30 de julio 2012 - 00:00

Constitución K ahora con acento boliviano

Los sectores del Gobierno que impulsan una reforma de la Constitución ya cuentan con un caso inspirador: Bolivia. Así se pudo apreciar en la visita del último fin de semana de Gabriela Montaño, presidente del Senado boliviano. El país que preside Evo Morales modificó la carta magna en 2009 en medio de fuertes tensiones políticas. Este proceso es más que interesante para el kirchnerismo ya que los constituyentes del altiplano tupor eje asuntos que guardan similitudes con la actualidad argentina: soberanía hidrocarburífera, intervencionismo estatal en la economía y despenalización de estupefacientes. Un dato: la reforma de Morales sólo permite dos mandatos presidenciales y no habilita la re-reelección.

El antecedente boliviano fue largamente estudiado por los integrantes del Movimiento por una Nueva Constitución Emancipadora. Se trata de un grupo con integrantes más bien disímiles ya que allí adhieren desde el piquetero Luis DElía hasta el juez de la Corte Suprema Eugenio Zaffaroni pasando por el sindicalista Hugo Yasky de la CTA oficialista, el diputado Martín Sabbatella, el banquero cooperativista Carlos Heller y el exfuncionario de Cancillería Eduardo Sigal.

El sábado pasado los encontró en plena actividad dado que se organizó un acto en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA que tuvo por principal oradora a Gabriela Montaño, presidente del Senado boliviano. El principal tema de la charla fue la experiencia de la reforma constitucional en el país limítrofe. Montaño, quien luego se entrevistó con Amado Boudou, se ajustó al guión que más suele entusiasmar a los emancipadores K: los países de la región requieren modificar sus constituciones para abandonar el colonialismo y el intervencionismo de los países centrales y así dar paso a Estados que logren cambios transformadores a favor de la sociedad.

En el caso argentino esta tesis encuentra una resonancia especial a raíz de la reforma de 1994. Ésta es fuertemente denostada por los organizadores de estos encuentros ya que sostienen que siguió los lineamientos del Consenso de Washington.

Sin embargo, hay ciertos paralelismos más actuales y con mejor sintonía con las vicisitudes oficialistas. La reforma boliviana establece en su artículo 349 que «los hidrocarburos, cualquiera sea el estado en que se encuentren o la forma en la que se presenten, son de propiedad inalienable e imprescriptible del pueblo boliviano. El Estado, en nombre y representación del pueblo boliviano, ejerce la propiedad de toda la producción de hidrocarburos del país y es el único facultado para su comercialización». Un párrafo interesante para los kirchneristas, a meses de la estatización de YPF y cuando la injerencia estatal en materia energética escala posiciones en la agenda del Gobierno. En la realidad, en Bolivia todavía operan petroleras privadas, pero la estatal YPFB tiene participación accionaria en todas ellas.

En otro apartado de la reforma boliviana se aboga por un rol central del Estado en la conducción económica y se privilegia la inversión nacional por sobre la extranjera, especialmente cuando se tarta de la economía basada en cooperativas. También aborda el debate sobre despenalización de las drogas y sostiene, en su artículo 384, que la coca en su estado natural no tiene carácter estupefaciente. Asuntos que interesan a los reformistas del kirchnerismo.

En el Gobierno nadie ha dejado de registrar que la nueva Constitución de Bolivia no da lugar a re-reelección. Hace dos semanas, Zaffaroni se había manifestado contrario a esa idea. Se enmarcó así en la postura que asumen distintos exponentes del kirchnerismo, quienes bregan por una Constitución nueva sin posibilidad de re-reelección y que apunte a lograr cambios de fondo, más en sintonía con la experiencia de Morales.

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