- ámbito
- Edición Impresa
Colón saldó deuda con Korngold y Zemlinsky
Precedidas por una mención al reciente fallecimiento de Joan Sutherland (presente en la temporada local 1969), el martes se escucharon por primera vez en el Colón dos óperas breves estrenadas entre 1916 y 1917. No hace falta indagar mucho para encontrar las coincidencias entre «Una tragedia florentina» de Alexander von Zemlinsky y «Violanta» de su discípulo Erich Wolfgang Korngold, quien contaba 17 años cuando la compuso: la acción de ambas (escritas en un acto, en idioma alemán) transcurre en ciudades italianas entre el fin de la Edad Media y el Renacimiento.
Se trata además de dramas intimistas de excelente realización musical, con gran exigencia para la orquesta y los cantantes (en especial la segunda de ellas). El director de escena Hans Hollmann apeló al recurso de trasladar la acción de ambas a la primera mitad de siglo XX y utilizó el mismo dispositivo escénico, lo cual acentuó la relación entre los dos dramas pero también redundó en monotonía. En general no se observó una abundancia de ideas en su régie sino más bien un delineamiento de trazo grueso y una marcación actoral ampulosa y convencional; tampoco ayudó la iluminación, firmada, al igual que la escenografía, por Enrique Bordolini.
La ópera de Zemlinsky (cuyo «Rey Kandaules» se había visto en el Colón en el 2005) es la adaptación musical de la obra homónima en verso de Oscar Wilde, en traducción de Max Meyerfeld. El argumento, típico triángulo amoroso (con final abierto) entre Bianca, una mujer casada con un mercader mayor (Simone) que tiene como amante al príncipe Guido Bardi, es el más perjudicado con el cambio de época, ya que el conflicto pierde fuerza. La mezzo Deanne Meek, el tenor Evans Bowers y el barítono James Johnson cumplieron sus papeles con solvencia, aunque se advirtió cierta falta de proyección en las tres voces.
Por su parte, «Violanta», basada en una obra de Hans Müller, presenta un conflicto mucho más interesante: el de una mujer dispuesta a vengar la muerte de su hermana por la deshonra de un seductor, Alfonso, seduciéndolo ella misma e induciendo a su marido (llamado casualmente Simone) a matarlo, pero termina confesando su pasión por el libertino y dando la vida por él. Un magnífico trabajo como Violanta llevó a cabo la soprano japonesa Eiko Senda en un papel arduo vocal y actoralmente, y Bowers resultó mucho más convincente aquí como Alfonso, mientras que el barítono Wolfgang Schöne fue un excelente Simone.
Tanto el resto del elenco (Enrique Folger, Mónica Philibert, Alejandra Malvino y Osvaldo Peroni, entre otros) como el Coro Estable dirigido por Peter Burian fueron un sólido apoyo para los protagonistas. Stefan Lano, una guía inmejorable para los cantantes y la Orquesta Estable (brillante a lo largo de toda la función), condujo con autoridad este programa que salda la deuda con dos valiosos títulos del siglo XX.


Dejá tu comentario