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Conforte: “Es un musical atípico, igual que su tema”
Laura Conforte, de «La novicia rebelde» a «Casi normales»: «La obra no está basada en un caso real, aunque hay miles de ellos».
Ahora esta reconocida actriz, cantante y bailarina enfrenta su mayor desafío actoral: tener que dar vida a una mujer aquejada por un trastorno bipolar que causa estragos, en ella y en su familia. Conforte es la flamante protagonista de «Casi normales» («Next to normal») un «rock musical» con libro de Brian Yorkey y música de Tom Kilt que obtuvo, en Estados Unidos, el cotizado premio Pulitzer y tres Premios Tony. La obra se estrena mañana en el Teatro Liceo, con dirección de Luis Romero y dirección musical de Gaby Goldman.
«Es un musical algo atípico. No hay gran despliegue de luces, ni de vestuario. Tampoco hay coreografías. Todo está centrado en la historia y la actuación es muy intensa» anticipa la intérprete. La acompañan en escena Alejandro Paker (el marido), Florencia Otero (la hija), Matías Mayer (el hijo), Fernando Dente (el novio de la hija) y Mariano Chiesa, en el doble papel de psiquiatra y de psicoterapeuta. Dialogamos con ella:
Periodista: Todo el mundo habla de bipolaridad sin conocer bien el tema.
Laura Conforte: Es una patología psiquiátrica. La persona que la padece tiene picos o fases maníacas y otras de depresión. No son simples altibajos emocionales. En una persona normal sería ciclotimia, pero en esta clase de enfermos el desorden es mucho más grave de lo que imaginamos. Si no siguen un tratamiento, el trastorno puede llevarlos al suicidio.
P.: ¿La historia está basada en un caso real?
L.C.: No, pero hay millones de casos como éste. La historia de Diana Gutman y su familia es más común de lo que uno piensa. Investigamos mucho sobre el tema y yo por mi cuenta volví a leer «Una mente inquieta», un libro muy interesante que escribió una psiquiatra norteamericana (la doctora Kay Redfield Jamison). Ella padeció este trastorno y hoy es una especialista en la materia.
P.: ¿Dónde transcurre la acción?
L.C.: Intentamos sacar los indicios de locación, porque lo que le sucede a esta familia es un fenómeno universal. Puede ocurrir en Buenos Aires como en México o en Nueva York. Más allá de la patología de esta mujer, también están los conflictos típicos de cualquier familia. No es fácil ser madre de dos hijos adolescentes. Por otro lado, Dan cuida mucho a Diana, es un marido muy abnegado...
P.: Y tal vez demasiado sobreprotector, no por nada el final recuerdo un poco a «Casa de muñecas» de Ibsen. Diana decide tomar las riendas de su vida.
L.C.: A mí también me recuerda un poco a «Agosto», la pieza de Tracy Letts que protagonizó Norma Aleandro.
P.: Parece que está de moda llevar a la escena disturbios psicológicos de gravedad. Estaba pensando en la comedia «Toc,Toc» que enfoca con humor algunos trastornos obsesivos compulsivos.
L.C.: Acá también hay mucho humor. Si bien se trata de una enfermedad terrible y complicadísima de llevar adelante, Diana la enfrenta con una actitud heroica. Es una mujer muy inteligente y en sus momentos de lucidez sabe reírse de sus dificultades. En la obra hay gags muy divertidos.
P.: ¿Hay una mirada crítica sobre el tratamiento con psicofármacos?
L.C.: Tuvimos una charla con el autor y con la gente de APA, la Asociación de psiquiatras argentinos. La conclusión es que esta enfermedad es salvada 50 % por la medicación y 50 % por la psicoterapia. Una sola cosa no sirve.
P.: ¿Y los efectos colaterales?
L.C.: De los psicofármacos no se puede prescindir lamentablemente. Hay una escena en la que Diana le describe al doctor los efectos secundarios: constipación, náuseas, diarreas, insomnio, transpiración profusa, cosquilleo en las manos. Y él le dice: «Bueno, vamos a ir seguir probando diferentes dosis hasta encontrar la medida justa». A lo que ella responde: «No es una ciencia muy exacta ¿no?» Por eso me causó gracia cuando la gente de APA nos hizo esta misma confesión: «Esta no es una ciencia exacta, tenemos que seguir investigando en nuevas curas». Lo mismo ocurre con la terapia electroconvulsiva o electro-shock. Se sigue usando muchísimo, sobre todo en Estados Unidos. Parece que tiene resultados más rápidos y eficaces en los casos más agudos. No es tan morboso como uno cree...
P.: Se ve que usted no vio a Jack Nicholson en «Atrapado sin salida»...
L.C.: Uno se imagina la silla eléctrica y no es así. Cambiaron mucho las condiciones de uso. En la Argentina se sigue usando esta terapia electroconvulsiva, pero sólo en hospitales privados. «Casi normales» abarca muchos otros temas y siempre con un toque de comedia y de drama. Además, cada personaje tiene sus conflictos, no todo es enfermedad. Lo importante es que a la protagonista le cae la ficha de que sólo ella puede salvarse a sí misma. No hay psicólogos, ni psiquiatras, ni maridos protectores que puedan con eso; es uno quien se rescata de la locura y de la enfermedad. Siempre ha sido así.
Entrevista de Patricia Espinosa


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