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“Con Bolaño aprendí que hay que ser un poco punk”
Fuguet: “En Chile salió primero el más breve, ‘No ficción’, y le fue mucho mejor, causó más revuelo, que ‘Sudor’, lo que fue una sorpresa, empezando por mí. En el resto de los países estos dos libros van a salir juntos como hermanos, y es lo que son”.
Periodista: "Sudor" y "No ficción", sus dos últimos libros, tienen en común el mundo gay y la feria de vanidades del universo literario.
Alberto Fuguet: En Chile salió primero el más breve, "No ficción", y le fue mucho mejor, causó más revuelo, que "Sudor", lo que fue una sorpresa, empezando por mí. En el resto de los países estos dos libros van a salir juntos como hermanos, y es lo que son. "No ficción" es más íntimo, más tierno, más romántico, es como un departamentito, una ventana, es como Jane Austen, y "Sudor" es más como "La hoguera de las vanidades", sobre la ciudad. "No ficción" es sobre mucha intimidad y poca carne, y "Sudor" es mucha carne y no tanta intimidad. En algunos aspectos "No ficción" es pura ficción, y en otros es cero ficción. Está basado en un hecho personal, algo que me había sucedido, que era difícil de relatar porque la gente cuando lo contaba no me creía. Con un amigo tuve una relación plena, divertida, entretenida, que al principio era de camaradería, pero luego me di cuenta de que había algo más por mi lado, y yo creo por el de él, y que no resultó. Tuve que cortarla porque ya me estaba haciendo daño. Eso es verdad. Lo que es ficción, lo que es invento, es la reunión, eso nunca ocurrió. A mucha gente le apasiona la idea de que eso hubiera ocurrido. Me dicen: me encantaría tener con alguien que quise mucho una cosa así, civilizada. Pero yo no viví eso. Sigo obsesionado con Manuel Puig, y "No ficción" remite a su libro "Maldición eterna a quien lea estas páginas", que es un libro difícil de leer porque hay que descubrir quién está hablando, la relación entre un argentino enfermo, internado, acabado, que ha huido de la dictadura y un gringo que ha elegido ir a acompañarlo. Son dos tipos realmente muy distintos, en tanto que los míos no, son dos personas que charlan. Son dos modos distintos de ir al encuentro de la memoria, una entre dos desconocidos, otra entre dos que se conocieron mucho.
P.: ¿Surgieron juntos estos dos libros?
A.F.: Yo estaba escribiendo "Sudor" que es dura, fuerte, impactante, con un personaje central absolutamente reconocible por su fama, que tienen muchas cosas que yo he visto, que yo he vivido, que yo he experimentado, pero aun así no es tan autobiográfica como "No ficción". De partida yo tenía en "Sudor" a un editor y a un grupo de amigos escritores. Cada uno iba a tener su historia propia. Tenía a Alex que se la pasaba hablando mal de Renzo, y Renzo no tenía derecho a réplica. Y pensé que si Alex se iba a vivir solo podría tener una charla con Renzo. En tres semanas tenía ese libro. Y los personajes de "Sudor" no tuvieron problemas de seguir su historia que era variada, desprejuicida y extensa, y la de "No ficción" concentrada, sensible y profunda.
P.: ¿Estos libros fueron su forma de salir del closet?
A.F.: Un poco. Yo publiqué muy joven "Mala onda", y fue tal la cantidad de opiniones que cayeron sobre mí que me sentí apabullado, que era drogadicto, que era estadounidense, que era joven, que era cualquiera cosa. Luego llegó "McOndo", esa consigna critica del realismo mágico que lancé y que fue una forma de reunir a nuevos narradores latinos. Por ese tiempo pensé: por ahí escribo una novela gay alguna vez o por ahí no la escribo nunca. Algunos sabían que era gay, otros se lo preguntaban, a otros no les interesaba. Cuando veía gente que hablaba de su vida privada por televisión o en la revista Caras, pensaba: si alguna vez lo hago, lo voy a hacer por escrito. Confieso virilmente que yo no quería ser un escritor gay, quería ser Fuguet y escribir lo que se me ocurriera, entre otros el tema gay. Ahora que esos libros están, compruebo que no están en contra de mis libros anteriores. Mi identidad a nivel público es simplemente ser Alberto Fuguet. Qué le puede importar al lector de "Tinta roja" o de "Aeropuertos" mi vida privada. Con esa identidad Fuguet ahora puedo contar las historias de "Sudor" o "No ficción", y que alguien me diga: sabía del tema. Yo no soy como Pablo Simonetti, como lo que salen en militancia. Yo no soy un personaje público, apoyo todas las causas pero desde mi casa.
