Gallina, que hizo una semblanza a dúo con el protagonista, el diputado socialista Raúl Puy, promotor de la ceremonia que la Legislatura aprobó por unanimidad, y toda la familia, desde la esposa a los nietos y la hermana, Mirtha Legrand, por supuesto, que cerró el acto elogiando orgullosa «al talentoso de la familia. Lo repito siempre, lo mejor de los Martínez Suárez es José». Esta vez, quizá por tratarse de un acto oficial, no lo llamó Josecito, como suele hacerlo, aunque él sea su hermano mayor.

El hombre relativizó los elogios. «Mi hermana es más mentirosa que yo», había anticipado, y como buen maestro pidió a la concurrencia que levantara la mano para hacer preguntas. Las hubo, particularmente sobre su actual trabajo al frente del Festival Internacional de Mar del Plata, «el más difícil que tuve en mi vida». Ahí recalcó su máxima habitual: «Menos glamour y más cultura. Para glamour ya están los desfiles de Roberto Giordano, que los hace muy lindos». Agradeció que, pese al pronóstico, no hubiera llovido, evocó los fines de semana en que Villa Cañás se quedaba sin cine por culpa de la lluvia («desde Rosario eran 204 kilómetros de tierra») y recitó en algún momento unos versos que suele recordar con sus hermanas, versos de un poeta del pueblo natal, evocativos de la infancia, cuando «el mundo era una vuelta a la manzana/ y nadie se había muerto todavía». Una belleza.

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