14 de marzo 2011 - 00:00

Cortez hizo lo suyo, pero no fue suficiente

Alberto Cortez: con ser un clásico no siempre alcanza. Ni en España, donde vive desde hace muchos años, ni aquí, cuando el parámetro es una convocatoria mucho menor.
Alberto Cortez: con ser un clásico no siempre alcanza. Ni en España, donde vive desde hace muchos años, ni aquí, cuando el parámetro es una convocatoria mucho menor.
Presentación de «Tener en cuenta». Actuación de Alberto Cortez (voz). Con Néstor Ballesteros (piano, dir. musical), walter Cuttini (teclados), Sergio Liszewski (guitarra), Andrés Dulcet (bajo), Norberto Di bella (batería) e invitados. (Teatro Coliseo; 11 y 12 de marzo; repite en Rosario -17/3- y La Plata -19/3-). 

Alberto Cortez es un clásico. En tal sentido, casi nadie necesita mucha explicación para saber qué y cómo hace lo suyo. Pero esa categoría que el cantautor se ha ganado a fuerza de trabajo, de permanencia, de consecuencia y, sobre todo, de talento para escribir canciones y ponerlas sobre el escenario, ya no resulta suficiente. En España, donde vive desde hace muchos años. Ni aquí, al menos si el parámetro es una convocatoria mucho menor que la que ha conocido en otros tiempos.

Entonces, hay que pensar que si bien hay una parte de esa disminución en la cantidad de público es patrimonio personal -seguidores que se han ido poniendo grandes o desapareciendo y falta de renovación hacia una nueva audiencia-, Alberto Cortez ha sido en parte también víctima de una sobreoferta que está teniendo el mercado musical en nuestro país del que venimos hablando desde estas páginas.

No hay bolsillos -con precios en dólares que superan muchas veces a los de los países centrales-, ni tiempo, ni entusiasmo, ni espacio en los medios que pueda abarcar todo lo que sucede musicalmente en una ciudad como Buenos Aires; y no será extraño volver a encontrarnos con salas a medio llenar en actuaciones de otras figuras de renombre. Por lo demás, como clásico que es, el pampeano hizo lo suyo.

No estuvo esta vez respaldado por un pianista de alto vuelo como ocurrió muchas otras veces con Ricard Miralles, que acompañó en su último viaje a Joan Manuel Serrat. La base musical, en cambio, la puso una banda de instrumentistas argentinos jóvenes que cumplieron prolijamente. Con eso, Cortez no fue el mismo. La marcación más «a tempo» del grupo incomodó su estilo de fraseo rítmico más libre y tuvo algunos desencuentros que se sumaron a algunos problemas de memoria en las canciones -»el tío alemán me tiene podrido», dijo- y aún de afinación, una verdadera rareza en él.

El concierto, en medio tono, transcurrió por viejas y nuevas canciones, por clásicos de su repertorio como «A mis amigos», «A partir de mañana», «Las nanas de la cebolla» -maravillosa musicalización que hizo para un poema de Miguel Hernández que hizo muy conocida Serrat, «pero yo lo canto mejor», bromeó-, «Eran tres» o «Distancia» -otras dos perlas de su cosecha- y por piezas de su disco flamante -»Tener en cuenta», cinco años después de su álbum anterior-, entre las que merecen un párrafo aparte su muy emotiva «Lupita». Y no se privó de festejar sus 71 años sobre el escenario del Gran Rex, con canto de «cumpleaños feliz» y torta con velita incluidos.

Dejá tu comentario