P.: En "Sudor", que sostiene que es su libro provocativamente gay, hay un aspecto controversial que pasa por contar de un famoso escritor del Boom, y su hijo drogadicto y gay, en medio de la gira de presentación de un libro.
A.F.: Usted puede pensar lo que quiera. Si usted me pregunta si el escritor es Vargas Llosa, le diré que no. Es otro. Y si me basé en quien usted acaso piensa es porque me parece un personaje fascinante por su genealogía, por su leyenda, por sus relaciones con el círculo rojo del poder, con sus vínculos con la política casera e internacional. Hace 20 años yo andaba caminando por la Feria del Libro y de pronto lo veo que está con su hijo, a punto de dar una charla. No lo podía creer pensando en lo que se decía de esa gloria nacional centroamericana con relación a su hijo. El hijo era un muchacho que presentaba un libro de fotos. Un chico levemente lindo, pero destrozado a los 23 años. Sexo, drogas y muchas penas. Estaba ahí y nadie le pedía una firma, el que brillaba era el rey, su padre. Que cansaba su muñeca sobre sus obras. Al año el chico murió, en la vida real. No había posibilidad de conjeturas sobre la causa de su muerte. Lo que me impresionó fue el obituario que escribió el padre al día siguiente, porque tiene la impronta de que "para un escritor todo es literatura", hasta la muerte de un hijo. Para ese escritor consagrado fue muy fuerte apostar por el Nobel y no ganárselo. Obviamente yo soy uno de los hijos del Boom. Y lo que uno como escritor ha aprendido del Boom es a no pretender ni a instalarse en cosas tan inmensas. Yo creo que ya nadie va a ser tan grande, salvo que a alguien se le aparezca en la mano un Harry Potter, pero no figuras cumbres. Tomando el ejemplo de algunas figuras del Boom, como fue el caso de Carlos Fuentes, siento que lo que les interesó fue ser parte del establishment. Con Bolaño aprendí que hay que escribir no para ser amado o para ser parte del sistema, hay que ser un poco punk, arriesgarse, y el único poder que importa, que me interesa, es el de la conexión con los lectores.
P.: ¿Hoy a quién se ha acercado del Boom?
A.F.: Estoy con quien siento como un hermano menor expulsado del Boom, Manuel Puig. Puig comparaba al escritor que es personaje de mi novela, decía "es glamorosa como Ava Gardner, pero ¿puede actuar?". Sería extraordinario conocer la novela gay que hubiera escrito Puig liberado de las condiciones de su época, porque aun así escribió "Buenos Aires affair", que aún hoy sigue siendo una novela fuerte. Cuando conocí la obra de Puig tenía una barrera insalvable, no sabía nada del cine del que él hablaba. En Chile no había cine clásico, no había cinematecas. No sabía relacionar a Bette Davis con alguien de los ochenta. No la conocía. Ahora que veo clásicos por televisión siento que no tienen nada que ver con mi personalidad. Eso hasta que me di cuenta de que lo que hacía Puig era ser un latinoamericano conectado al mundo, que podía ser muy argentino amando iconos de otras partes. Me dije: no comparto su obsesión por Bette Davis, pero qué me pasa si pongo en su lugar a Coppola o Tarantino. Era urbano pero globalizado.
P.: ¿En qué está ahora en literatura y en cine?
A.F.: Nada, nada, nada, en escritura. En cuanto al cine, voy a hacer un break. Tengo que encontrar un sistema de producción que sea menos invasivo. He hecho cinco películas en 10 años, y que son como ocho porque "Invierno" dura 5 horas. Acaso escriba un libro sobre el cambio de paladar en cine.
Entrevista de Máximo Soto


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