8 de junio 2009 - 00:00

Comentarios políticos del fin de semana

Eduardo Duhalde
Eduardo Duhalde
BLANCK, JULIO. Clarín. Esperable en una elección en la cual la gente ya votó, que los candidatos dediquen el último tramo de la campaña a discutir el metro; es decir, el presunto fraude o las encuestas previas a las urnas. A eso dedica el columnista su entrega, revelando cómo los principales candidatos -Kirchner, Macri, De Narváez, Carrió- difunden los sondeos propios que los benefician y descalifican los ajenos que los perjudican. En un intento de penetrar algo más en los entresijos de una elección ya jugada, Blanck repasa datos ya conocidos: primero, el desbande del peronismo que se acercó al trío bonaerense De Narváez-Macri-Solá, que quedó fuera de la listas por el intento de desperonizar sus boletas. Esta decisión la fundamentaron los estrategas de la campaña de este sector en que exhibir a vetero-duhaldistas ponía en riesgo las chances en las elecciones. Macri fue, aunque oculte esa responsabilidad, quien promovió más que nadie esa desduhaldización porque es el único presidenciable en serio del trío y necesita poner la mayor distancia posible con el aparato de Duhalde. Solá y De Narváez han estado más cerca del hombre de Lomas y sólo tienen para gravitar en política el soporte de Duhalde. Macri ha armado algo más amplio con base en un electorado independiente que se horroriza cuando ve a un peronista.

Blanck afirma que la desduhaldización ha dejado a la lista de De Narváez sin el apoyo de un importante aparato político que se alejó de su proyecto porque no tiene lugar en las listas. Sobre ese padrón ha pasado, agrega, la «ambulancia» del Gobierno, recogiendo a todas estas viudas de De Narváez que se pasaron de vereda, pero que no recibieron nada a cambio. Por más que se hable de testimonialismo no hay algo más lejos de un peronista que eso. Blanck le atribuye a Duhalde otro arrepentimiento (y van...) en esta frase que le han contado; repite el ex presidente: «Me equivoqué dos veces, primero con Kirchner, ahora con este muchacho». Este muchacho es De Narváez. Será seguramente porque esa diáspora de peronistas duhaldistas que retorna de nuevo al kirchnerismo alimenta la ilusión del Gobierno de que puede ganar la elección por el 10% de diferencia. Señala el columnista dos datos que sustentan también esa idea: el homónimo «Narváez» que aparece ahora en campaña puede llegar a restarle un 5% de votos al verdadero «De Narváez». Otro 5% lo puede perder el empresario «del tatuaje» (así lo llama Blanck) en manos de Luis Patti, que le compite por el voto de la derecha en Buenos Aires. En suma, una cadena de desgracias que pueden aumentar después de la indagatoria que ordenó para el miércoles el juez Faggionato Márquez para preguntarle sobre llamadas de un empleado suyo a uno de los reyes de la efedrina.

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