8 de julio 2009 - 00:00

Coscia debutaba como pintor y fue llamado a Cultura

Jorge Edmundo Coscia
Jorge Edmundo Coscia
Como si hubiera renunciado a su largo deseo de convertirse en secretario de Cultura de la Nación, Jorge Edmundo Coscia, de 56 años, había estado dedicándose en los últimos tiempos a otra de sus pasiones, la pintura, y apenas tres días antes del sufragio legislativo inauguró en el Centro Cultural Borges su primera muestra plástica, «La era de la luz». Paradójicamente, ayer se le hizo la luz a su viejo anhelo, y por decisión presidencial ahora sí sucederá a José Nun en el sillón de la Secretaría, aunque en tiempos de tristeza para el kirchnerismo. Nada es perfecto en la vida. Coscia, que gusta definirse como un peronista de alma, y de izquierda, proviene del semillero duhaldista, aunque su carrera política lo llevó después a adherir a la fe K.

Su carrera más conocida es la de cineasta: junto con Guillermo Saura codirigió la exitosa «Mirta, de Liniers a Estambul» (1987, también llamada «Sentimientos») y «Chorros» (del mismo año). Dos años después, por las suyas, estrenó «Cipayos (la tercera invasión)» y en 1992 «El general y la fiebre», el filme en el que intentó mostrar el aspecto más humano del General San Martín.

Uno de los resultados más provechosos de ese filme fue la relación amistosa y la sociedad política que estableció con su protagonista, Rubén Stella, duhaldista acendrado además de coach dramático personal del reaparecido dirigente de Lomas de Zamora. En 2002, cuando Stella llegó a la Secretaría de Cultura llevado por Eduardo Duhalde, nombró de inmediato a su amigo como director en el INCAA.

Coscia también había estrenado «Canción desesperada» (1996) previo paso por el Festival de Mar del Plata, pero no llegó a tiempo para hacerlo, antes de convertirse en funcionario, con el que es hasta el momento su último largometraje, «Luca vive», de modo que lo que estrenó ya como director del INCAA. Esa decisión le valió algunos reproches en la interna del cine, pero, en definitiva, lo mismo hizo la actual directora Liliana Mazure, que después de llegar al INCAA estrenó «Un grito de corazón».

La gestión de Coscia en el INCAA fue extensa y estuvo marcada por éxitos y alguna sombra. Durante su mandato, el organismo obtuvo la autarquía administrativa y financiera y se recategorizó (su cargo ya no era el de director sino de presidente). La recaudación, proveniente -entre otros fondos- del 10% del boleto cinematográfico y los videoclubes, el COMFER, etc., llegó a duplicarse, y es cierto que la producción y el acceso al crédito se vieron incrementados.

Pero, del mismo modo, la puesta en práctica de un tipo de crédito discrecional llamado «3° J», también llamado el «filme decreto» (proyectos de interés específico, que no pasan por el comité de créditos) le acarrearon denuncias e investigaciones.

La práctica del «3° J» fue continuada por su sucesor, Jorge Álvarez, que además debió soportar más de un allanamiento, en tanto que Liliana Mazure le puso paños fríos y la congeló.

Coscia abandonó el INCAA cuando fue electo diputado nacional en 2005, en la lista de Rafael Bielsa (FpV). Sus referentes políticos en aquellos tiempos eran el ex jefe de Gabinete Alberto Fernández y el secretario de Medios Enrique Albistur. Como diputado y presidente de la Comisión de Cultura promovió, entre otras cosas, la reglamentación de la Ley de Intérpretes.

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