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Confesiones de víctima de otra burbuja
George Soros
Ahora está causando revuelo en Europa un libro titulado «El día que el cielo cayó sobre nuestras cabezas», cuyo autor es Jean-Marie Messier. Los memoriosos recordarán a este mediático empresario francés de auge y caída vertiginosos, víctima del desinfle de la primera burbuja de la era global: la de las punto com. A fines de los 90, montado en el boom de internet, piloteó la expansión del grupo Vivendi Universal hacia el sector de las comunicaciones: telefonía fija y móvil, audiovisual, edición, publicidad, etc. Se iniciaba el nuevo milenio y, a la cabeza de un gigante implantado en 80 países, Messier se llamaba a sí mismo «amo del mundo». Pero, las mismas fuerzas del mercado, que empujaron a los grandes de la comunicación a acumular compañías en pos del sueño de un futuro digital, acabaron por devorárselos. A mediados de 2002, estalló la burbuja de internet, las calificadoras de riesgo bajaron las notas y Messier fue expulsado de la conducción del grupo Vivendi cuya deuda era de 30.000 millones de euros.
Si se repasa la prensa de la época, se leerán los mismos diagnósticos de la crisis actual, las mismas diatribas contra los «financistas que juegan con fuego», los «fondos de inversión rapaces», los analistas de riesgo «en conflicto de intereses»; en suma, contra los mecanismos complejos de «un capitalismo financiero que se ha vuelto loco». El déjà vu se completa con George Soros advirtiendo -octubre 2002- de que «la glorificación de la ganancia financiera» era el gusano que estaba pudriendo al capitalismo y las apelaciones a salvar el sistema, reformándolo. Pero, recuperados los mercados volvió la adicción. Los traders desataron su imaginación inventando los tristemente célebres «derivados» para liberarse del riesgo creado por ellos mismos mediante préstamos a insolventes. El resto es conocido.
Poca memoria
El ser humano tiene poca memoria de sus excesos. Pasada la resaca, quiere volver a descorchar champán. Por eso es interesante escuchar a quienes conocen la enfermedad por dentro y que, a diferencia de los políticos que suelen quedarse en las declaraciones de intención, van a lo concreto.
Tras recordar que fue «víctima
de las primeras desviaciones del capitalismo financiero que hoy padecemos: la venta en descubierto, el rumor, la incompetencia de las calificadoras de riesgo», Messier explica por qué no hay salida individual: «Un gerente es impotente ante las reglas de mercado. No puede ser el primero en parar. Si no, los otros seguirán ganando dinero y él aparecerá como un mal gestor».
Sus consejos, a modo de máximas, se resumen así: 1) No se vende lo que no se tiene: no más ventas al descubierto. 2) No se asegura lo que no existe: no más productos virtuales de seguros. 3) Denunciar las convenciones fiscales entre los estados y las plazas off shore y negar ayuda pública a los bancos que operen en ellas. 4) Prohibir a las calificadoras de riesgo el ejercicio simultáneo de la consultoría y la notación. Los mercados financieros no
se regularán solos, coinciden Soros y Messier. Necesitan reglas. Una autoridad externa que los fuerce a la desintoxicación que por sí mismos no podrán hacer.
Por último, Messier advierte contra el riesgo de que «la voluntad política se disipe, por la presión de los lobbies». Es urgente entonces crear «una gobernancia mundial multipolar». Su comentario de que «los norteamericanos ya no pueden razonar como si estuviesen solos», encontró eco en declaraciones del presidente francés, Nicolas Sarkozy. Los dos hombres son amigos y se han reunido recientemente en privado, por lo que no se debería descartar que el mandatario adopte alguna de las propuestas del especulador arrepentido. Se sabrá en abril próximo, en Londres, en la cumbre del G-20 que los europeos desean convertir en acto de refundación del capitalismo global sobre nuevas reglas de abstinencia y sobriedad.


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