14 de abril 2016 - 00:00

Con los precios más altos del mundo es imposible competir

No sólo nos carcome la fuerte inflación, una de las mayores del mundo. Si no que sufrimos las precios más elevados del planeta. El efecto combinado de la alta inflación y los mayores precios del orbe entorpece cualquier aspiración de competitividad. En la medida en que no seamos competitivos no podremos atraer negocios, inversiones ni empleos de calidad.

Son varias las causales de esta situación. La inflación tiene siempre raíces monetarias, y el BCRA ha venido expandiendo la emisión muy por encima de las necesidades, de la demanda, de la población, durante demasiados años.

Sufrimos alta inflación sobre precios que son de movida elevados. En muchos rubros los más elevados del mundo. Así, mientras el barril de petróleo cotiza a unos 40 dólares, el Estado nacional decidió, hace tiempo, pagar 67,5 dólares a los productores locales. Y encima, subsidiarles con 10 dólares adicionales a las exportaciones de ciertas calidades. Es fácil de darse cuenta el efecto del sobreprecio del 70% sobre los combustibles. Tal sobrecosto de la energía corta las piernas de gran parte de los esfuerzos para competir con el mundo. Al mismo tiempo, las tarifas de la electricidad, gas, transporte deben encarecerse para solventar ese exceso.

Otro extremo es el sobreprecio de los artículos electrónicos. Gracias al amplísimo régimen de subsidios a Tierra del Fuego, sufrimos las computadoras, celulares, televisores, etc., más onerosas del planeta. Algo similar ocurre con el transporte aéreo. Para favorecer a Aerolíneas Argentinas, los pasajes y fletes son mucho más onerosos que en otros países de la región y del mundo.

Estos son casos de sobreprecios que toda la población paga, directamente o indirectamente, a empresas privadas, YPF, y Aerolíneas. Cuando los economistas calculan la presión tributaria y dictaminan que es insoportablemente elevada, alrededor del 50% del PBI, no incluyen estas otras cargas que también pagan los privados. La diferencia con los impuestos es que, en vez de ir al Estado, recaudan empresas privadas.

La población sentiría un gran alivio en sus bolsillos si estos sobreprecios desaparecieran o se atenuasen. A las propuestas de ganar competitividad reduciendo las cargas impositivas, para alentar la producción y empleo, muchos plantean la gran dificultad: con tamaño déficit (fiscal+cuasifiscal) heredado, 7% del PBI, no es posible reducir los impuestos. Una solución es eliminar o reducir todas las cargas a la población que el Estado ha dispuesto para favorecer a algunos grupos particulares.

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