Corralito inspira policial de mediano vuelo

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"Libre de sospecha" (Argentina, 2015). Guión y dir.: E. Blanco. Int.: M. Habud, M.I. Alonso, M. Ruiz Díaz, M. Ardú.

El personaje de esta historia criminal bien podría decir, junto a Cobian y Cadícamo, "Las mujeres siempre son las que matan la ilusión". Primero la ex, una amarga que exige más plata y goza del apoyo logístico de su abogada. Y ahora la que se fue a Paris. Rubia, tierna, bonita, ingenua, la conocemos acá, pero ya tiene la cabecita allá, porque le han dado una beca de tres años y ahora el tipo arriesga quedarse solo. Pero no es eso lo único que arriesga.

La acción transcurre a fines del 2001. "Inquietante: corralito limita la extracción a 250 pesos diarios", dice un titular de Ambito Financiero de aquel entonces, que el hombre lee durante el viaje a su oficina (casualmente, una agencia financiera). "Las reservas del Banco Central no alcanzan a cubrir los depósitos en dólares", le dice su jefe, que piensa cubrirse por su cuenta con una linda estafa y que después lo busquen en el Triángulo de las Bermudas. Claro que, antes de irse, quiere indemnizar debidamente al personal. ¿Pero qué indemnización alcanza en los tiempos que corren? Alguien menciona aquello del ladrón que roba al ladrón. Y nuestro personaje empieza a mascullar un plan en beneficio propio.

Se trata de un plan de alto riesgo, que exige sangre fría, un par de mujeres engañadas, uno o más muertos, y varias casualidades hilvanadas al dedillo. Pero es un plan más que interesante. Por su lado, el guión exige un ritmo rápido, que haga pasar por alto los puntos flojos del plan diabólico, las medianías de la puesta y la falta de una buena dirección de actores. Del reproche se salvan Mimí Ardú, como oficinista leal, y María Inés Alonso, la dulce becaria. Luego, Miguel Ruiz Díaz, que nos hace caer simpático a su personaje de jefe tránsfuga, y el característico Martín Coria como agente de seguridad, aunque le toque una escena medio absurda.

En el equipo, Emilio Blanco, asistente de "¡Chúmbale!" (de la que se ve una escena) ahora debutando como realizador, Carlos Torlaschi, fotografía, Ercilia Alonso, escenografía, José Grammatico, sonido, Darío Tedesco, montaje, y otros veteranos que siguen en la lucha, y dedican esta obra a la memoria de un recordado amigo, Aníbal Di Salvo, histórico director de fotografía, también director de sexploitations nacionales de los 80. El impulsó la Cooperativa de Trabajo Jornada, que ahora resucita (coherentemente, el nombre está tomado de un poema de Torre Nilsson sobre los trabajadores del cine).

P.S.

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