27 de noviembre 2009 - 00:00

Confesiones (y omisiones) de Lavagna

Roberto Lavagna
Roberto Lavagna
Roberto Lavagna, ex ministro de Economía durante el Gobierno de Duhalde y Néstor Kirchner, dijo ayer que «el riesgo más grande que tiene hoy la Argentina es caer nuevamente en el endeudamiento por la liquidez que hay en los mercados internacionales». Intentó marcar diferencias en su gestión con sus sucesores: «La participación de Kirchner en la dirección económica fue totalmente marginal». Lavagna realizó estas declaraciones durante una conferencia en la Universidad Di Tella, donde repasó su gestión y alertó que «la voluntad de salir a pedir plata y llegar a 2011 tirando manteca al techo está. Lo bueno sería que los mercados no nos dejen».

En su exposición, el ex ministro embistió contra el sector financiero y sus presiones, y hasta calificó a Ámbito Financiero como «vocero» de ese sector. Paradójicamente, la plaza financiera es el sector que más lo añora: en la reestructuración de la deuda de 2005, Roberto Lavagna incluyó el cupón PBI en la oferta, un papel al que los bonistas no le asignaban ningún valor. Esto significa que si no lo hubiera incluido, la adhesión de bonistas a la propuesta argentina no hubiera cambiado. Pero por el cupón PBI la Argentina pagó (incluyendo el servicio de diciembre) u$s 4.000 millones. Un sugestivo obsequio del ex ministro a ese sector.

A continuación, los aspectos más importantes de su discurso en el que repasó algunos hechos, no todos, de su actuación en el Palacio de Hacienda:

  • El Gobierno tenía que abordar dos frentes, los bancos y las empresas. Los bancos habían planteado la necesidad de canjear los depósitos por un bono compulsivo. Básicamente, pedían que el Estado se hiciese cargo de los depósitos. Esta medida no tuvo apoyo suficiente en el Congreso. Duhalde me convocó y al día siguiente de asumir, un sábado, me reuní con las entidades financieras y les dije que íbamos a canjear los depósitos por un bono «optativo».

  • Cuando dispuse la reapertura de los bancos porque cerrar los bancos es señal de anomalía en una economía, la respuestas de las entidades fue negativa. Frente a esto les dijimos que la alternativa era nacionalizarlos. Las entidades propusieron abrir sus sucursales con la condición de que el Estado garantizara «redescuentos ilimitados» para hacer frente a una posible corrida masiva. Rechacé esa propuesta y cuando se reactivó la actividad bancaria, no pasó nada.

  • En el frente empresarial, se formó la Asociación de Empresas Argentina (AEA), que tenía como objetivo reclamar «seguros de cambio». No acepté este pedido ni el de indexar los balances, porque hacerlo solamente en una empresa tenía un costo de u$s 500 millones.

  • Acepté trabajar para Kirchner sobre la base de continuar la política económica. En ese momento, tocó la parte más difícil, que era negociar con los organismos internacionales.

  • Nunca jamás tuve un problema con Kirchner. La participación del ex presidente en la dirección económica fue totalmente marginal.

  • Tampoco es cierto que las negociaciones se hayan endurecido por Néstor Kirchner, ninguna de las decisiones centrales fueron tomadas por él. Con Duhalde ya habíamos decidido que si los organismos acreedores seguían con sus exigencias, íbamos a entrar en default. Era algo inevitable.

  • Ninguno de los préstamos anteriores, ni el megacanje de Cavallo, o el blindaje de De la Rúa habían solucionado nada, sólo aumentaron la deuda externa argentina. No existe el «efecto rebote». Detrás de eso siempre hay una política económica.
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