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Comenzó Nüremberg por régimen de Pol Pot
Los jueces de la Corte especial que juzgará las atrocidades del régimen comunista de Pol Pot arriban al tribunal en Phnom Penh. En el banquillo de acusados se encuentra «Duch», jefe de los torturadores de un penal en el que murieron más de 16.000 disidentes.
Desde una sala contigua, tras un cristal antibalas, dos hombres de avanzada edad debaten sobre su versión. «Todos los niños muertos. Los asesinos en masa nos han dejado sin futuro», murmura uno de ellos, agitándose nerviosamente el pelo. Ayer, más de 30 años después del fin del violento fanatismo del Jemer Rojo, comenzaba a las 9.02, hora local, el ajuste de cuentas con la Historia.
Unos 1.000 espectadores, víctimas, observadores judiciales y periodistas se congregaron en este tribunal de las afueras de Phnom Penh. «Con esta vista comienzan por fin los procesos que acabarán con la impunidad de este espeluznante régimen», dijo el fiscal alemán Jürgen Assmann, asistente de la fiscal jefe camboyana Chea Leang.
Aquí se expiarán los crímenes de lesa humanidad que los jemeres rojos perpetraron entre 1975 y 1979. Querían la utopía agraria y asesinaron para conseguirlo. Cientos de miles perecieron obligados a realizar trabajos ímprobos en el campo o murieron de hambre, hasta alcanzar la cifra de dos millones de muertos.
Torturas
«Duch» dirigió el tristemente famoso centro de torturas de Tuol Sleng, llamado «S21». Siete personas sobrevivieron al infierno, mientras que 16.000 fueron torturadas y fallecieron. A este ex profesor, entonces de temperamento irritable y tempestuoso, se lo acusa de haber supervisado personalmente numerosas vejaciones.
Hoy, el mismo hombre tiene el cabello gris y, con su camisa azul, se sienta recto en segunda fila, tras su abogado francés, frente a la acusación, vestido de morado. En medio de la sala, a una altura más elevada, se encuentran cinco jueces: tres camboyanos, un francés y una neozelandesa.
Los primeros alegatos no llegarán hasta dentro de un par de semanas, pero la tensión en este primer juicio casi se puede palpar. «Hablo en nombre de mi hija Srey Peou, murió con 46 días, porque su madre, medio muerta de hambre, no era capaz de amamantarla; y en nombre de mi hijo Sol Polenn, que murió de hambre a los cuatro años en la cárcel: éste es un día histórico», dijo Moeung Sonn, una superviviente de la locura de los jemeres, en la fila ante la entrada.
«Quiero que «Duch» diga por qué se llevó a la gente y los torturó. ¿Qué hice yo?», dijo Chum Mey. Sobrevivió cuatro meses en el infierno de «Duch», donde le arrancaron las uñas de los pies con pinzas y le enchufaron electricidad en los oídos. El régimen comunista sospechaba que era un espía de la CIA.
Tres años, ocho meses y 20 días duró la tortura. Al final, un cuarto de la población fue exterminada. Sus cicatrices son todavía visibles en la sociedad, aunque más de dos tercios de los ciudadanos nacieron después del régimen del terror. «Familias destrozadas, pérdida de la cultura, prohibición de la religión: fue un pozo del que el país todavía no ha salido», dijo un observador del proceso. La criminalidad es alta y la corrupción una epidemia.
El proceso contra «Duch» está considerado un juego fácil. El acusado ha confesado y está dispuesto a purgar su sentencia. Pero con el resto habrá más tensión: los compañeros de celda de «Duch» son los cuatro miembros supervivientes del círculo de líderes en torno a Pol Pot, entre ellos su vice, Nuon Chea; el ex ministro del Exterior, Ieng Sary, y su mujer, la ministra de lo Social, Ieng Thirith, así como el ex jefe de Estado Khieu Samphan. Su abogado es Jacques Vergès, que se labró un nombre con la defensa de criminales nazis, negacionistas del Holocausto y dictadores.
Los cuatro rechazan cualquier tipo de culpa. Afirman no tener las manos manchadas con la sangre de la maquinaria de exterminio. Y al mismo tiempo amenazan abiertamente con hablar de más. Numerosos cargos políticos soy ocupados todavía hoy por funcionarios de entonces. Consciente de ello, el Gobierno camboyano limitó la competencia del tribunal al círculo de mando «más estrecho».
Pesos pesados del Consejo de Seguridad de la ONU como Estados Unidos y China imponen, además, que en este ajuste de cuentas con la Historia sólo se investiguen los crímenes cometidos directamente por el régimen del Jemer Rojo, no el papel de EE.UU., que había bombardeado anteriormente Camboya como el lugar donde se retiraron los guerrilleros vietnamitas, ni el de los chinos, que apoyaron a Pol Pot y sus secuaces.
Agencia DPA

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