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Con virulencia asomó el 2015 electoral en Río Negro y Neuquén
Jorge Sapag, Alberto Weretilneck
Precisamente, en el primero de esos estados la lucha se ha planteado entre dos hombres del más puro cristinismo actual: el senador nacional Miguel Pichetto -jefe del bloque del FpV en la Cámara alta- y el gobernador Alberto Weretilneck, quien heredó el principal sillón de la provincia tras la muerte del exmandatario Carlos Soria (apenas 20 días después de haber asumido). El asesinato de Soria, perpetrado por su esposa, tuvo derivaciones políticas.
Soria triunfó en un convulsionado peronismo que retornó al poder tras 28 años de hegemonía radical, y con quien Weretilneck había negociado hasta pocos meses antes de darle el sí a Soria, un dirigente que estuvo con Carlos Menem, Eduardo Duhalde y, en estos tiempos, después de haber estado enfrentado, con Néstor y Cristina Kirchner.
Toda una demostración de pragmatismo político al igual que su sucesor, quien es acusado por los peronistas de paladar negro de haber vuelto a coquetear con el radicalismo de la mano del principal operador del histórico senador Pablo Verani: el roquense Daniel Sartor, quien supo ser ministro de Acción Social de Fernando de la Rúa.
Por eso le fue muy difícil al jefe de Gabinete, Juan Manuel Abal Medina, lograr una reconciliación entre los dos hombres fuertes del Gobierno rionegrino.
Ni Pichetto ni Weretilneck quieren renunciar a sus proyectos de poder.
El senador, buscando ese lugar o poniendo a un delfín en el caso de que continúe siendo jefe del bloque oficialista en el Senado. Y el gobernador, buceando una continuidad que consolide su proyecto político y personal nacido al calor de un partido provincial en la década pasada, y sumándose al Frente Grande de Nilda Garré y de Abal Medina en estos últimos años.
En el caso de Neuquén, las posiciones están más definidas. Sapag se ha quedado con el liderazgo partidario después de infligirle a su principal contrincante, Jorge Sobisch, contundentes derrotas.
El hijo del legendario senador Elías y sobrino del varias veces gobernador Felipe no tiene ninguna figura de peso que ponga en riesgo su liderazgo partidario. Pero también sabe que el Movimiento Popular Neuquino (MPN) -como buen hijo putativo del PJ- no deja herederos y, por lo tanto, no tiene a quién pasarle la posta al término de su mandato de 8 años, limitado por la reformada Constitución provincial de 2007.
Por eso busca la reforma y, en caso de que vaya, Cristina de Kirchner por el mismo objetivo reformista, no tendrá inconvenientes. La senadora K Nanci Parrilli, hermana de Oscar Parrilli -secretario general de la Presidencia-, avaló sin ambages esta premisa del gobernador neuquino.
En este escenario, sólo queda en la vereda de enfrente no K el intendente de la capital, Horacio Quiroga. Hombre alejado de la UCR local, pero que no reniega de sus orígenes radicales, supo ubicarse en todo el ajetreo interno de este partido: terranista, lopezmurphista, delarruista, cobista K, cobista anti-K e independiente, le dieron una impronta de hombre que busca el poder más allá de las circunstancias.
Sin embargo, este pragmatismo y un discurso atractivo para la clase media y la alta de la provincia le hicieron ganar en la Capital al MPN y a la alianza de centroizquierda de radicales, peronistas y la izquierda, que hoy reniegan de Quiroga más que de Sapag.
Después de ese triunfo se proyecta como el opositor con más posibilidades que tiene Sapag, aunque habrá que medir hasta dónde podrá vulnerar el sólido aparato partidario emepenista que se potencia y se endurece en tiempos de elecciones, incluso en abierto desafío a los cebados gremios estatales que referencian en los partidos de izquierda.

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