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Colón: insultos, disturbios y fuga
Pedro Pablo García Caffi
Su exposición, que seguía un numeroso grupo de trabajadores del teatro, en su mayor parte afiliados al gremio estatal ATE, lo abucheó ruidosamente cuando éste expresó que el Colón no era «un seguro de empleados públicos, ni un lugar para apilar gente en los pasillos».
Poco antes, se habían oído algunas recriminaciones menores al expresar García Caffi que el Colón se transformaría en un teatro del Siglo XXI («¡Volvamos al siglo XX!», le gritaron), aunque cuando mencionó lo anterior, en relación con la ya conocida iniciativa de reducir 400 personas de la planta permanente de más de 1.200 empleados, a través de jubilaciones o transferencias, no sólo el abucheo fue ensordecedor sino que empezaron los insultos (muchos lo llamaron, apocopando sus apellidos, GarCa) y llegó a recibir escupitajos. El ex Zupay, en ese momento, interrumpió la exposición, se levantó y se fue. Fuentes del Gobierno porteño dijeron ayer a este diario que el director ejecutivo e integrante del directorio, Mariano Emiliani, recibió un puñetazo en el ojo «que se lo dejó en compota». El abogado laboralista Emiliani, que se sumó al directorio del Colón de acuerdo con lo previsto por la Ley de Autarquía, es uno de los artífices del plan de racionalización de personal en la sala.
García Caffi debió ser custodiado por personal de seguridad de la Legislatura para salir del edificio. Su concurrencia allí se debió a una citación de la presidenta de la Comisión de Cultura, Inés Urdapilleta (FPV), tras conocerse la decisión de la reducción en la planta, aunque las fuentes del teatro antes citadas señalaron que fue él mismo quien solicitó ir a informar.
Tensión
La reunión comenzó pasadas las 17 en un clima de tensión permanente. Consultada por este diario, Urdapilleta señaló que el director del Colón, en su discurso, no fundamentó el porqué de la reducción de esos 400 empleados. «Lo que necesitan saber los empleados del teatro y la opinión pública, en estos momentos tan difíciles con el Colón cerrado y luego de haberse anunciado cuatro temporadas distintas en pocos meses y terminar con una última muy modesta, es a qué obedece esa cifra de 400, de dónde sale, qué fundamentos hay, y sobre todo cómo llego él tan rápido a ese número después de haber asumido hace tan poco. Es evidente que esa decisión debe ejecutarla él, pero no la tomó personalmente».
Consultada acerca de si la Ley de Autarquía, en la que consensuaron las diferentes fuerzas políticas después de la iniciativa del oficialismo, no preveía -como tantas veces se dijo- esa reducción, Urdapilleta lo negó de plano. «De ninguna forma. El macrismo no necesitaba una ley de autarquía para hacer eso. Lo habrían hecho con ley o sin ella».
El Gobierno porteño, en cambio, continuó sosteniendo -a través de la fuente consultada por este diario- que «lo de ayer fue una provocación y un acto de violencia injustificado. Los trabajadores saben que es falso que se vaya a separar a 400 personas. En principio, se han creado nuevas áreas con un total de 220 plazas, en las que podrían revestir, siempre que aprueben los concursos, claro, alrededor de 160 de esos 400, más alrededor de 80 del personal contratado. Si a eso le sumamos quienes, por razones de edad, están en condiciones de jubilarse, tal vez el número de transferidos termine siendo ínfimo. Ahora bien, los que no podrán continuar son los que fichan en el Colón y trabajan en otro teatro, y nadie ignora que esto ocurría». También señaló que «no es cierto que no se haya hecho un estudio que condujera a establecer en 800 el número razonable para la planta permanente. Hubo intercambio con muchos otros teatros líricos del mundo, en donde muy pocos superan la cantidad de empleados que tiene el Colón».
Las diputadas Gabriela Alegre y Patricia Walsh, en el alboroto, pidieron una interpelación al ministro de Cultura, Hernán Lombardi, hoy tan feliz en otras áreas como el cine, el tango o la plástica, que ha terminado por convertir a la ópera y el ballet en parte de sus pesadillas. Lombardi optó en varias ocasiones por no participar en los actos convocados por la Legislatura por temas vinculados al teatro.
Aunque presumiblemente coincidiera en sus conceptos, las expresiones de García Caffi también molestaron al presidente del bloque PRO en la Legislatura, Oscar Moscariello, quien dijo que «las palabras utilizadas por García Caffi fueron de un nivel que raya lo inaceptable».


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